Insuficiente el mandato de Banco de México

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Por: Iván Ureña

Durante el gobierno de Salinas de Gortari, se aprobaron o modificaron muchas leyes, en ese contexto y prácticamente sin debate, al Banco de México se le atribuyó en el artículo 28 constitucional, un mandato “… Su objetivo prioritario será procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional…”
Pero en la actual coyuntura económica nacional e internacional, es una encomienda, en el mejor de los casos insuficiente, cuando no contraproducente.
Contexto histórico hace 20 años
En la década de los setentas y ochentas, la economía de nuestro país se caracterizó por padecer altas inflaciones, incluso superiores al cien por ciento anual —134 en 1987 y 107 en 1988 — y abultados déficit fiscales. Ante la experiencia traumática y como una forma de combatir de tajo ese flagelo económico, en 1993 se aprobó la legislación de Banco de México que le daba un mandato expreso y prioritario: combatir la inflación.
Es importante resaltar que la inflación abultada disloca la economía y genera efectos perniciosos en varios sectores, no el único, pero quizás el más dañino, así mismo causa una redistribución regresiva del ingreso y de la riqueza, afecta principalmente a los asalariados: los precios tienden a subir con más rapidez que los salarios. Adicionalmente genera un ambiente de incertidumbre, la planeación se torna más compleja.
Al mismo tiempo, la década de los ochenta, cuando más inflación padecimos, coincidió con un prolongado estancamiento del ingreso real, la economía creció sólo para compensar el incremento poblacional.
Desgraciadamente la baja inflación no se buscó como una condición necesaria para el buen desempeño económico, sino se persiguió como un objetivo en sí mismo. Para los hacedores de políticas públicas de la época, baja inflación en automático se asoció a veloz crecimiento.
Los resultados
Infelizmente, si nos atenemos a cifras oficiales, la realidad fue muy distinta. El crecimiento económico desde 1993, año en que se le dio a Banco de México el objetivo fundamental de combatir la inflación, hasta el primer trimestre del año 2015, fue en promedio anual, de 2.5 por ciento, nada para presumir. El crecimiento promedio anual de 1980-1989, conocida como la década perdida fue de 2.2 por ciento.
El panorama actual
A nivel mundial se vive una gran inestabilidad financiera y poco crecimiento, por lo que es previsible un incremento de la tasas de interés por parte de la Reserva Federal del vecino país, aunado a la caída del precio del petróleo, lo que ha provocado una fuerte depreciación de nuestra moneda en el mercado cambiario, el dólar se llegó a cotizar por arriba de los 17 pesos, aunque el martes 22 de septiembre, en operaciones al mayoreo se vendió en 16.87 pesos.
El efecto real de una devaluación, en el corto y mediano plazo, es dinamizar el mercado interno por partida doble, hace más atractiva la producción nacional frente a las importaciones, al mismo tiempo hace más competitivas las exportaciones. En el sector servicios, lo mismo, muchos mexicanos en lugar de vacacionar en otro país se quedan en el nuestro, por su parte a los extranjeros, les resulta más barato visitar el nuestro.
Pero ante la obligación legal de Banco de México de mantener una inflación baja, las autoridades buscarán bajar el precio del dólar, ya que una divisa cara tiene un efecto inflacionario en los precios.
Así, la autoridades bancarias se verán forzadas a utilizar todas las herramientas monetarias y la política cambiaria, para buscar una baja inflación y no un mayor crecimiento. Aunque en el lado real de la economía implique sacrificar el crecimiento, que se podría lograr gracias a más exportaciones y a un mayor consumo de productos locales en el mercado interno.
Ante tal coyuntura, se debería cambiar la legislación de Banco de México para que tenga como prioridad, no sólo la estabilidad de precios sino también el crecimiento económico; recalcando que si bien es importante mantener a raya la inflación, sin embargo, es más trascendente el crecimiento económico sostenido y la generación de empleo.
Los economistas muchas veces nos dejamos llevar por ideas preconcebidas y las tomamos como actos de fe. Dicho de otra forma, un dogma es algo que se acepta sin corroborar y punto. Pero con la llegada de la edad moderna, se impuso el método científico, las cosas se deben comprobar con experimentos o datos duros y si nos atenemos a esa lógica, la información es más que elocuente, el crecimiento económico de los últimos 22 años, desde que se tiene como mandato fundamental la inflación, ha sido precario e insuficiente para las necesidades de la población, un raquítico 2.5 por ciento anual.
Pero si el dato duro no es suficiente, hay otro argumento, el Banco Central de Canadá tiene como mandato no sólo la inflación sino “mitigar la influencia de fluctuaciones en el nivel de producción, el comercio, los precios y el empleo” y en Estados Unidos está obligado a cuidar la “ inflación, el crecimiento y el empleo”.
Hasta la próxima.

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