
BENITA GALEANA LACUNZA
UNA MUJER EXCEPCIONAL DE GUERRERO.
Nació el 7 de diciembre de 1907 en San Jerónimo, Guerrero.
Hija de Genaro Galeana, un personaje rico de la Costa Grande. A los pocos años quedó huérfana y comenzó a trabajar para sobrevivir en medio de fuertes maltratos.
Es vendedora ambulante en Guerrero y en su adolescencia fichera en el cabaret.
Sin saber leer se autoeducó en la lucha política convirtiéndose en una oradora con enorme capacidad de arrastre.
Siendo joven militó en el Partido Comunista.
Luchó por un estatuto jurídico y un seguro social para los trabajadores. Por sus actividades políticas fue detenida en 58 ocasiones.
Padeció de una lesión de columna (durante muchos años usó un corsé de madera) a causa de malos tratos por parte de la policía.
Fue precursora del feminismo socialista en México, participó en 1935 en la creación del Frente Único Pro-Derechos de la Mujer (FUPDM).
II. Benita Galeana ha escrito su vida
1 OCTUBRE, 2014
José Revueltas
201
José Revueltas
(Publicado en El Popular, 9 de mayo de 1940, p. 3.)
Hablar con Benita Galeana es reconstruir todo un pasado nutrido de hechos, de angustias y esperanzas. Porque Benita es una de las más antiguas luchadoras del movimiento revolucionario mexicano y de ella puede decirse que forma parte ya de la breve e intensa historia que vivió un grupo abnegado y tenaz de luchadores, desde 1929 a 1935. Tiempos duros e insospechados, cuando los golpes del enemigo se hacían sentir con singular odio, en mitad de un ambiente hostil envenenado por la violencia y el desprecio. Benita no era —no es hoy— sino una de tantas luchadoras, uno de aquellos tantos camaradas inolvidables y cuya vida era un aliento firme y una voluntad tensa al servicio del ideal. Su vida es un girón del pueblo, y lo más importante, un girón del pueblo mexicano, un pueblo nuevo en el mejor y en el más profundo sentido de la palabra; ya no el pueblo de la anécdota que aparecía ante nuestros ojos con los colores episódicos del hecho aislado, sino un pueblo que aprende nuevas cosas, que se educa en nuevos sentidos, que prolonga su historia hacia horizontes. Pues lo que sí podremos llamar la primera etapa de la Revolución mexicana, ésa que comprende la lucha armada, pródiga de acontecimientos vivos, la revolución de hoy, esto es, la Revolución mexicana con nuevos hombres y perspectivas más elevadas, aporta un mensaje de un contenido humano más permanente, que pierde acaso en color local para ganar, en cambio, en proyección de valores universales, de emoción y sensibilidad común a todos los hombres en lucha. Benita y su vida, desde este punto de vista, con materia de la Revolución mexicana y al mismo tiempo se salen, afirmándola e imprimiéndose mayor profundidad, que la propia revolución, son un anticipo de la Historia por venir de nuestra revolución, de lo que será, del sitio —humano y social, político y económico— a que llegará el movimiento revolucionario del país.
Independientemente del valor literario que pueda haber en la obra de Benita Galeana, el hecho de que haya escrito tiene una gran importancia, digámoslo de una vez, documental. Se trata en efecto de un documento. Pero ¿qué es un documento, hoy, en nuestros tiempos?
Lo documental adquiere al carácter en tanto que es historia, en tanto que penetra en la vida y en la sangre de la historia; lo es en tanto fija valores y sirve de referencia; en tanto que aparta materias fidedignas. ¿Y qué más fidedigno que la vida y que una vida escrita aún cuando lo adornen ciertas licencias que otorga la fantasía? Benita ha escrito su vida y con ello ha escrito una vida colectiva que puede pertenecer a cualquier mujer de nuestro pueblo. Con esto ha logrado la suprema victoria en derrumbar un mito romántico —¡y tan falso!—que se creó para goce e inspiración de falsos escritores y turistas auténticos: La Adelita. La Adelita, al principio fue una canción, un todo lo que de historia y vida tiene una canción que canta al pueblo. Después se transformó en un mito vernáculo, como tantas otras cosas vivas a nuestra revolución cuyo destino se ha malogrado en manos de los buscadores de anécdotas. Hoy la Adelita es la canción que entonan los turistas en El Tenampa, pues al fin y al cabo ya se ha incorporado al folklore y forma parte inseparable de él. Benita ha regenerado al personaje y nos lo da nuevo, popular, íntimo, lleno de anhelos y drama, en la figura de una mujer —ella misma, a veces— aquí en una desconcertante pérdida de las fronteras entre la realidad y la imaginación, presenta aún más sugestiva y hace del personaje vivo —de Benita Galeana misma— un extraordinario personaje de la novela que aún no se escribe sobre ella.
Mi encuentro, hoy, con Benita, tiene un carácter entretenido y un tanto nostálgico del recuerdo.
—¿Te acuerdas? —me pregunta— cuando hablé por primera vez frente a una fábrica, en la Calzada de la Viga?
Y sí me acuerdo. Benita, al hablar, mecía ambos brazos, articulaba frases, perpleja, mientras los obreros atentos, casi religiosos, escuchaban su voz.
—¿Te acuerdas cuando aprendí a leer, en la nocturna?
Y todo ello me parece fantástico como si me contara una historia que yo jamás hubiera vivido.
Se preguntó sobre sus proyectos, sobre sus libros, sobre Mario Gill, un gran amigo común, descubridor de los “lupios” en Guanajuato. Me confía que irá a la sierra de Guerrero, porque quiere, dice, “escribir sobre los Roclillos”. Estos roclillos, explica, son unos tipos fabulosos que tienen historias increíbles…
—¿Qué más puedo decir de Benita Galeana?
¡Hay que leer su libro, que es la mejor referencia y la mejor guía!
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