Historias de transporte litoral

No, no es lo de siempre, aquello a lo que estamos acostumbrados. El mar tiene un ritmo que todos conocemos: subir y bajar fielmente a lo largo del perfil de la playa, como si jugara a convencernos de que siempre cumpliría con la promesa milenaria de que, por mucho que subiera, tarde o temprano tendría que bajar. Sin embargo, al parecer el mar nos mintió.
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Por: Efrén E. García Villalvazo
No, no es lo de siempre, aquello a lo que estamos acostumbrados. El mar tiene un ritmo que todos conocemos: subir y bajar fielmente a lo largo del perfil de la playa, como si jugara a convencernos de que siempre cumpliría con la promesa milenaria de que, por mucho que subiera, tarde o temprano tendría que bajar. Sin embargo, al parecer el mar nos mintió.
Durante el último millón de año el nivel del mar ha experimentado variaciones que, desde una perspectiva humana, pueden parecer descomunales. Durante el último máximo glacial (hace aproximadamente 20 mil años), los glaciares alcanzaron su mayor expansión y el nivel del mar descendió hasta –120 metros respecto al nivel actual. Posteriormente, en el Holoceno temprano (hace unos 11 mil años), ocurrió una rápida transgresión que elevó el nivel del mar en +120 metros en apenas unos pocos milenios. Finalmente, en el Holoceno medio y hasta la actualidad (últimos 6 mil años), se alcanzó una relativa estabilización cercana al nivel presente.
Las transgresiones (incremento del nivel del mar) y regresiones (descenso) no son fenómenos desconocidos. Sin embargo, en el Antropoceno las afectaciones sobre la línea de costa tienen un nuevo protagonista: la sociedad humana. Hoy, con apenas unos milímetros de incremento anual en el nivel del mar, las consecuencias son graves para este nuevo actor que ha construido un tercio de sus ciudades capitales en las franjas costeras del planeta. Apenas ahora, cuando el fenómeno entra en una fase crítica es que se le presta la atención necesaria, sobre todo porque se le suma un proceso oceanográfico que ha cobrado gran relevancia en el Pacífico sur de México: los eventos de mar de fondo.
El mar de fondo consiste en trenes de oleaje de alta energía generados por tormentas lejanas, donde el viento sopla sobre la superficie del mar a lo largo de trayectorias muy extensas, inyectándole así una gran cantidad de energía. Se forman así estos trenes de olas enormes que pueden viajar miles de kilómetros, siendo que debido al calentamiento global las tormentas que los originan tienden a ser más frecuentes e intensas. Para los surfistas, este fenómeno es conocido como swell y es altamente apreciado por los practicantes de este deporte; para el resto de las comunidades costeras, en cambio, representa un desafío creciente.
Cuando estos trenes de oleaje alcanzan la costa, el ángulo de arribo de la ola se convierte en un factor crítico, pues determina el sentido en que la arena y otros sedimentos se desplazarán a lo largo de la playa en un proceso conocido como transporte litoral. En pocas horas, este proceso puede movilizar decenas de toneladas de sedimentos, sepultando y/o destruyendo todo tipo de construcciones en la franja de playa. Es por esto que la erosión costera se ha consolidado como uno de los problemas más comunes y preocupantes para el sector turístico y empresarial.
Se debe aceptar que entramos en una nueva etapa de construcción en zonas costeras que bien puede conocerse como la “era de las barreras”. Estas pueden ser terrestres (muros, enrocamientos) o marinas (rompeolas, espigones, arrecifes artificiales). Ambas son costosas, pero las marinas suelen integrarse mejor al paisaje y, en algunos casos, favorecen el desarrollo de la biodiversidad
Sin embargo, algunas de estas soluciones mal aplicadas suelen trasladar el problema a los predios vecinos: se conserva una franja de playa a costa de perder la del predio contiguo. El resultado es un brote de defensas que, al repetirse indiscriminadamente, transforma kilómetros de litoral en un feroz y silencioso campo de batalla, deteriorando con rapidez el atractivo turístico de las playas de arena.
Aunemos a esto que es común que los ocupantes de la playa de manera irresponsable traten de “robarle” un poquito más al mar avanzando sobre la playa marina, con lo que el ocupante se siente un poquito más como víctima al perder su playa “robada”. Solo basta observar imágenes satelitales en Google Earth para identificar múltiples ejemplos en todos los mares del mundo.
Otro camino posible es el conocido como de “soluciones basadas en la naturaleza”, en donde la propuesta principal es la de conservar las dunas costeras y su vegetación nativa asociada. Las dunas funcionan como reservorios naturales de arena que amortiguan la energía del oleaje y confieren resiliencia al perfil de playa. Aunque su aspecto no siempre resulta atractivo para proyectos arquitectónicos, su valor ecológico y protector es incuestionable.
En cualquier caso, tanto las soluciones naturales como las artificiales son temporales. Conforme aumente el nivel del mar y las tormentas se intensifiquen, su eficacia disminuirá. Esta es la nueva realidad de las costas: un escenario que redefine nuestra relación con el océano y nos obliga a replantear cómo convivir con su fuerza arrolladora.

Ocean. Efrén E. García Villalvazo
Proyecto SeaFinder
Asociación Pro Defensa de La Roqueta
Consejo Consultivo FONATUR
CANACO-SERVyTUR.- Cartera Sostenibilidad

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