De Frente. Don Rosario Alegre del Campo

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Por: Miguel Ángel Mata Mata

EL AÑO DE HIDALGO CONTRA EL DE CARRANZA

«El año de Hidalgo» es una expresión popular en la política mexicana que se refiere al último periodo de una administración pública, en el cual algunos funcionarios aprovechan para desviar o gastar los recursos restantes antes de dejar sus cargos.

Este dicho se popularizó desde las décadas de 1970 y 1980 para referirse al último año. o incluso meses, de una gestión gubernamental, ya sea el fin de un sexenio, de un gobierno estatal o municipal, y en el que se lanza la consigna: “ &%3gue a su madre el que deje algo”.

El objetivo de los funcionarios gubernamentales es gastar todo el presupuesto asignado, o bien, apresurarse en el cobro de impuestos y ofrecer descuentos en el pago de éstos para no dejar dinero en las arcas municipales para la siguiente administración.

También se usa la frase “el año de Carranza» (por Venustiano Carranza), por «si el Año de Hidalgo no alcanza».

EN GUERRERO

Luego que la gobernadora, Evelyn Salgado Pineda ha presentado su quinto informe de labores, y que lo mismo han hecho casi todos los presidentes municipales de Guerrero, habrá que prestar atención por si acaso ´por ahí aparecen hidalguistas o carrancistas trasnochados.

Los que ya han aparecido son los que se ha sumado a lo que se ha llamado “La Cargada” rada y ya son desleales a quienes les dieron oportunidad ser convertirse en héroes del erario con el histórico argumento de que “El Rey ha Muerto. Que Viva el Rey”.

Es un vil oportunismo político en el que una congregación espontánea de personas o grupos que se unen o adhieren con empeño a un político, partido o candidato que ya tiene el poder. Se dice: «irse a la cargada».

Esto es que, ahora que ha concluido un proceso en el partido en el gobierno, muchos buscan unirse al equipo de a Beatriz Mojica Morga, como un proceso natural en que todos, pero todos, todos, olvidan su lealtad y desconocen hasta de nombre a quien fue su protector y guía.

El relato que enseguida ofrecemos ofrece una vivencia que les pasará a muchos ingenuos que se han creído el cuento de que el poder temporal que obtuvieron ha sido por su carisma, bonhomía, alegría, guapura, y no por el cargo que han representado.

No se engañen ahora que la realidad los llevará a su origen. Aquí, enseguida y sin costo alguno, les ofrecemos un caso de la vida real.

EL MEJOR AMIGO

Se llamaba Rosario Alegre del Campo. Portaba, con orgullo, digna barriga de buen comedor. Cohiba no era de cohibido, sino de fumador y a veces un buen Churchill terminaba entre su paladar y lengua dejando un aroma a buen tabaco. Era originario de Pungarabato, Guerrero.

Bebía Rémy Martin, de la zona Grande de Champagne, donde se producen los famosos VSOP y lujosos XO.

Uno de esos días helados de fin de año, cerca del Palacio Nacional, cuando la Ciudad aún se llamaba Distrito Federal, Don Chayo Alegre del Campo, como le decían sus achichincles, se presentó ante la secretaria particular del nuevo Secretario de Hacienda del recién estrenado gobierno de la República.

— “Dígame”, le preguntaron con melodiosa voz.

— “Vengo, señorita, a traerle un regalo al mejor secretario de hacienda que ha tenido este país desde la época del emperador Agustín de Iturbide. Y, como prueba de mis dichos, aquí le traigo dos presentes: un Remy Martin y una caja de puros Churchill, traídos directamente del Caribe”.

— “Está bien. Por ahí déjelos”, respondió la frialdad de la burócrata acostumbrada a todo tipo de halagos para su jefe en turno.

Y así, pasó un día, y pasó un mes. Es que la suerte estaba echada. La oficina adjunta a la secretaria del despacho se fue llenando, de a poco, de cajas de puros y botellas de cognac. Hasta que el jefe de la entumida secretaria descubrió la bodega y exigió una explicación:

— “¿Qué es esto, señorita? ¿Acaso usted es bebedora y fumadora empedernida?”

— “No señor. Estos cientos de cajas de puros y botellas de Cognac son de usted”, confesó, nerviosa.

— “¿Cómo es eso?” Le exigieron ampliar su explicación.

— Y explicó. “Desde hace seis meses, señor, todos los días, a las siete de la mañana, viene un señor llamado Rosario Alegre del Campo, del municipio de Pungarabato, del estado de Guerrero. Dice que eso es en reconocimiento al mejor secretario de hacienda que hay en México, o sea usted, desde la época del emperador Iturbide. Y que por eso deja esos presentes como prueba de sus dichos. Lo raro es que no pide nada a cambio, señor”.

— “¿Y usted duda de que yo sea ese mejor secretario de toda la historia de México?”, reclamó para obtener la respuesta con el miedo en la punta de la lengua y con el pescuezo amarrado con un nudo marciano.

— “¡No señor! ¡Cómo va a creer eso, usted! ¡Usted es el mejor! Ese señor tiene toda la razón.”

— “¡Pues desde mañana, cuando ese sabio señor Don Chayo, llegue, lo pasa de inmediato a mi oficina!”

— ¡Si, señor!

Y asi fue.

