Por: Miguel Ángel Mata Mata

Nos despedían antes de las cuatro de la mañana de la disco. Los restaurantes y bares bajaban cortinas a la una de la mañana. A las dos había redadas policiacas en Sinfonía del Mar. Quien quisiera podría seguir la fiesta. La opción fue siempre “La zonaja”.
La Zona de Tolerancia de Acapulco fue famosa en el mundo. ¿Quiénes no recuerdan a Mayambé? Forjó sueños oníricos y frustraciones a miles de extranjeros y mexicanos que vieron roto su corazón cuando el veracruzano descubría que eral él. Era ella tan solo un instante. Cada noche un amor. Distinto amanecer.
¿A Talhúa, le recuerdan? Fue maestra en eso de mover la cadera. Enseñó pasos, misterios y meneadito a la famosa Tongolele. Ahí también aprendió, lo que sabe, Lin May.
No hace mucho. Mientras “la zonaja” hervía, el resto de la ciudad dormía a partir de las cuatro de la mañana. La permisividad se refugiaba allá, “donde todo se vale. Donde todo se puede”. La calle de Mal Paso ahí ha quedado como testiga muda del Acapulco que se nos ha ido. La Huerta, donde bailó Mayambé, hoy es una terminal de camiones.
Aun abre sus cortinas “La Venturita”, famoso restaurante que sirve el aporreadillo ranchero, con tortillas recalentadas, mas sabroso del mundo. Quien sobrevivía a los excesos de la permisividad aspiraba, ahí, a que le quitasen lo crudo, lo ebrio y también lo credo. Ahí sigue.
Algo nos pasó. Fue en un instante. Primero se abrió un Table Dance cerca de la Catedral, en pleno Zócalo. Luego detrás de donde hoy está la Aurrerá. El bar “El Sombrero”, de la fresca Palapa, y algunos baleados, se convirtió en table dance. Luego El Piratas, en La Progreso. Luego a La Diana, en Farallón y cerca de la Playa, junto al Acapulco Plaza. Y asi. Como dicen los curas: por secula seculorum, “La zonaja” perdió su encanto.
La zona de tolerancia, donde todo se valía y todo se podía, no cambió de domicilio. Creció y ganó cada calle de Acapulco. Palmo a palmo se instalaron centros nocturnos y cantinas junto a iglesias y escuelas. Se perdió el horario de la una de la mañana. Ni pensar en el de las cuatro AM. Se han ido para jamás volver. Hoy la zona roja es todo Acapulco. La fiesta ha ganado su espacio y ha traído su valor agregado: el crimen, las bandas de secuestro, la droga y la ausencia de valores.
EL ESTADO
Los académicos sostienen que el Estado es un concepto político que se refiere a una forma de organización social, económica, política soberana y coercitiva, conformada por un conjunto de instituciones, que tienen el poder de regular la vida comunitaria en un territorio determinado. La palabra Estado fue introducida por Maquiavelo, en su obra El Principe.
Hay muchas formas de Estado. Democráticos. Autocráticos. Populistas. Socialistas y hasta comunistas. A diferencia de los imperialistas, donde los señores feudales eran dueños de las decisiones, el Estado detenta el poder de la violencia para defender y dar seguridad patrimonial y personal a sus gobernados, quienes han decidido que sea el Estado quien regule la vida comunitaria.
El estado de Guerrero, y el municipio de Acapulco, lo mismo que el resto de los 80 municipios de la entidad, son territorios delimitados en donde detentan la fuerza de las armas el gobernador y los respectivos cabildos encabezados por sus presidentes municipales. Regular, sancionar, coercionar con el uso de la violencia es una facultad soberana que el pueblo les ha dado a sus representantes. Están obligados a hacerlo. De lo contrario serían traidores al pueblo mismo.
LOS NUEVOS FEUDOS
Los señores feudales fueron quienes gobernaron en la edad media. Se debían a un Rey, a quien pagaban tributo. Ellos fueron dueños de territorios, producción y vidas de seres humanos y animales en territorios delimitados que les asignó previamente su Rey. Ellos decidían quién vivía o a quien enviaban a la horca. Señores de horca y cuchillo no tenían otro límite que su ambición y ansias de riquezas. Y Cobraban impuestos. Quien no pagaba iba directo al patíbulo.
