MEMORIA DE IGUALA
Por Raúl Román Román
El tiempo sigue su curso inexorablemente y cuentan las voces de la montaña y registran los investigadores contemporáneos, que cuando se vivían 1347 años d. de C. y, en el cruce de las coordenadas entre el tiempo y el espacio, se fue conformando una convivencia del pueblo Chontal, en las tierras que hoy tienen como corazón, a la población y el suelo igualteco.
Con estos antecedentes y referencias de la época del México pre-cuauhtémico se dice y reconoce que la gente que se encontraba viviendo aquí se vieron dominados e influenciados por los Mexicas, pueblo dominante y belicoso del centro mexicano, aproximadamente entre los años 1440 y 1443, cuando los guerreros fundadores de la gran Tenochtitlan eran gobernados por Izcóatl, cuarto rey tlatoani de los Tenochcas.
Tomando como pruebas sólidas y veraces las producciones artísticas y plásticas del “viejo mundo”, se puede aventurar que sólo en el México prehispánico se desarrolló el arte de plasmar su cultura en libros, rollos y tiras de papel amate, dobladas como acordeón y grabadas con puntas y fibras de maguey, en pieles de venado, después de que se le adicionaban lo que en los códices mesoamericanos iban grabándose también en piedras en forma de estelas, formas histórico-literarias, que los convertían en los medios de escritura de una riquísima comunicación gráfica, plástica y escrita, bajo un conglomerado artístico que denotaba imágenes y signos glíficos, que expresaban la organización, la administración y la hacienda pública de la metrópoli de Tenochtitlan, llevando cuentas y calendarizaciones precisas y puntuales de los tributos, que las provincias y poblaciones debían entregar cada 80 días o en plazos anuales.
Este documento también refiere y es consultado para observar y estimar los alcances geográficos, las extensiones culturales y los dominios bélicos de la Triple Alianza, estructurada y acordada por Tenochtitlan, Tezcoco y Tacuba como se detalla a continuación: “La matrícula de Tributos” en la lámina 17 registra a Iguala representada por el glifo o icono, que en la escritura antigua representa la noche.
En la interpretación de la lámina se lee 6 Yoalan: Iguala, “lugar de la noche” o de Yoaltecutli, “señor de la noche”. El jeroglífico es un disco con semicírculos negros que representan la oscuridad y ojos estelares en torno símbolos de la noche, Yoali. En el códice Mendocino en las láminas 5 versos y 6 recto aparecen los pueblos conquistados por Izcóatl, antes de 1440 figurando el glifo de Iguala en el vigésimo tercer ciclo; vuelve a aparecer Iguala en la lámina 37 recto del mismo códice, la relación geográfica del pueblo de Iguala”. CONSEJO DE LA CRÓNICA DE IGUALA.
Tanto las técnicas, materiales y contenidos corresponden a las costumbres y tradiciones de los tlacuilos o pintores de los pueblos mesoamericanos, que destacaban por sus habilidades en la escritura, pero sobre todo, en sus dotes pictóricas, de donde captaban, contabilizaban, estimaban y producían su historia y sus tradiciones, especialmente los de los pueblos en referencia y, en el caso que nos ocupa, como se muestra en la reproducción de la lámina 17 de la “Matrícula de Tributos”, cuyas láminas originales y auténticas se encuentran actualmente en el Museo de Antropología de la ciudad de México.
Así mismo, según cuenta este valiosísimo documento, en la época del emperador Moctezuma Xocoyotzin, Yoalan significaba “lugar de la noche”, cuyos pobladores pagaban una tributación en especie animal, vegetal y una gran aportación mineral de toda esta región del sur de Mesoamérica y complementaba una provincia o región geo-política-social, 11 con los siguientes poblaciones y sus significados, tales como: Tepecoacuilco: “cerro de la cabeza pintada”, Huitzuco: “lugar del huitzotli” (especie de coa), Tlachmalac: “juego de pelota del malacate”, Cocolan: “lugar de enfermedad”, Atenango: “en el muro de agua”, Chilacachapan: “sobre el agua” de chilacaxitl (especie de chile), Teloloapan: “río de los guijarros”, Ichcateopan: “tiempo del algodón”, Chilapan: “río de los chiles”, entre las más sobresalientes comunidades de indios y sus centros de producción, acopio y distribución.
Según este mismo documento, que pasa a ser de invaluable valor histórico, Yoalan y su entorno de influencia y producción, tributaba maíz, copal blanco, tecomates, que es una especie de calabaza de cuello estrecho y corteza dura, o vasija de calabaza o barro, miel silvestre, vestidos, mantas, huipiles, hachas de cobre, jade y piedras finas, gargantillas y collares, entre los productos más comprometidos y, que en primera instancia, mantenían un valor artesanal sobresaliente, ya que implicaba una confección doméstica vistosa, atractiva y necesaria, para posteriormente observar como lo requerían y valoraban las culturas dominantes, en especial sus autoridades civiles y sacerdotales, como se puede demostrar en la lámina siguiente lámina.
Con las condiciones geográficas, bélicas y socio-culturales, los elementos sociales que aportaban las informaciones fidedignas y valiosas, los espionajes efectivos y reveladores y los intensos intercambios culturales, fueron las figuras de los pochtecas, que eran los comerciantes mexicas en los que se depositaba la confianza para intercambiar productos que enriquecieran la cultura indígena, que proveyera de informes de los estados socio-políticos y bélicos de cada comunidad mesoamericana y de la fundación de nuevos centros comunitarios, para proseguir la expansión mexica y su consiguiente dominio territorial, que a pesar de haber subyugado a la mayor parte de las culturas mesoamericanas, provocaron un intercambio cultural enriquecido y se nutrieron de la autenticidad y la originalidad de su bagaje cultural, por los procesos y condiciones civilizatorias a las que fueron sometidas, como la concepción filosófica de la vida y la adoración de sus deidades, las costumbres y tradiciones que envolvían sus sociedades, las producciones, descubrimientos, inventos y aplicaciones de su vida diaria y suntuaria, las prácticas del espíritu y la materia, que cifran centurias en este continuo deambular idealista y material del ser humano, en su estadía en la tierra. Con esta exposición histórica precuauhtémica, en la que en mayor o menor medida se hallan sustentada las tradiciones orales, escritas y plásticas de nuestro tiempo, se dan a conocer modestamente las raíces de nuestro orgulloso pretérito indígena, de donde provenimos los pobladores del hermoso lugar yohualense.

