Al guerrerense Donato Miranda Fonseca le llamaron el Ministro del terror. Jamás fue gobernador. Tuvo, sin embargo, mayor poder que los gobernadores de su coyuntura, desde su oficina cerca del Presidente de México, todopoderoso en aquel entonces, se dice que él hizo vicio la bohemia afición del gobernador Alejandro Gómez Maganda, por ejemplo, hasta lograr su caída. Miranda fue paisano de otro defenestrado, el general Caballero Aburto.
Héctor Astudillo Flores es el gobernador 83 que rinde protesta en Guerrero. Lo hizo un 27 de octubre, en el aniversario 166 del nacimiento del estado como entidad federativa. La numeraria nos dice que, entonces el promedio de los mandatos de los gobernadores en Guerrero, a lo largo de la historia, ha sido de tan solo dos años.
Gobernadores defenestrados son, en la historia cercana, Ángel Aguirre Rivero y Rubén Figueroa Alcocer. Antes de ellos cinco culminaron, sin problema alguno: Zeferino Torreblanca Galindo, René Juárez Cisneros, José Francisco Ruiz Massieu, Alejandro Cervantes Delgado y Rubén Figueroa Figueroa. Fue un periodo de 30 años de remanso que perdimos, de pronto, con la llegada de la impunidad y el terror.
EL TERROR
La época del terror. Se calificó así a una etapa de Revolución Francesa. En París, entre 1793 y 1794. Se dañó a la República con una ley que suprimió cualquier garantía a quienes fueron sospechosos de traicionar a la patria. Esa terrorífica ley se justificó con el argumento de algunos revolucionarios: «Todo lo que está ocurriendo es horrible, pero necesario».
El Tribunal Revolucionario de París pronunció 1251 condenas a muerte entre el 6 de abril de 1793 (fecha de su creación) y el 10 de junio de 1794. Sin juicio. Sin abogados. Sin alegatos de defensa. Aun el terror alcanzó 1376 condenas a muerte entre el 10 de junio al 27 de julio de 1794 (fecha de la caída de Robespierre).
Según la RAE el terror es un miedo muy intenso. Por antonomasia es el método expeditivo de represión revolucionaria o contrarrevolucionaria. Visto de esta manera es un método usado por políticos para infringir terror y gobernar mediante el miedo. Maquiavelo, cuyas frases han sido la biblia de perversos administradores de gobierno recomienda en El Príncipe: Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen.
EL MIEDO EN GUERRERO
Hace diez años, a la llegada del Partido de la Revolución Democrática a la gubernatura de Guerrero, con Zeferino Torreblanca Galindo a la cabeza, comenzó lo que en los treinta años anteriores no sucedía. Primero la incertidumbre, luego el miedo y al final el terror. El argumento aquí, como fue entre los revolucionarios franceses, fue el mismo: las medidas son dolorosas, pero necesarias.
Zeferino gobernó en contra de la historia: lo mismo que Salvador Allende o Francisco I. Madero, “licenció” a sus tropas perredistas y gobernó con el enemigo. Comenzó con cancelar compras a proveedores locales, privilegió a los de fuera; el resultado fue la incertidumbre. Luego apareció un periodista asesinado, luego otro y otro hasta sumar doce; fue causa de miedo. El terror llegó cuando mataron a dos diputados locales y a una decena de alcaldes y luchadores sociales.
Le siguió Ángel Aguirre Rivero. En tres años dejó que el terror se convirtiese en pandemia. Armó a policías comunitarias, buenas y malas; comercializó la protesta social y dejó fluir el dinero para paliar inconformidades reales, asi como también a las ficticias; fingió gobernar con perredistas aunque, a esas alturas del partido, el Partido de la Revolución Democrática ya estaba corrompido hasta la médula: candidatos narcos que compraron candidaturas y el homicidio de líderes sociales perredistas a quienes se les tapó el camino a cualquier candidatura, es la tienda de botones de muestra. La cereza en el pastel fue Ayotzinapa: dos normalistas y un trabajador de una gasolinera muertos y al año siguiente seis muertos y 43 desaparecidos. ¿Miedo? ¿Incertidumbre? ¡¡Terror!!
Al llegar Rogelio Ortega al interinato ¿Qué cosa podía hacer? Cuando menos habría que reconocer que le bajó de tono a las violentas manifestaciones de vándalos que fingen ser maestros y que fueron financiadas desde el Poder Ejecutivo mismo. Cuando menos eso hizo.
LOS SECUESTROS
Las cifras pueden ser usadas para fines particulares. Es el caso de las proporcionadas ayer por una nueva y sospechosa unidad antisecuestro, financiada con dinero privado y público y que, según el arzobispo Garfias Merlos, debiera ofrecer sus servicios también al pueblo “no solo a los empresarios”.
