Por: Miguel Ángel Mata Mata
En la Comedia Humana, Honoré de Balzac incluye el texto Ilusiones Perdidas. Narra la anodina vida de Luciene, joven campesino con ganas de triunfar en las artes de París; son sus armas, para tan quijotesca aventura, sus letras, su prosa, sus versos.
Triunfó cuando se enamoró de él una bella, rica y poderosa dama de la alta sociedad parisina. Ella era dueña del teatro de París. Todo suyo. Incluidas las plegarias, las alegrías y tristezas de autores, actores y políticos desilusionados ante la realidad de la vida. Dueña de ilusiones. Propietaria de desilusiones.
La juventud de Luciene le cautivó. Lo elevó a la cúspide. No había poema de Luciene que no recibiese subsidio del gobierno. No existía fiesta del glamour cultural, literario, artístico o político al que fallase el joven triunfador. Del campo a la fama. El mundo le pertenecía. En el teatro sus obras eran aplaudidas un día, y el otro también. ¡Había triunfado!
De pronto todo cambió. No más. Ni fiestas. Ni cenas. Ni bebidas. Nada de charlas con políticos corruptos. El glamour terminó. En el teatro le arrojaron verduras y fruta podrida. ¿Cómo era posible? ¿La misma obra aplaudida ayer, hoy repudiada? ¿Qué había pasado?
Luciene, el joven con las ilusiones, se enamoró de otra. Confesó su desliz a su mecenas. Esperó maternal comprensión. Le abandonó y fue en pos del amor. Él le rompió el corazón. Ella rompió sus ilusiones. Él corrió tras el amor. Ella le cerró las puertas del teatro. Y, entonces, apareció la vida real. Tal cual.
Descubrió que los cultos asistentes al teatro no eran sino miserables ignorantes pagados por su bella mecenas. Ella decidía qué obra triunfaba. Cuál fracasaba. Pagaba a los aplaudidores, cuando despertaba con ganas. Les pagaba por abuchear y arrojar fruta podrida, cuando despertaba sin ganas. Y Luciene. ¡Ay, iluso Luciene! Se enamoró de otra teniendo el mundo a sus pies.
El ingenuo fue expulsado del paraíso. Buscó y tocó puertas. No halló y no le abrieron. Envió poemas a la bella dama. Fueron quemados. Regresó al fango. Se rompió como pompa de jabón en el frío muro donde se leía: ¿Te dolió? Recuérdalo, escuchó un susurro: Quien paga manda.
DEBATES
En 1988, en el auditorio del Centro Médico Nacional, la LV Legislatura se erigió en Colegio Electoral. La víspera de la revolución del 80 apenas enviaba rayos de un sol que se convirtió, un año después, en el Partido de la Revolución Democrática. La mitad del PRI huyó ante el viraje de las políticas económicas que impondrían nuevo rumbo a México.
Aún es tema de conversación el debate que sostuvieron dos extraordinarios personajes. Manuel Jiménez Guzmán y Javier Peñaloza nos mantuvieron en vilo. ¿Ocho horas? Mayor fue el tiempo consumido por dos magníficos oradores. Fue un “Caso de la vida real”, calificaron los medios, aun adictos al Partido de Estado. Manuel defendía el triunfo de Silvia Pinal como diputada federal. Peñaloza defendía el propio.
La votación arroyó a Peñaloza quien, de las filas del Partido Comunista, defendía su triunfo por el PST, Partido Socialista de los Trabajadores, convertido en Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional, o “ferrocarril”, como se llamó a uno de los partidos que se sumaron al respaldo a Cuauhtémoc Cárdenas, para competir por la elección presidencial bajo los auspicios del Frente Democrático Nacional, padre y madre de lo que hoy queda del PRD.
Guerrerenses testigos de aquel debate fueron Fernando Navarrete Magdaleno, Florencio Salazar Adame, Ángel Aguirre Rivero, Porfirio Camarena Castro, Nabor Ojeda Delgado, Juan José Castro Justo, Luis Taurino Jaimes Castro, Jesús Ramírez Guerrero, Efraín Zúñiga Galeana, Hugo Arce Norato.
La aprobación de su elección como diputados federales dependía de ese Colegio. Uno de ellos, Hugo, sentenció: “este debate lo ganó Peñaloza, pero se lo dieron a Manuel. Salinas ya ha pagado, y aquí, mi querido amigo, el que paga manda”. Extraordinaria sabiduría calentana. Asintió entonces con la cabeza su hoy famoso secretario: Carlos Ahumada Kurtz.
