El Tío Gil

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Por: Miguel Ángel Mata Mata Cuando murió Martinique, como a los nueve días, ambas puertas de la cantina se abrieron solitas. Ni viento ni algún travieso chamaco las empujaron. Para adentro, las de izquierda, como si alguien entrase. Para afuera, las de la derecha, como si alguien saliese. — ¡Ira, ira, ira! ¡Es Martinique! El […]