QUÉ IMPLICA EL CAMBIO DE DIRIGENCIA EN EL PRD

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Por: Iván Ureña
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El cambio anticipado en la dirigencia del PRD se da por una razón evidente, el partido se está desfondando. En las pasadas elecciones federales de junio obtuvo únicamente el 10.87 por ciento de la votación. Pero el panorama pinta aún peor para el 2016, donde se van a renovar 13 gubernaturas, más de 1000 alcaldías y 400 diputaciones locales. Sin embargo, de todos los liderazgos internos, no encuentran uno que se pueda presentar ante la sociedad. Por ello, como medida extrema y de sobrevivencia recurrieron a uno externo, se la ofrecieron tanto a José Woldenberg como a Juan Ramón de la Fuente, pero a ninguno le interesó, así fue como llegó Agustín Basave.
Antes de su nombramiento como nuevo presidente del PRD, Agustín Basave, contactó a López Obrador —enemigo de los Chuchos y a quienes el de Macuspana ha llamado “corruptos” y “paleros”— para iniciar un diálogo sobre posibles alianzas, además no sólo cuidó omitir ese contacto sino que lo publicitó y lo anunció: “Ya le he mandado un par de mensajes en estos días, diciéndole que me gustaría sentarme a hablar con él, es un resolutivo del Congreso Nacional, que dice que debemos privilegiar las alianzas con las izquierdas”.
Y en su discurso de toma de posesión el intelectual fue muy critico: “En el PRD no debe haber lugar para los corruptos… Seamos más cuidadosos en la selección de nuestros candidatos. No solapemos a ningún delincuente que se escude tras de nuestro emblema, por poderoso o útil que sea… se ha terminado la era de los pactos del PRD con el gobierno –una evidente crítica al rol jugado por los Chuchos– Incluso utilizó frases, si no propias de AMLO, sí muy usadas por éste: construir un proyecto de nación, elevamos la mira.
Es tan sombrío el panorama electoral que enfrentará el PRD en el 2016, que el pasado 10 de noviembre, el flamante presidente declaró “El objetivo a largo plazo es que podamos ser competitivos y podamos ir solos. Ahorita no es el caso y si no somos realistas no sé a dónde vamos a acabar; aun en los estados donde somos competitivos solos es difícil que ganemos”.

Si a los hechos y a las declaraciones no atenemos, el grupo de los Chuchos incluido su aliado el gobernador de Morelos Graco Ramírez, perdieron fuerza dentro del partido. Es tal el hartazgo de la bases, que en el Congreso Nacional Perredista celebrado en septiembre pasado, antes de nombrar al nuevo presidente del PRD. Una vez más, los dirigentes del partido recibieron sonoros abucheos de los congresistas, como una prueba más del rechazo de las bases.

Basave es un presidente acotado
Sólo estará en la presidencia del PRD, hasta el 2017, antes de definir el candidato presidencial. Adicionalmente, el Consejo Político, donde realmente se decide, incluida la Secretaría General, encabezada por Beatriz Mojica, sigue controlado por las corrientes perredistas, entre ellas la de los “Chuchos” y la Altenativa democrática Nacional, ADN.

Además, no hay que olvidar las manifestaciones de Andrés Manuel, “con el PRD no vamos ni a la esquina, ni ahora ni en el 2018”. De tal manera, que esas declaraciones del Dr. Basave, terminan por fortalecer a Morena, partido que está desfondando al PRD. Pero no sólo eso, una alianza de las izquierdas para el 2016, a quien más beneficiaria no es a Morena sino al PRD, porque el Sol Azteca pararía su caída. Por otro lado, la apuesta de AMLO es clara, desfondar al PRD, para que como candidato a la Presidencia de la República en el año 2018, aglutine todo el voto de la izquierda, pero sin el fardo que representan Graco y Los Chuchos.
En conclusión, la llegada de Basave a la Presidencia fue una medida extrema de la sobrevivencia. Es una apuesta arriesgada, si le sale bien, pararán su caída y el PRD llegará al 18 en una posición de presentar un candidato competitivo; pero si no, el PRD se convertirá en un partido de un dígito, de un peso electoral similar al Verde o Movimiento Ciudadano. Aunque existe una tercera vertiente, y quizás más probable, pero a costa de desdibujar aún más al PRD, y dejarlo que enfrente su realidad hasta el 2018. En el venidero 2016, unirse al PAN, en Colima, Veracruz, Puebla, Sinaloa y Tamaulipas, donde los blanquiazules tienen altas posibilidades de ganar y los perredistas celebrarán el triunfo como si fuera propio; eso sí, en compensación recibirían algunas carteras y el PAN les regresaría la cortesía en Oaxaca donde el PRD es más competitivo.

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