A la muerte de Enrique Moreno Castro en Acapulco

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Ha muerto un gran amigo. Yo podría decir lo que muchos: que fue un buen hombre. Que fue amable. Solidario. Correcto. Fue campeón mundial de Sky sobre agua. Tomó café en grandes cantidades. Fumó mas tabaco que yo. Era chaparrito, sonriente, hablantín, compraba las tortillas para llevarlas a casa a las tres de la tarde, bebía cuando no había trabajo pendiente, pero… fue mi amigo. Lo siento en el alma. Quiero sonreír como lo hacía él. Quiero recordarle cuando aullaba casi a la medianoche con ese chaparra alegría del que te da la confianza de ser, nomás, tu amigo. Asi. Sin pesar el oro en tus bolsillo. Valorándote por la sonrisa sincera y la mano franca. ¿Te acuerdas jefecito de los bacardis en Las canastas? ¿Te acuerdas de Joseph, Terrazas, Ito y la banda del café Astoria? Pura guaca. ¿Lo recuerdas? Por favor: cuando estés allá arriba invítale un trago a mi amada Magaly. ¿Te acuerdas? Fuimos amigos. No es cierto. Somos y seremos amigos… No sé qué fue lo que pasó. Seguramente se detuvo el corazón mas grande y bondadoso del universo del que tuve la dicha de tomar su mano, sonreír con su sonrisa y decir que tuve un gran amigo. Nos vemos al rato, jefecito. Nos veremos porque de eso no hay elección: ahi te veo al ratón. dejasta acá a uno entre muchos amigos. Me dirás otra vez: «Esta es su oficina, jefe. Usted manda aqui porque es ciudadano». Nos vemos.
De tu amigo Miguel Ángel Mata Mata.

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