Del “Día del Abogado…” Por: Rodrigo Juárez Ortiz

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Por: Rodrigo Juárez Ortiz.

Un día como ayer 12 de Julio pero de 1960, por decreto presidencial de Adolfo López Mateos, se instituyó el Día del Abogado en nuestro país, ello por una iniciativa promovida por un Consejo presidido por Federico Bracamontes, director del periódico El Diario de México.

Ellos se basaron en el hecho, ya bastante conocido, de que el emperador Carlos I de España y V de Alemania ( Sacro Imperio Romano Germánico ) decidió crear una universidad en la Nueva España y así lo ordenó, nos dicen los que saben, el 21 de Septiembre de 1551, de tal suerte que el 25 de Enero de 1553  nace la Real y Pontificia Universidad de México y un día como ayer, 12 de Julio pero de 1553 se establecieron las Facultades de Cánones y Leyes y en esta última se impartió ese día, por parte de Bartolomé de Frías y Albornoz la primera cátedra sobre derecho ( el Digesto, de Justiniano y la Instituta, de Gayo), y se dieron las Iras. Ordenanzas de Buen Gobierno en lo que ahora es nuestro país.

Es el caso que, como en todas las profesiones, el ser humano que no está bien estructurado, que tiene una serie de deficiencias de todo tipo en su formación, es obvio que no tendrá los elementos necesarios para desarrollarse a plenitud en todos los ámbitos de su vida y es así que en todas las actividades humanas hay siempre quien las desarrolla de una manera aceptable y distinguida por el entorno humano y hay otros que vulneran esa percepción y realidad  de su sociedad cayendo en el descrédito.

El comentario viene a colación porque existe, lamentablemente, una percepción muy discutible sobre los abogados de tal suerte que se han estereotipado frases y términos peyorativos como: entre abogados te veas, leguleyo, busca pleitos, tinterillo y muchos mas, pero lo mismo sucede en otras profesiones, sin embargo también debemos de reconocer que cuando una o varias personas tienen problemas serios en donde están en juego la libertad, los bienes, la salud, la tranquilidad, y otras no menos delicadas y el abogado al que se concurre les resuelve sus problemas, tanto con sus asesorías como con su participación en juicio, entonces los agradecimientos y reconocimientos se prodigan con singular alegría, aun cuando se dan casos en que el cliente del abogado es su peor contrincante. Así mismo existe una equivocación en los términos como “litigante” que muchos confunden con el de abogado postulante, toda vez que los litigantes son las partes en un juicio y su abogado sería abogado litigante, algo similar ocurre con el término “jurista” que si bien es una persona que ejerce o se dedica al derecho, debemos aceptar que todos los juristas son abogados, pero no todos los abogados son juristas, habida cuenta de que a estos últimos les corresponde una jerarquía mayor, por su calidad académica, sus connotados triunfos en el foro, su desempeño honrado y capaz en la judicatura, etc.

De esta suerte, la profesión de la abogacía deviene en una de las carreras humanistas mas preclaras y se debe considerar como una labor de apostolado, por muchos, por los esfuerzos, sacrificios, preparación y responsabilidad que implica su ejercicio, sobre todo cuando se obtiene el logro del triunfo en una controversia judicial a favor de su cliente y un timbre auténtico de orgullo cuando se ejerce dentro del marco inmarcesible de la deontología jurídica.

La abogacía es una de las carreras mas socorridas en nuestras universidades, tanto es así que en 2016 el INEGI señala que había en México 342 mil abogados de los cuales 62.3% son hombres y 37.7% mujeres, a todos los cuales debemos de canalizar en función de las necesidades del país y dentro de la colegiación obligatoria.

Por ello a todos aquellos abogados que ejercen su profesión con orgullo y dignidad y su consigna es el respeto a la ley, mis congratulaciones.¡ Felicidades en nuestro día! O usted, convencido lector. ¿Qué opina?

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