Don Chayo llegó ese primer día, el segundo, una semana, un mes, y hasta cinco años, puntual, a las siete de la mañana, con una caja de puros bajo el brazo y una botella de cognac en la diestra. Jamás bebió frente al secretario que, de vez en cuando, se echaba un alipus.

Todos, en la secretaría de hacienda, veían como Don Rosario entraba, cada día a las siete de la mañana, a entregar sus puros y su cognac al señor secretario. Jamás pidió un favor, dinero o contrato alguno. Se ofendió alguna vez que el señor secretario le ofreció un fajo de billetes para paliar alguna situación doméstica.

— ¡Jamás, señor secretario, ofendería la integridad de usted al recibir ese dinero del que haré de cuenta que no me ha ofrecido! Superó la prueba el regordete fumador calentano.

Y como todos veían que era recibido por el señor secretario, resulta que el gordo si visitaba a subsecretarios, directores y subdirectores de esa poderosa secretaría de hacienda ¿Quién osaría no abrirle a puerta al poderoso asesor?

Y ofrecía recomendar el excelente trabajo de cada uno de ellos con el señor secretario, a quien, decía, él le ofrecía asesorías gratuitas.

Y ahí si llegaron los favores, contratos, fajos de billetes y canonjías, bajo la promesa de que todo quedase en el mas absoluto de los secretos porque ¿Qué va a decir nuestro excelentísimo mejor secretario de hacienda en toda la historia de México?

E hizo fortuna gracias a los puros y las botellas de cognac.

Hasta que llegó al relevo y el señor secretario fue sustituido por otro economista de cuyo nombre no queremos acordarnos.

El incrédulo, ahora ex secretario, salió, a bordo de su automóvil, por la puerta del palacio nacional y al salir vio a su amigo Rosario que cruzaba la calle con una caja de puros y una botella de cognac en la diestra.

… ¡Mi amigo!, pensó. Míralo, ya he renunciado y me va a buscar para entregarme mis puros y mi botella de cognac, como todos los días. Eso es lealtad, no lo que me han demostrado los que me han despedido.

— ¡Deténgase, chofer, deténgase!

Bajó del auto sin importar detener la intensa circulación vial del centro de la ciudad. Corrió para alcanzar al regordete Rosario y exclamarle con los brazos abiertos: ¡Gracias, amigo Rosario, gracias!

“Ya me han despedido y usted va, como todos los días, a entregarme el reconocimiento como el mejor secretario de hacienda en la historia de este país ¡Gracias!

El gordo Chayo volteó. Lo miro de arriba abajo y le reclamó:

— ¿Quién es usted?

— ¿Cómo? ¿No me reconoces? Soy tu amigo, el mejor secretario de hacienda en la historia de México. Durante cinco años me llevaste puros y cognac, como esos, a mi oficina y platicábamos por largos minutos ¡Soy yo!

— “Perdóneme, cocho, pero yo, a usted, no lo conozco. Yo voy, apurado y atrasado, a saludar al mejor secretario de hacienda que ha tenido México, y que es mi gran amigo. Y como prueba de ello le llevo una caja de puros y una botella de cognac allá, a su despacho en palacio nacional. Asi que, deje de molestarme o llamaré a la policía”.

Allá voló el creído mejor ex secretario.

Moraleja.

¿Cuántos van, por este mundo, creídos de que los halagos a lo que representan son halagos a su personal vanidad?

¿Cuántos regalan dinero, poder y favores a quienes les halagan?

Estos casos suelen suceder cada relevo de gobierno. Cada tres, entre alcaldes y diputados locales y federales, y cada seis con senadores, gobernadores y presidentes.

Y luego, ni los conocen.

Cuidado con quien te halaga. Te quiere corromper.

Tan tan.

QUE CONSTE

MORENA permitirá que los aspirantes a las coordinaciones municipales se registren también como aspirantes a coordinar distritos federales y locales.

PARA EL CASO ACAPULCO, la dirigencia nacional del partido verde, aliado de MORENA, ha buscado al joven Yoshio Ávila, con quien desean charlar pues en trabajos que ellos han aplicado, el joven aparece como quien ganaría en cualquier sondeo que se aplique en el puerto. Le seguirían, en orden descendente, Leticia Lozano, Ricardo Salinas, Yoloczin Domínguez, Joaquín Badillo y, luego, los que cada quien quiera anotar.

A todos estos los inscribirán también como aspirantes a coordinar distritos locales y distritos federales, a fin de que puedan convertirse en candidatos a diputados locales y federales.

Hay otros nombres como el de Ricardo Possel y Alejandro Carabias, quienes buscarán coordinar los trabajos de la 4T en distritos locales. Al parecer serán sembrados en el distrito tres, local.

Para este asunto habrá una diferencia entre lo aspirantes: quienes actualmente ostenten caros de elección popular, podrán competir sin solicitar licencia a su cargo, mientras que los funcionarios públicos en funciones, deberán presentar su renuncia antes del día que se emita la respectiva convocatoria. Ese será el caso de Abelina López Rodríguez, quien será inscrita como candidata a diputada federal por la vía plurinominal, y seguirá al frente del ayuntamiento de Acapulco.

PREGUNTAS QUE MATAN

¿Alguien sabe qué ha pasado con el escándalo de los cheques sin fondo y cobrados con firmas falsificadas en el Congreso de Guerreroi?

Al parecer el silencio es la respuesta.

Así que: Ssssshhhhhiiiitóóónnnn.

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