La sublime responsabilidad de ser padres

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JOSÉ NIEVES SEBASTIÁN PÉREZ
Dios nos ofrece, con nuestros hijos, la oportunidad de encontrarnos y sensibilizarnos, de despojarnos de nuestro irracional egoísmo para dejar de percibir de forma obsesiva el propio beneficio; el abandono del “yo” permite el pensamiento colectivo, propiciando las condiciones para .la actitud sencilla y cordial, para el desprendimiento y para amar intensamente, cuando está ausente la anterior se presenta el caso de los que olvidan a sus pequeños por atender los lujos aparentes, el automóvil, los placeres mundanos, las adicciones y en muchas ocasiones, bloqueada su mente y su corazón por el ingreso y el estatus alcanzado, quebrantan su palabra y rompen el vínculo conyugal. En palabras de Erich Fromm en su libro “El arte de amar” afirma: “El amor es una actividad, no un afecto pasivo; es un estar continuado, no un súbito arranque…amar es fundamentalmente dar no recibir.”
Los buenos padres, aunque sus ingresos sean escasos, sienten, piensan, trabajan, impulsan y protegen a su familia, porque es en ésta donde los niños inician la primera gran escuela, la de los cimientos sólidos, la de los recuerdos inolvidables, la determinante de la conducta futura del buen o mal ciudadano, donde con amor se les debe enseñar a hacer lo correcto, a respetarse y respetar a los que los rodean, a dar fraternidad y no guerra. Similar a la naturaleza que se nos ofrece en abundancia, los padres excelentes entregan todo lo que son y lo que tienen, sus cuidados, sus desvelos, sus preocupaciones, sus valores, sus mejores ejemplos de vida, para favorecer a sus hijos que son milagros divinos. Ser madre o padre es una sublime responsabilidad que implica estar siempre al lado de sus hijos para escucharlos, para entender sus dudas y temores, para orientarlos y darles seguridad en sí mismos, enseñarlos a levantarse cada vez que se tropiecen, enseñarlos a caminar y a correr por la vida siendo felices y exitosos. Los hijos al sentirse amados se decreta en su mente la consideración y el amor por los demás y los alejamos del rencor y el odio, que son gérmenes de destrucción. La labor de los buenos padres es profundamente humana, generosa y trascendente, porque sus invaluables acciones, en lo inmediato, enaltecen a toda la sociedad y,,además, llegan a trasponer los linderos de la eternidad.

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