Sabemos, por información del gobierno federal, que al menos cinco grupos de la delincuencia organizada se disputan rutas, territorios y personas en el estado de Guerrero:
1) En Chilapa la disputa entre Rojos y Guerreros Unidos tienen a la población asustada.
2) En la Región Norte hay que pedir permiso, para todo, a los Guerreros Unidos.
3) En Tierra Caliente hay de todos los cárteles.
4) En La Montaña el violento Movimiento Popular Guerrerense tiene evidentes tratos con pandillas de narcotraficantes.
5) En Costa Grande la Familia Michoacana, el cartel de Jalisco Nueva Generación y Sinaloa ponen y disponen de vidas y muertes.
6) En la zona centro ¿qué decir? Ha sido tomada por asalto por los productores de amapola.
7) Acapulco no es mejor: la disputa entre miembros del cártel de Acapulco tiene en jaque a la ciudad.
8) Tal vez Costa Chica se salve de esa influencia, aunque hasta allá han llegado los del MPG y sus tratos con el crimen.
Estos grupos, que se han dividido y apropiado de territorios dentro del estado de Guerrero, son idénticos a los señores feudales de la edad media. Son dueños de territorios completos. Deciden quién vive y quién muere. Tan solo pagan tributo a su jefe (llamado Rey, en aquellos tiempos). Y cobran impuestos, llamados “la cuota”.
EL RETO
Héctor Astudillo Flores, gobernador de Guerrero en funciones, a partir del 27 de octubre próximo y Evodio Velásquez Aguirre, presiente municipal de la ciudad con la mayor violencia en el país, tienen, entre manos, el mismo problema: hay territorios en donde el Estado ha sido expulsado y la seguridad patrimonial o personal de los ciudadanos ha sido tomada por grupos ajenos al Estado mismo.
El sábado fue asesinado un miembro del Cabildo de Acapulco. Jesús (Chuy) de la O fue baleado y muerto. La afrenta es al Estado y a quienes representan a los ciudadanos en territorios donde debe gobernar el Estado. ¿Qué seguridad pueden tener miles de guerrerenses y de acapulqueños si sus representantes, miembros del Estado, son asesinados por señores feudales que son dueños de territorios delimitados, en donde ellos gobiernan a fuerza de las balas y matan a quien no paga “la cuota”?
Es grande el reto para un gobierno estatal limitado por delitos del orden federal. Aquí se cometen pero es la federación quien castiga. O los municipios, con policías preventivas acusadas por la federación de formar parte de los feudos. Pero con noticias como la que sucedió en Acapulco el año pasado, cuando cuarenta elementos de la Policía Federal fueron encerrados por secuestro.
¿Qué hacer entonces? ¿Pactar son los señores feudales? ¿Renunciar a la soberanía popular? ¿Emprender una guerra civil desigual en contra de ellos? ¿Qué hacer, pues?
VALORES
Los que estudiamos primaria y secundaria en la década de los setenta odiábamos al maestro de civismo. Nos enseñaba valores. Nos decía: “A ver muchachito, respeta a los mayores. No te saques la cerilla de la oreja, ni metas tus dedos en la nariz, enfrente de la gente. Eso no se hace. Eso no se toca. Eso no se dice”.
Sabíamos que la misa de nueve era obligada y hasta leíamos los salmos frente a todos. Los diez de Mayo eran de desvelo: entre todos a cantar las mañanitas casa por casa. Amigo por amigo. Familia por familia. Nos dormíamos temprano y, cuando íbamos a la disco, no entrabamos con chanclas ni en short. Nos corrían del bailongo antes de las cuatro y, de ahí, a casa.
¿Qué pasaría si Héctor Astudillo y Evodio Velázquez comenzaran por rescatar valores? ¿Qué pasaría si recuperan los horarios de discotecas, centros nocturnos y cantinas? ¿Qué pasaría si cancelan licencias de antros cercanos a escuelas o iglesias? ¿Qué pasa si comenzamos por respetar y hacer respetar el Bando de Policía y Buen Gobierno?
¿Qué pasaría con nuestros turistas? ¿Y si devuelven la magia de las zonas de tolerancia y dejan que sea ahí donde todo se valga, donde todo se pueda? No pasaría absolutamente nada. Volveríamos a nuestros orígenes. Recuperaríamos parte de nuestros valores. ¿Se atreverían Astudillo y Evodio? Veremos si tienen valor y valores.
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