Memoria de Iguala

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IGUALA PRECUAUHTÉMICA

Iguala
Amo el canto del zenzontle,
pájaro de cuatrocientas voces,
amo el color del jade
y el enervante perfume de las flores,
pero amo más a mi hermano, el hombre.
Netzahualcóyotl

La región geográfica y política reconocida como Las Sierras del Norte se encuentra enclavada en la parte norte del Estado de Guerrero, con una innumerable exposición y cadena de montañas, de variadas alturas, disímbolas formas orográficas y de vasta producción natural; dentro de estas elevaciones de majestuosidad incomparable, se encuentra el valle más hermoso y productivo que se recuerde en la historia regional, que con el paso del tiempo, se ha denominado con el nombre de Iguala de la Independencia cuna de la Bandera Nacional.
En el tiempo de aquellos tiempos, el hombre, las familias y las culturas pre-cuauhtémicas que cursaban su estadía humana, se esforzaban por armonizar sus necesidades con los bondades naturales que les ofrecía esta posición geográfica y, además de encontrar las piezas pequeñas de caza, recolección vegetal y extracción mineral, sus afanes eran por asegurar el abastecimiento de agua dulce que les permitiera convivir en un solo lugar, por tiempos más prolongados y seguros.
Sus primeros refugios habitacionales se encontraban en las cuevas naturales adonde pernoctaban y, sobre todo, les servía para cumplir con sus rituales religiosos y/o funerarios.
El semi-nomadismo que practicaban y vivían se veía complementado con la extracción de minerales que se encontraban en el subsuelo suriano y montañoso y, todavía más, las actividades rústicas de agricultura fueron las ideales para enraizar sus deseos, expectativas, sentimientos y sentido de pertenencia a la tierra de promisión yohualense.
Los conocimientos que se detallaban sobre el medio ambiente en que convivían, se fueron agudizando hasta llegar al manejo y reconocimiento de los ciclos naturales y de las condiciones idóneas para sembrar, cultivar y cosechar productos como el maíz, la calabaza, el chile, el frijol, la chía, inicial y primordialmente, por lo que pasaron de ser hábiles recolectores semi-nómadas a activos productores de alimentos sedentarios, por y con lo cual se fue modificando paulatinamente la relación entre el hombre, su sociedad y la naturaleza; así mismo, todas estas actividades eran complementadas con trabajos de cestería, hilados y tejidos de prendas de vestir, trabajos de palma y artesanía de lítica y alfarería, de forma necesaria y determinante.
Una vez que tuvieron que residir por tiempos más prolongados en los mismos lugares, el medio les condicionó para que buscaran y mejoraran sus formas de vivir, como fue el fortalecimiento, el diseño y la estilización de sus casas-habitación, que influenciados por otras culturas del centro de la región mesoamericana, tomaron formas cuadradas y enjarradas con palma y bajareque, como se observan los ejemplos en el Museo Nacional de Antropología e Historia, y eran cercadas con piedras, maderas y muros rudimentarios, preferentemente sobre lugares altos, para poder defender y protegerse de las lluvias, las inundaciones y de los animales silvestres que merodeaban sus casas.
Los techos eran montados sobre caballetes de madera y cubiertos de palma y zacate llamados “xacalli”, de donde se deriva el vocablo jacal, y en la parte media y superior se acomodaban estratégicamente los enseres domésticos, de labor, petates y cerámica artesanal.
Bajo la misma óptica, se observa que la vestimenta era confeccionada a base de algodón e ixtle, a los que se le entretejían pelos de conejo y/o plumas de aves cazadas en la región, especialmente de los patos, como se ejemplifica en el siguiente botón de la muestra. “El hombre vestía un braguero (máxtlatl) que era una tira larga de tela pasada entre las piernas y ceñida a la cintura, con los extremos colgando adelante y detrás, llevaban además, una manta (tilmatli) anudada al frente o al hombro. El calzado no era de uso constante y lo portaban principalmente los hombres, con sandalias (cactli) de cuero o de ixtle (ichtli). Había una gran variedad de tocados y adornos que indicaban rango social o ceremonial: bezotes, orejeras, brazaletes, ajorcas y pintura en la cara o en el cuerpo. El vestido de la mujer era como el de varios indígenas: el enredo (cueitl) sujetado como una faja como falda y el huipil o quechquemitl, para el busto”.
Una vez que la relación hombre-naturaleza se fue modificando también se diversificaron y jerarquizaron nuevas actividades sociales, culturales y, sobre todo, religiosas, por lo que surgieron nuevos actores comunitarios como
• Productores de alimentos agrícolas, forestales y de pesca.
• Elaboradores de materiales de uso diario y suntuario, como cerámica y lítica.
• Religiosos sacerdotales.
• Gobernantes.
Que fueron los agentes sociales con los que se fue amalgamando una nueva visión socio-cultural-religiosa, que promovió y agilizó la creación, fomento y práctica de ceremonias y centros comunitarios con los que profundizaban sus creencias divinas y teocéntricas.
Hasta la fecha y con la intención de no faltarle a la verdad, no se reconoce o demuestra documento alguno que registre la aproximación temporal de la fundación de Iguala, sino sólo a través de la tradición oral es como se han hecho las aproximaciones, aseveraciones y señalamientos, más o menos objetivos, de su surgimiento como población; aun así, existen opiniones que aventuran y precisan, según las interpretaciones del códice Chimalpopoca, que los primeros pobladores y habitantes de la región fueron chichimecas, que se asentaron en las tierras del sur, por el año 800 d. de C.; de ahí y en oleadas relativamente holgadas penetraron los Olmecas, los Matlazincas y, al final, cuando corría el siglo XI, llegaron los Nahuas-Coixcas y, con todas sus circunstancias, se generó una carga inevitable de mezclas de pueblos, familias y culturas indígenas.
Para reforzar estas afirmaciones se expresa que… “Iguala, en lengua castellana quiere decir “oscuridad”. A los naturales de esta provincia los llaman cuixcas, que quiere decir “los de la tierra de lagartijas” porque hay muchas; son de nación chontales o tuztecos, que se interpreta “hablan con la garganta”… Es tierra seca, sin ríos ni fuentes, excepto una que tiene una milla, se traen a la plaza buen agua. Los naturales bien aderezados a su usanza, vestidos de algodón; gente rica, por estar en buena comarca y cerca de minas, donde bien venden sus esquilmos y son los más Pu(ch)tecas, que llaman mercaderes”.

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