De Frente. Rogelio Ortega prefiere no hacerlo

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De Frente

Rogelio Ortega dia del abogadoRogelio Ortega
Prefiere no hacerlo

Por Miguel Ángel Mata Mata.
La canícula y la chikungunya tienen algo en común: trastornan y paralizan a los humanos. Les cansan, fatigan y tumban en la hamaca. Un calor arriba de los cuarenta centígrados, como el que se sintió el domingo en la Tierra Caliente, y el piquete de un demoledor mosquito aedes aegypty, deben ser los culpables de lo que pasa en Guerrero. Ni como recurrir a Kafka o Macondo. No hay explicación. Culpemos, por ello, al agobiante clima y al minúsculo enemigo de los absurdos que nos ha dejado un gobierno quebrado, aunque honesto.
1) El educado
El presidente municipal de Acapulco, Luis Uruñuela Fey, es un buen tipo. Decente, educado y promotor civil de charlas semanales culturales a las que él mismo invitaba, junto con su bella y distinguida esposa, de pronto se vio investido como presidente municipal de la ciudad mayormente poblada del estado de Guerrero. Él no lo pidió. Lo hicieron alcalde.
Apenas hace unas semanas declaró con honestidad que en la ciudad se han registrado arriba de 400 homicidios violentos. A la captura de los jefes de las bandas criminales de la ciudad, los sicarios de ellos se enfrentan por el control de la plaza: hoy mataron a uno en cerca de la plaza Juan N. Álvarez; ayer otro en la costera; otra pareja en la playa; amaneció un baleado en la calzada Pie de la Cuesta y otros tantos que, al sumarse, hacen la cuota promedio de muerte: diez por día.
La honestidad del alcalde sería aplaudida en ciudades con un nivel cultural promedio elevado. Sus medios aplaudirían la realidad de que, a pesar de las muertes violentas, la economía no ha sido afectada: el domingo los hoteles formales e informales cerraron con una ocupación promedio del 90 por ciento. Las playas pletóricas de visitantes no saben de la sangrienta, cotidiana y mísera vida de miedo de quienes caminan por las calles evadiendo la posibilidad de una bala perdida.
Los medios ven otra realidad: “es un mal alcalde”, dicen de Uruñuela. El cristal con que miran ha sido afectado, tal vez, por un súbito golpe de calor… o la chinkungunya.
— “A los chilangos les vale madre la violencia”, ha sintetizado el crítico abogado representante del Consejo de Juristas de Guerrero, Alfredo érez Zárate. “Vé nomás, las playas y hoteles llenos. Los muertos no afectan al turismo”, sostiene.
Ni cómo desmentirle. Con un sorbo a la “clarita”, un cuatete en caldo y camarones pelados tragamos nuestra sangrienta realidad: esos muertos, nuestros muertos, a nadie le importan. Tampoco a los chilangos.
2) El bien vestido
Los ejecutados no tienen denominación de origen. Igual que en Acapulco, sucede en Teloloapan, donde el secuestro y cobro de piso es parte del menú diario. En Chilpancingo los colonos colocan mantas advirtiendo a los criminales que serán linchados. En Iguala las ejecuciones han escogido un lugar común: el lava autos Los Peques. En La Montaña hay denuncias por abusos de presuntos policías comunitarios. En las carreteras los enfrentamientos entre facciones de las policías civiles reconocidas, han arrojado decenas de muertos.
Hace dos semanas, cuando mas, periodistas italianos, canadienses y españoles pidieron hablar con el fiscal de Guerrero. Querían saber del registro y denuncias por muertes, secuestros robos y enfrentamientos en las carreteras de Guerrero. Les recibió un amable Miguel Ángel Godínez. Les dio cifras, estadísticas, datos que demuestran que la dependencia de justicia a su cargo, sí trabaja. Confirmó que FEMSA, la refresquera que distribuye la Pepsi, no regresará a la región de Tierra Caliente. Todo bien.
— ¿Viste al tipo? Dijo al salir una reportera europea.
— ¿De qué hablas?, respondió el guía local.
— El tipo sí que sabe vestir, agregó el italiano.
