Nacho

Llegaste puntual a las oficinas de la comisión estatal de los derechos humanos, a las once de la mañana. Los que ahí dicen trabajar, cerraron las puertas de la oficina y se marcharon, temerosos, tal vez, de deshacerse como los terrones de azúcar al mojarse. Porque seguía lloviendo afuera.
Ese Nacho, quien por todos abogaba, se encogió de hombros, tomó la foto como evidencia y nos marchamos. Por el camino pediste fotos con amigos periodistas, con una diputada del PRI ¿Del PRI? Si, del PRI.
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Por: Miguel Ángel Mata Mata

Yo no sé qué cosa es un coma diabético.

He leído que se trata de la pérdida de conciencia cuando los niveles de azúcar son muy altos. Incluso puedes quedar como dormido cuando caminas. Pierdes la conciencia, aun al caminar, te pones rígido y caes.

Tú eras diabético querido hermano. Lo eras. Ví cómo caminabas, te pusiste rígido y caíste, como en clavado, al vacío. Dos pasos mas y habrías caído en una jardinera. Dos pasos mas. Dos.

Dos días antes ejerciste tu profesión, abogado. Como hacías con cada injusticia, con cada movimiento social, con quien necesitaba de una mano solidaria.

Llegaste puntual a las oficinas de la comisión estatal de los derechos humanos, a las once de la mañana. Los que ahí dicen trabajar, cerraron las puertas de la oficina y se marcharon, temerosos, tal vez, de deshacerse como los terrones de azúcar al mojarse. Porque seguía lloviendo afuera.

Ese Nacho, quien por todos abogaba, se encogió de hombros, tomó la foto como evidencia y nos marchamos. Por el camino pediste fotos con amigos periodistas, con una diputada del PRI ¿Del PRI? Si, del PRI.

Compraste un jalador de agua. “Si no se lo llevó a Doña Tere me toca regañada”, dijiste.

En el camino hablamos de la decepción que te dejó ese partido de izquierda, al que le dedicaste años de lucha, sudor, lágrimas, esfuerzo y penas.

Tres veces te expulsaron de MORENA porque dijiste lo que pensabas. Porque reclamaste que cada vez se parecía a lo que se combatía:  las imposiciones, los fraudes, la corrupción, la injusticia y la colusión con el crimen.

Y tres veces volviste, pero juraste que no habría una cuarta por los pecados de la cuarta.

“Contra ellos luchábamos y, mira, lo que son las cosas. Hoy somos idénticos a aquellos”, nos dijiste.

Ibas triste por ello. Muy triste. Rechazaste la chela en el bar del centro y te refugiaste de la lluvia en casa. Ya llevabas el jalador de agua para que Doña Tere no te reprendiera y limpiar tu casa de escurrimientos que dejó la tormenta tropical.

Alguien, cuatro días después, cuando te bebiste de un golpe todas las estrellas, para no despertar jamás, nos confesó: “su decepción era tan grande que se reconciliaría con el PRI”.

¿Cómo no iba a estar decepcionado?

Desde que la izquierda llegó al poder, Nacho jamás recibiste la recompensa por tu constancia en la lucha democrática. Aun luchabas, desde una agrupación gremial de izquierda, porque te reconocieran una plaza en el organismo operador del agua.

Esos gobernantes izquierdosos te conocieron porque estudiaste derecho y porque te hiciste periodista crítico, hombro con hombro con ellos. Aun así, te enviaron a trabajar a las alcantarillas. Solo con presión sindical te reubicaron en una oficina de comunicación.

¿Amigos, compañeros de lucha? ja

Poca es la memoria que les queda a algunos cuando llegan a poder hacer algo mas que lo que pueden hacer el resto de los ciudadanos como, por ejemplo, poder joder al amigo de lucha. Como ha sido el caso.

Nacho fue testigo del enriquecimiento, hasta convertirse en millonarios, de muchos, a partir del manejo de recursos públicos. Alcaldesas, y alcaldes, le abrazaban como amigo. Pero un amigo distante, muy distante de los beneficios que les ha dejado el poder manejar recursos púbicos, en beneficio propio.

Esos compañeros de lucha fueron ingratos contigo.

