Por: Ariel Palemón Arcos
El agua es un elemento esencial para la vida, un recurso indispensable para la humanidad y el resto de los seres vivos, por lo que resulta fundamental fortalecer las políticas tendientes a su cuidado y protección, así como legislarse a favor de la sustentabilidad.
El agua para generar y mantener el crecimiento económico y el bienestar social, a través de actividades tales como la agricultura, la pesca comercial, la producción de energía, la industria, el transporte y el turismo. Así como también, para nuestro propio bienestar, lo que exige no solo un agua potable limpia, sino también agua para la higiene y el saneamiento.
Hoy en día, debido al crecimiento desordenado de las ciudades en nuestro país, existen problemas de sobrepoblación, falta de oportunidades de empleos dignos, construcción exorbitada de viviendas, deficiente planeación del transporte, baja calidad de la educación, aumento de migración, escasez del agua, entre otras.
Este conjunto de factores han provocado cambios drásticos, en nuestra sociedad, haciéndola impráctica, poco saludable, contaminante, desesperante y muy desgastante. Por ello, los retos son mayúsculos para alcanzar una planeación y buen manejo sostenible y equitativo del agua.
De acuerdo con la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) , existe una tendencia a abandonar las pequeñas localidades rurales y concentrarse en las zonas urbanas. Durante el periodo 1950-2010, la población del país se cuadruplicó, y pasó de ser mayoritariamente rural a predominantemente urbana.
En este mismo sentido, el estudio Agua urbana en el Valle de México: ¿un camino verde para mañana?, elaborado por el Banco Mundial , señala que nuestro país, hospeda la mayor aglomeración de América Latina. Es probable que el cambio climático, genere sequías aún más fuertes que las que se han observado hasta ahora.
Dicho estudio, las proyecciones a 2030 muestran que si no se toman medidas necesarias correríamos el riesgo de que el agua sea ineficiente y de poca calidad. Las fuentes sostenibles actuales (45.6 m3/s) representarían solo un 50% de la demanda futura total (91.8 m3/s); el 23% seguiría proviniendo de la sobreexplotación de los acuíferos (21.1 m3/s), asumiendo que los mismos no se agoten antes, y para el 27% restante (25,1 m3/s) sería necesario buscar nuevas fuentes.
La calidad del servicio probablemente empeoraría por carencia de agua y la cantidad cada vez mayor de agua a importarse, lo que podría generar conflictos sociales significativos en las cuencas vecinas y con otros usuarios, como los agricultores.
El gobierno estaría obligado a aumentar cada vez más sus subsidios al sector, que llegarían a representar las dos terceras partes de los costos financieros del servicio.
Resulta urgente que todo los sistemas de aguas de nuestro país, reduzca de manera significativa las pérdidas de agua que se generan en la infraestructura hídrica, solo de esta manera podemos aspirar a su uso sustentable, que garantice el abasto a futuras generaciones.
Es imperativo, consolidar un modelo sustentable para el suministro del agua que permita garantizar su acceso y calidad a todos los habitantes del país. Dado que es un asunto que nos compete a todos, se requiere unir esfuerzos entre gobierno y sociedad civil a efecto de impulsar programas enfocados a la concientización de la importancia de uso racional del agua, para avanzar hacia un desarrollo sustentable.