María Dolores, una vida de esfuerzo, empeño y amor

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María Dolores Ruiz García, durante su jornada de trabajo en los baños públicos, después de 10 años de andar por las calles barriendo.

Por: Lupita Jaimes
Reportera

Chilapa, Gro., a 5 de Junio del 2016 (Síntesis de Guerrero).- Me case a los 14 años y llevo radicando en Chilapa desde hace más de 28 años, tengo 11 hijos, sólo una de ellos se ha logrado como enfermera, con todo mi esfuerzo, estudió en Guadalajara, es la mayor de mis hijas, María Dolores Ruiz García de 28 años, hoy en día está casada, me dio tres hermosos nietos y por haya se quedo a vivir, dice Celsa García Cortez con un tono que mezcla orgullo y nostalgia.
María Dolores Ruiz García, se dedica a barrer las calles de Chilapa desde hace 10 años.
Ruiz García plática con entusiasmo que ingresó a trabajar al ayuntamiento como barrendera durante la administración del perredista, Maclovio Ariza Acevedo. En ese entonces, cuenta, ganaba mil 200 pesos quincenales, con Alicia Zamora Villalva mil 463 pesos, con Sergio Dolores Flores mil 605 pesos y en esta nueva administración mil 628 pesos.
María Dolores trabaja de 2 de la tarde a 9 de la noche. Ella como otras trabajadoras aprendió a leer y a escribir durante el periodo de Alicia Zamora a través de un programa de alfabetización que les impartieron.
“En periódico de Alicia Zamora nos dieron clases para aprender a leer y escribir y siguió el programa con Sergio Dolores, pero no aprendí nada a pesar de que me enseñaban, me preocupaban mis hijos”.
“Desde temprano me levanto, hago de almorzar, la comida, lavar la ropa, atender a los hijos, mi casita es sencilla, no tengo lujos, sólo tengo una casa de lámina de albesto, con tablas y sólo una barda de concreto en la parte de enfrente, ahí vivismo todos, mis hijos y yo”.
“Lo poco que gano me tiene que alcanzar, tengo que pagar 120 a 190 de luz, cada dos meses, mi agua que es de 49 pesos cada dos meses”.
Se queda pensativa pero con una sonrisa me dice: “yo agradezco a la gente que me ha apoyado, me han regalado ropa, zapatos, cobijas y que nunca me han dejado, siempre he sido apoyada por mucha gente”.
Sin embargo, la vida de María Dolores Flores no ha sido nada fácil. “Cuando barría por las calles había cosas que me molestaban, la gente no tiene educación donde quiera tiran la busura sin importan la imagen de la ciudad, al fin la que barre las calles pasará por mi casa y barrera, con mis hijos a cuestas es pesado barrer las calles, el sol es intenso y no tienes descanso, cuando llueve con un naylon nos protegemos, no témenos protección y muchas veces nos mojamos”.
No obstante, en medio de la dif
​ic​​​ultad que enfrenta, ha encontrado la amistad.
“Lo más bonito que he vivido durante este tiempo, es convivir con Jovita, doña Maga, Estela, Braulia y Angélica, todas llevamos de comer y nos juntamos unos 10 minutos en el zócalo y compartimos nuestra comida, hay veces que llevamos frijoles, otras huevitos fritos, salsita con huajes o rabanitos, pero todas contentas comemos”.
Y con un tono de nostalgía dice: “lo que más recuerdo es el lugar que nos otorgaba el presidente municipal Maclovio, el Día de las Madres nos festejaba a las barrenderas y nos daba premios que nosotros necesitabas y cada una de nosotros algo se ganaba de la rifa que se realizaba, es bonito que aunque un solo día nos festejaba a las barrenderas”.
Al paso de la charla, recuerda que sus demás hijos no quisieron estudiar, pero de repente se pregunta a si misma, que quizás una de las razones fue que no tenía el dinero suficiente para darle estudio a todos, su hijo Carlos de 25 años, Silvia de 23, María Micaela de 20. Todos ellos ya se casaron y viven aparte, todos ellos, también, apoyaron para su hermana mayor estudiara su carrera de enfermería.