Ese fue el último Colegio Electoral, mecanismo del viejo régimen mediante el cual el debate daba o quitaba triunfos en cada uno de los 300 distritos electorales del país. Fue cancelado. Cerraron el teatro. “El que paga manda”. ¿Dónde hemos escuchado esa frase?
GUERRERO
El Instituto Electoral de Guerrero presentó un espectáculo llamado debate, entre los nueve candidatos a gobernador de Guerrero, hace algunos días. Fue en un ágora. Dos temas abordaron los ilustres: Desarrollo Social y Gobierno. Tres minutos por cada uno. Luego dos minutos y medio y al final un minuto por tema.
El formato, al parecer, se diseño en las rodillas de un burócrata experto en las ocho horas de trabajo. La media hora para el almuerzo. La tolerancia de diez para llegar tarde y la prisa por irse de la chamba diez minutos antes. “Conquistas viles del proletariado”. Faltaba más.
Sin exposición de ideas. Sin posturas ideológicas. Sin propuestas de gobierno. Los nueve evidenciaron dos bloques y apenas tuvieron tiempo de:
- Beatriz Mojica de sacar tímidamente una foto de Héctor Astudillo con José Luis Abarca. Éste decir que fue un evento del Congreso Local y sostener que el PRD es el culpable de los males que padece Guerrero, en los últimos diez años. A Luis Walton esquivar las criticas del panista Jorge Camacho y a éste hacer un spot en cada aparición: “Yo soy Jorge Camacho, el que alza la mano. Vota por mi”.
- Honesto, el joven Pablo Sandoval no pudo meterse al ring de los cuatro. Raymundo Nogueda mostró dotes histriónicas y de amor a su pueblo. La del PANAL de defender al PRI; la del partido de los pobres argumentar que voten por el gallito y las tres llamadas de atención al del Partido Humanista: “se acabó su tiempo; se acabó su tiempo; no está permitido usar láminas ni ayudarse con materiales gráficos”.
Los medios pagados por los equipos de campaña de cada candidato enviaron un mensaje anodino: Ganamos. ¿Se gana acaso un debate de ideas? ¿De veras? ¿Lo pueden sostener, aunque sea con la mirada? ¿Honestamente?
Alguna vez, en algún cuadrilongo, alguien explicó a un reportero: “es imposible que, al redactar, tus ideas sean objetivas. Ser objetivo es cuando nos referimos al objeto material, al hecho, a lo que se palpa. Su antípoda es lo subjetivo. Lo abstracto. Lo que no se palpa. Lo que no se toca. Haber, nos dijo, píntame esta idea. Tócala. Pálpala”. “Pus no”, encogimos los hombros.
¿Cómo pues ganar en una exposición de ideas? ¿Alguien puede pagar por las ideas? ¿Quién paga manda? Tal vez. Sólo tal vez.
LAS ENCUESTAS
El ejercicio llevado a cabo por el Instituto Electoral dejó, sin embargo, saldos: la percepción que arrojaron las encuestas aplicadas inmediatamente después del debate, fue modificada. Aparecieron dos grupos:
- Héctor Astudillo aumentó a siete puntos su distancia de Beatriz Mojica a quien sigue, seis puntos abajo, Luis Walton y enseguida Jorge Camacho Peñaloza. Los cuatro con dos dígitos.
- La chiquillada la encabeza Pablo Sandoval, de MORENA, quien subió de seis a siete puntos; enseguida la del PANAL que subió a tres; el Partido Encuentro Social con dos; el de los Pobres con uno y el Humanista que nomás no sale del agujero ni del horroroso cero.
Es la percepción del voto luego del debate. La percepción, como la exposición de ideas, son asuntos abstractos y por tanto subjetivos. No se miden como un asunto tangible. Se pueden modificar con algo aun mas subjetivo que las ideas de un reportero: el dinero.
Recordemos al ganador del debate de “Un caso de la Vida Real”. Silvia Pinal, casada entonces con el gobernador Tulio Hernández, ganó. El diputado Peñaloza perdió. Alguien ofreció mucho de ese asqueroso asunto abstracto, llamado dinero, para modificar la percepción de una idea. Silvia rompió la ilusión de Peñaloza. Quien paga manda.
Leamos a Balzac y lloremos con la narración de cuando le abuchean quienes antes le aplaudieron. Eran las mismas caras. Las mismas palmas. Las mismas sonrisas convertidas en odio y repulsión. Le rompieron el alma. Le dejaron con las ilusiones perdidas. Ella pagó. Quedó ahí como la dueña del teatro de la vida.
Quien paga manda. Recordémoslo.
Por cierto. A un mes de la elección de gobernador, diputados federales y locales, alcaldes, síndicos y regidores:
¿Quién paga en Guerrero?
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