
Por: Iván Ureña
En las décadas de los setenta, ochenta y noventa, todos los mexicanos sabíamos que una devaluación, en automático implicaba un fuerte incremento en los precios; sin embargo, ahora estamos viviendo una situación económica nueva, devaluación con baja inflación.
Los datos son más que elocuentes, el 11 de diciembre del 2014 el dólar de referencia, se cotizaba en 14.67 pesos; mientras que el pasado viernes 11 de diciembre, exactamente un año después, se pagaba en 17.36 pesos, acumulando la moneda mexicana una depreciación anual de 18. 4 por ciento. Por su parte INEGI, informó que el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) logrando un nivel mínimo histórico de muchas décadas, sólo tuvo un incremento anual de 2.21 por ciento.
Razones
1.- Antes vivíamos un tipo de cambio fijo.
Por ejemplo, al iniciar el año de 1976, el dólar se cotizaba en 12.5 pesos y tenía años en ese precio, pero el 1º de septiembre se devaluó, hasta los 20.5 pesos y todos supieron que no volvería a bajar. Por lo que el ajuste en precios tendía a ser inmediato.
Ahora vivimos un tipo de cambio flexible. El precio del dólar puede bajar o subir. El 13 de marzo se vendió en 15.59 pesos, pero el 24 de marzo había bajado hasta 14.93 pesos, la moneda mexicana en 11 días se apreció en 66 centavos. En el lado contrario, tenemos que el 3 de agosto el dólar se vendía en 16.11 pesos y para el 24 de agosto, en 17.10 pesos, una pérdida de 99 centavos. Aquí, no se habla de devaluación, sino de desliz cambiario.
De tal manera que en el régimen de tipo de cambio fijo, una devaluación es permanente e inmediatamente los productores y comerciantes ajustan su precios a la alza; mientras que en el tipo de cambio flexible, el ajuste es más lento, ya que no hay la certeza si el efecto es temporal o permanente y tampoco la magnitud de éste. Estudios de Banxico, indican que el efecto de un desliz cambiario tarda hasta dos años en trasmitirse en su totalidad a los consumidores.
2.- Los productores y comerciantes están temporalmente absorbiendo el impacto.
La inflación a los productores fue de 3.46 por ciento, así, si consideramos la inflación al consumidor de 2.21 por ciento, hay una inflación contenida de 1.25, que tarde o temprano se trasladará hasta los consumidores. Por su parte Enrique Zavala, Director de la Asociación de los Importadores y Exportadores de la República Mexicana, advirtió que hasta el momento las empresas importadoras han contenido el aumento de precios, pero si el dólar continua por arriba de los 17 pesos, no hay modo que el sector privado deje de repercutir el alza a los consumidores. Lo que los economistas llaman, efectos de segundo orden.
3.- Débil demanda interna.
Además hay una débil demanda, lo que hace que los comerciantes, ante el temor de perder a los escasos clientes, hayan pospuesto el incremento de precio, sin embargo, la débil demanda repercute en un bajo crecimiento. El caso de Brasil es sintomático, devaluó en 70 por ciento y la inflación osciló entre 9 y 10 por ciento, porque la demanda se mantuvo muy baja, el resultado fue una caída económica del 3 por ciento. Se logra poca inflación, pero a costa del crecimiento. El caso mexicano no es tan dramático, pero sí a un débil crecimiento, sólo 2.6 por ciento anual.
Carstens, el Director de Banco de México, explicando porqué la inflación sigue baja, dijo: “En un contexto de una demanda agregada débil, ha contrarrestado algunos costos mayores en insumos importados causados por la depreciación de la moneda nacional”.
4.- Deflación, en algunos sectores.
Por increíble que parezca, hubo un decremento del 11.73 por ciento para los productores, aclaro no para los consumidores, de generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y gas por ductos. Lo que también, ayudó a que los productores sigan conteniendo la subida de precios en los consumidores.
Estamos viendo una situación económica inédita para los mexicanos, devaluación con poca inflación, pero eso no puede ser permanente, el efecto en precios de una depreciación tarda hasta dos años en reflejarse totalmente, por lo que paulatinamente veremos con el trascurrir de los meses que los importadores dejarán de absorber el incremento, y la inflación empezará a subir.
Conclusiones y recomendaciones
Evitar las decisiones precipitadas o sin conocimiento. Para nada sucederá algo parecido a las décadas pasadas. Las condiciones económicas son totalmente otras.
Es más realista pensar que el próximo año viviremos una inflación del orden del 5 por ciento, y no del 2.2 por ciento, como fue la de este año. Además, tarde o temprano los precios de los bienes importados van a subir.
Y si la economía mexicana empieza a crecer a tasas superiores del 3 por ciento, como es lo que todos deseamos y lo recomendable, habrá un incremento en la demanda interna y de la inflación. Esperemos que BANXICO, en aras de lograr una inflación menor al 3 por ciento, no quiera contraer la demanda y provoque un crecimiento muy lento.
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