Acapulco, Gro., a 25 de agosto del 2026 (SG). – Este lunes se dio a conocer a noticia de que una persona habría perdido la vida al salir de su casa y pisar un cable suelto, de alta tensión, abandonado por a Comisión Federal de Electricidad; hoy se sabe que ser trató de una niña que salió para dirigirse a sus clases a la Universidad.
Ser trata de una jovencita de apenas 20 años, estudiante de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro), quien caminaba por la colonia Llano Largo cuando pisó un cable con energía eléctrica expuesto en la vía pública.
Salió. Caminó. Pisó un cable. Y murió. Una estudiante. Una joven de 20 años. Una vida entera por delante. Esto no debió ocurrir.
Acapulco es una ciudad frágil, lo sabemos. Otis y John dañaron profundamente nuestra infraestructura. Pero esa vulnerabilidad no puede convertirse en justificación para abandonar riesgos que pueden prevenirse.
Precisamente porque conocemos nuestra fragilidad, las autoridades responsables tienen una obligación mayor: inspeccionar, identificar, reparar y retirar cualquier instalación eléctrica que represente peligro para la población.
No podemos normalizar cables caídos, postes deteriorados, registros abiertos, instalaciones eléctricas expuestas e inundaciones como parte inevitable de vivir en Acapulco.
Caminar por una calle no puede convertirse en una sentencia de muerte.
Y hay algo que debe encender todas las alertas: esto ocurrió durante una lluvia relativamente breve, no durante el impacto directo de un huracán.
Debe realizarse inmediatamente una revisión coordinada de postes, cableado, registros e instalaciones eléctricas en las zonas vulnerables de Acapulco. Y también debe investigarse esta muerte y determinar las responsabilidades correspondientes.
Hoy la UAGro perdió a una estudiante y una familia perdió a una joven de apenas 20 años.
Que mañana no sea solamente otra cifra. Que su muerte nos obligue a corregir lo que sabemos que está mal.
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