La sigo de un lado a otro, pues nos encontramos en su nuevo trabajo, ya que la pasaron después de 10 años de barrendera en las calle a los baños del Mercado Nuevo, donde trapea y trapea y la gente ensucia y ensucia, pero al menos dice sentirse muy contenta, ya no anda en el sol, ya no tiene que aguantar los insultos que algún ciudadano cuando barría en las calles.
Después de limpiar el piso, siguió con la limpia de los espejos, donde me miraba y me decía, “a un tengo mis demás hijos que estudian Pablo Nicolás está en la preparatoria, Jaime y Guadalupe en la secundaria, Alondra, Laura, y Jorge en la primaria mientras que la más pequeña de nombre Selena en el jardín de niños”.
Sigue platicándome, “cuando tuve a mis hijos nunca fui al doctor todos fueron partos normales y en casa, no permití que me viera o atendiera un médico, ahora porque tuve problemas de cáncer me atendieron médicos y aquí estoy bendito sea Dios.
Le pregunto cómo los mantiene, no contesta, prefiere seguir con su tema.
“Mis padres fueron Jorge García Godínez, que aún vive, y Julieta Carta González quien ya falleció, como madre me siento contenta puesto que yo fui hija única y nunca supe que era tener un hermano”, se rie y dice por eso tuvo muchos hijos, “pero soy feliz, convivimos, comemos lo que tenemos y ahorro con mucho sacrificio para poder tener donde vivir, dormir y así es mi familia”.
Sin embargo, le insisto y le pregunto como le hace para sostener una familia tan grande siendo que se encuentra prácticamente sola, toma su tiempo, piensa y me dice: “cuando uno quiere ahorrar se puede. Compro 250 pesos de maíz que equivale a cinco almudes y me duran un mes exacto, cada quincena compro 12 litros de frijol que me cuestan 120 pesos, 3 kilos de arroz, 8 bolsitas de sopa, dos tapas de huevo de 100, 4 aceites, un paquete de papel higiénico de 70 pesos y sólo dos veces a la quincena comemos carne, dos bolsitas de lentejas”.
Y su filosofía de vida es fácil, María no fija su vida en lo material, “No tengo lujos pero convivo con mis hijos que es lo principal”.
“Laura mi hija de 12 años, ahora ya me ayuda con la comida y el pequeño quehacer, fueron momentos duros y difíciles pero ya están pasando, sigo igual pero ahí la llevo, ahora ya cansada con 40 años, por el tiempo que he trabajado, con un horario de 7 de la mañana a 2:30 de la tarde”.
La observo y veo su mirada cansada, su pelo despeinado, sus manos muy maltratadas, sigue limpiando, no tiene canas, un cabello largo aún es negro, y una sonrisa que la caracteriza muy singular cuando se apura a limpiar, sus nuevas compañeras se llevan bien con ella y ella se acopla a su nuevo trabajo.
Insisto y le pregunto, ¿pero cómo es posible que tú sola los mantengas, acaso no tienes marido? Me mira y traga gordo, se queda callada y me da la espalda y se pone a limpiar los espejos de nuevo de los baños, se mira al espejo y voltea a verme, se queda pensativa y me dice mirándome a los ojos: “es como si no lo tuviera”.
“No quiero hablar del padre de mis hijos, pero nunca me ha apoyado, nunca me dio un peso porque no tiene trabajo, el estudio preparatoria”, no resiste y de pronto lágrimas brotan de sus ojos y se limpia con su ropa muy desgastada.
Le pregunto por su nombre, no me contesta; le pregunto porqué seguió con él si son muchos hijos y nunca la apoyó. “Antes te casabas y era tu marido tuviera o no tuviera dinero es tu marido”.
Llora y recuerda su vida marital, a mi también se me hace un nudo en la garganta al verla como se queda muda ante la mirada de la gente que entra a los baños, me vuelve a mirar a los ojos y me dice: “es uno de los tragos mas amargos de mi vida, el no tener ese apoyo que necesita una mujer, pero heme aquí sigo adelante”.
Sale de los baños sin decir nada. A distancia alcanzo a escuchar un muermullo: “cuídese”.

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