Reflexiones

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Por Salustio Vicente García Jiménez

Carlos Salinas de Gortari
Urge Nueva Política Industrial

Históricamente el crecimiento económico sólo era posible gracias a un proceso de industrialización, mismo que debía ser una política pública de los gobiernos. En México no se aplicó en los últimos cuatro sexenios y se retoma en el actual pero en un entorno diferente en el que los resultados son inciertos.

El cambio de paradigma se realiza en el gobierno de Carlos Salinas y se refuerza en el de Ernesto Zedillo, en ambos la política de industrialización brillaba, pero por su ausencia, si bien las autoridades respectivas aducían –eufemísticamente- que no había tal, ya que la mejor política industrial era la que no existía. Se refería obviamente a relevar al Estado de esa responsabilidad y dejar el proceso en manos del mercado, como el mecanismo más eficiente en la asignación de recursos.

Ciertamente el mercado cumplió a la perfección con su función y asignó los recursos en las actividades relacionadas con el sector externo –las más propicias dadas las ventajas del TLCAN- apoyando su consolidación y dinámico crecimiento. La consecuencia se da en que a la fecha se reconoce a México como potencia mundial exportadora y lo ilustran tres ejemplos: primer exportador mundial de pantallas planas y de cerveza y, cuarto lugar de automóviles, lo que resulta envidiable pero con el crecimiento económico dependiente de ese sector externo.

Ante esta problemática es imperativo diseñar y establecer una política industrial con objeto de reactivar la economía y de generar empleos dignos que ayuden a crear un robusto mercado interno que sea el que determine el ritmo de crecimiento de la economía. Asimismo considerando el reducido valor agregado de las exportaciones mexicanas -37% en prendas de vestir, 27% en autopartes automotrices y de sólo 9% en equipos de cómputo por señalar tres ejemplos- no permiten que todos los insumos fabricados en el exterior y que dan mayor valor a los productos finales, incidan sobre las cadenas productivas nacionales y detonen el círculo virtuoso del crecimiento. Es urgente revertir esta situación.

El diseño de esa política forzosamente debe incluir el estado actual de la economía y prioritariamente el de la tecnología -en especial las tecnologías de información y comunicación (TIC)- que ha modificado sustancialmente no sólo la forma de producir sino hasta la interactuación de la sociedad en su vida diaria. Tan importante que incluso se ha llegado a calificar de una Nueva Revolución Económica con ejemplos evidentes a la vista de todos que mejoran el bienestar de la sociedad pero eliminan empleos.

La automatización resulta ser el ideal de la eficiencia y productividad y es la responsable de la eliminación de empleos. Recientemente en un estudio realizado en la Universidad de Oxford sobre 700 ocupaciones realizadas en los Estados Unidos se determinó que el 47% de los empleos en ese país eran susceptibles de automatizarse en un plazo máximo de dos décadas. Lo que obliga a los trabajadores a mejorar sus habilidades para adaptarse a los nuevos perfiles de los empleos futuros.

En México se debe trabajar en una estrategia industrial que considere las necesidades presentes y sobre todo las del futuro, única fórmula para adquirir las ventajas competitivas suficientes para hacerle frente. La política industrial debe pugnar por un cambio estructural que esté guiado por esos cambios tecnológicos –en especial las TIC- y sustentarse prioritariamente en actividades más intensivas en conocimiento, que son las de crecimiento más dinámico, sin olvidar la preparación de la mano de obra requerida o el desempleo será apocalíptico. ¡Es ahora o nunca! Reflexión de la semana.

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