Ilustraron en modas, estilo y elegancia al reportero guerrerense: “el señor fiscal vestía camisa, cinturón, pantalón, calcetines, reloj y otros accesorios, marca Mont Blanc. La misma marca de las plumas carísimas”.
— ¿Y eso qué…? Quiso defender el guerrerense.
…¿Cómo que qué? En un estado miserable, como lo es Guerrero, donde la violencia es la moneda de cambio, que el fiscal traiga puestos arriba de cien mil pesos es un indicativo muy pero muy negativo.
— ¿Pues cuánto gana el muchacho?, dicen preguntaron al salir de Guerrero.
El fiscal tiene buenos y caros gustos. Los medios en Guerrero lo ven todos los días. Nadie se habría percatado del pequeño detalle de su elegante impostura. Los reporteros de la fuente tal vez han sido paralizados por la Chinkungunya, les ha dado un golpe de calor o nada saben de moda, elegancia y precios.
3) Prefiere no hacerlo
Jorge Zepeda Patterson recordó, en su artículo semanal de El País, a Bartleby, el escribiente, el célebre personaje de un cuento de Herman Melville. Un burócrata capaz y eficiente en su oficio, pero que un día, por alguna razón, responde «preferiría no hacerlo». A cada nueva exigencia de su trabajo Bartleby simplemente contesta I would prefer not to (en el original). Como una pieza del engranaje que decide no cumplir su función.
El gobernador de Guerrero, Rogelio Ortega, nos ha recordado a Bartleby. Parecido al alcalde de Acapulco, Rogelio no pidió ser gobernador y es un buen tipo, excelente catedrático y mejor padre de familia. Similar al fiscal guerrerense, Don Royer ha dejado los trajes baratos para aparecer retratado con finísimos sacos y corbatas de seda. Deben tener la famosa marca de algún famoso diseñador. Sus guayaberas de lino son la inspiración de sus subalternos, quienes no dudan en ordenarlas por docenas.
En las últimas semanas el gobernador asustó, con su honestidad, a casi todos. Ha enviado a los diputados locales una propuesta de iniciativa de ley para legalizar las uniones entre personas del mismo sexo; ha dicho que para terminar con la violencia sería conveniente legalizar las drogas en Guerrero; informó a los Senadores de la República que la federación no ha entregado miles de millones de pesos ofrecidos por lo que, su gobierno, tiene tan solo de dos sopas: declara en quiebra a su administración o adelanta la fecha de entrega del gobierno a Héctor Astudillo Flores, ganador de la elección de gobernador.
Un sanedrín es, según los griegos y los hebreos, un asiento en la asamblea. Para los judíos es el consejo supremo de los judíos, en el que se trataban y decidían los asuntos de estado y de religión. Es, pues, una junta o reunión para tratar de algo que se quiere dejar oculto.
En Guerrero existe el sanedrin. Han clamado al cielo por los dichos del gobernador Ortega. Le han condenado a la hoguera de lo ilegal, ridículo, absurdo, han dicho de sus verdades. Les ha ofendido modificar la forma, no hablar del fondo de las cosas.
El sanedrín habló. Preferirían que el gobernador siga siendo un buen tipo, como el alcalde de Acapulco; que vista finas y caras ropas, como hace el fiscal, o que recuerde que él jamás pidió se gobernador… que alguien, tal vez un escribiente, lo inventó de la noche a la mañana.
Don Rogelio, quien aun vive en la casa Acapulco, la misma que alguna vez fue decomisada al famosos Joaquín El Chapo Guzmán, y hoy sirve de dormitorio a los gobernadores en turno de un estado pobre entre los pobres, debiera leer a Herman Melville y darse cuenta que un día, tal vez esta misma mañana, podría despertarse, vestirse como gobernador, hablar como gobernador, formar parte del engranaje de su administración, y tomar la misma decisión que alguna vez tomó Bartleby: I would prefer not to.
¿Con ello calmaría el calor y los efectos locos que el chinkungunya ha dejado en la clase política de Guerrero? Lo dudamos. Seguirá ésta prefiere estar agobiada, cansada, acalorada, contenta y bien vestida. El Sanedrín, todo, prefiere tirarse a la Hamaca ante la verdad que le ha sido dicha a la cara.

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