Sostienen que del 2011 a la fecha hubo en Acapulco alrededor de 220 secuestros. En Guerrero habrían sucedido la mitad de los seis mil registrados en el país. Que los ciudadanos temen denunciar porque “un empresario denunció ante el MP y a unas cuantas horas fue asesinado”, según sostiene Julián Urióstegui, de CONCAMIN. Hasta aquí está justificada su creación.
Es sospechosa la unidad nueva porque, por ejemplo, no dijo que el estado de Guerrero cuenta con una de las mejores unidades antisecuestro de América Latina, según reconocimientos otorgados por la DEA y el gobierno de Estados Unidos. Tanto asi que los invitan a cursos de actualización impartidos por la DEA, la CIA y policías en Estados Unidos, de manera periódica. Lo que no hacen con los policías federales.
No dicen que desde el 12 de diciembre del 2012, esta modesta unidad guerrerense desintegró, por ejemplo, a una banda llamada Los Caoris, quienes gozaban al secuestrar y asesinar a quienes formaban parte de su entorno de amigos.
Tampoco se dijo que esta unidad, cuyas oficinas las conforma un cuarto de seis por seis metros, en donde agentes del MP, investigadores y peritos se las han ingeniado para trabajar como en dos pisos, unos encima de otros, atendió en 2013, 73 denuncias; en 2014 fueron 41 y en el 2015 llevan 21. Ninguno de los denunciantes ha sido asesinado, como dolosamente filtra Julián Urióstegui para desprestigiar un excelente trabajo local de guerrerenses. Pero si han encerrado a secuestradores y liberado a víctimas a quienes, el miércoles, nadie recordó.
A partir de esos casos, esta modesta pero muy eficiente unidad antisecuestros de Guerrero, ha desarticulado 30 bandas de secuestradores, rescatado a 20 personas y encerrado a 123 secuestradores, muchos de los cuales también son asesinos. Todo ello, del 2012 a la fecha. ¿Alguien podría voltear a ver lo que sí se hizo bien en la década del terror?
LA IGNORANCIA
En el año 2013, un ocho de octubre, el periódico Excélsior publicó que 94 policías federales fueron consignados por secuestro. Trece de ellos fueron hechos presos en el estado de Guerrero, concretamente en Acapulco. Formaban parte de una red de delincuentes metidos a policías federales que convirtieron al puerto en jugoso negocio donde secuestraron a varias decenas de empresarios.
El miércoles, en Carrizalillo, Zumpango, Guerrero, el comisario del lugar fue rescatado por sus vecinos. Lo llevaban secuestrado en una patrulla de la policía federal, según relata el comisario. Al rodearlos, habitantes descubrieron que, entre los federales, iba un delincuente miembro de los Guerreros Unidos, a quien conocían como secuestrador de la zona.
Los policías le habían puesto un uniforme de Federal para hacerlo pasar desapercibido. No contaron con los habitantes. Le reconocieron. La mañana del jueves los policías aun estaban retenidos.
Ignorar o fingir ignorar datos duros que apuntan a policía federales como secuestradores. Evadir apoyo a buenos policías locales estigmatizados por la ignorancia de empresarios como, por ejemplo, el de CONCAMIN quien, a partir de una premisa particular convierte una general, también es violencia y es causa de incertidumbre, miedo, terror.
TODO EL PODER DEL ESTADO
Al asumir Héctor Astudillo Flores como gobernador número 83 del estado de Guerrero, fue notorio el mensaje de la federación. El gabinete de Seguridad Pública le acompañó. Sesionaron y anunciaron que lo harán en Guerrero cada mes. Los militares y federales apostados en la costera y cerca del recinto donde ofreció un discurso a la sociedad civil fue evidente: El Estado Mexicano respaldará a Héctor Astudillo a terminar con la década del terror en que hemos vivido todos.
Maquiavelo también sugiere en El Príncipe: El que es elegido príncipe con el favor popular debe conservar al pueblo como amigo.
Los datos duros apuntan a que el secuestro ha venido, según cifras del mismo gobierno federal, de policías o ex policías federales, además de otros delincuentes del fuero común. En la presentación de esa millonaria unidad antisecuestro no se dijo si habrá mecanismos de control que eviten que, por ejemplo, se lleven detenidos a otros trece secuestradores con uniforme de la Policía Federal.
El gobernador Héctor Astudillo, bien intencionado, ha comenzado con el pie derecho y con todo el poder del Estado Mexicano tras de sí. El riesgo es que, de pronto, todos seamos sospechosos ante los ojos de encapuchados federales y caer en las “dolorosas medidas que son necesarias” , como hicieron los revolucionarios franceses, para dar al traste a su movimiento y haber pasado a la historia como la peor época del terror de que se tenga memoria.
Lo bueno que el terror podría terminar. Lo malo que quienes le combatirán fueron partícipes de…
Comentarios
comentarios