¿Te acuerdas de la senadora Mojica? La que interpuso una demanda en tu contra porque le recordaste, en un cartón crítico, que ella dijo, de López Obrador, que jamás lo apoyaría pues no apoyaba proyectos autoritarios.

Pue por acá anda exigiendo justicia para ti. No sé por qué me acordé de aquella frase popular que exige dar apoyos en vida, hermano, en vida.

Tus amigos, los del sindicato rojo, con quienes aun luchabas por las causas justas, te impusieron un sobre nombre: Nacho, el anarquista, comunista y guadalupano luchador social. Tu fervor católico no lo escondías.

Ese día, nos confesaste, venías de una reunión en la colonia Hogar Moderno. Eras parte de un comité organizador para las fiestas de San Antonio de Padúa. De ahí venías. Contento.

En la mesa agradeciste el apoyo a tu hija Moni, quien ha integrado fenomenal colectivo de niñas que pintan murales y embellecen la ciudad.

“Lo que ellas hacen es construir un futuro muy hermoso, nos dijiste, que nosotros ya no habremos de ver jamás. Habremos muerto”, sentenciaste y recibiste, como respuesta, un “cállate, no andes invocando esas cosas”.

Cinco horas después partiste.

Yo no sé qué cosa te traías con eso de los muertos. Ni tu familia, a cuyos hijos, Nacho y Moni, heredaste ese talento y bonhomía que te conocimos. Tu sonrisa y talento la heredaste a tus hijos, Ignacio y Mónica.

Porque, habrás de saber, que nosotros ya supimos, que a veces le preguntabas a tu mujer:

— “Y si yo me muero, Doña Tere, ¿te volverías a casar?”

Y ella te respondía:

— “Depende de las circunstancias”, para correr a encerrarse en su habitación.

Y allá corrías y le cantabas a la puerta:

— “San Antonio, San Antonio, si yo muero, no permitas que Doña Tere se case”.

Y así, hasta que te decían: “Ni si quiera sabes cantar”.

Ese, querido hermano, es amor del bueno. Amor de un anarquista, comunista, guadalupano. Como lo fuiste tú.

Muchos dicen que hiciste la carrera de licenciado en derecho pero que jamás la ejerciste. Están muy equivocados o no te conocieron bien.

Abogabas por quien lo necesitó.

Recordamos que, hace algunos meses, ejerciste tu profesión ante el Fondo de Apoyo a los Periodistas. Debatiste, apoyado en la ley, y venciste en temas legales.

Esa vez, un grupo de jóvenes reporteros, proponían expulsar de ese fondo a los periodistas mayores a sesenta años y a quienes tuviesen un empleo en instancias de gobierno.

Te impusiste, nos dijiste, con un argumento sencillo: “como si ellos no fuesen a llegar a los sesenta”.

A la otra infamia respondiste: ¿Desde cuándo el periodismo es tan bien pagado que un salario sea un delito?

Eras abogado, de formación académica, y abogado por gusto. A quien te lo pidiese le ayudabas. Ejemplos vivos de ello hay muchos. Y por ahí andaban el día de tu funeral.

Te he de confesar que no pude hablar ante tu féretro. Como que algo se me atoró en la garganta y en la boca del estómago. Por fortuna por ahí andaba nuestro amigo Alfredo Ramírez e hizo lo correcto, a nombre de nuestro Club de Periodistas.

Alguien me ha preguntado que te describa.

Ahí te va, Tigre, mi descripción de ti. Es como lo escribió Antonio Machado:

Fuiste sutil, ingrávido, gentil. Como son las pomas de jabón.

Eso has sido tu, como una pompa de jabón. Que, hemos sido testigos tristes, se acaba de romper.

Amigo querido, como escribió Machado:

Todo pasa y todo queda

Pero lo nuestro es pasar

Pasar haciendo caminos

Caminos sobre la mar

Nunca perseguí la gloria

Ni dejar en la memoria

De los hombres mi canción

Yo amo los mundos sutiles

Ingrávidos y gentiles

Como pompas de jabón

Me gusta verlos pintarse de sol y grana

Volar bajo el cielo azul

Temblar súbitamente y quebrarse

Nunca perseguí la gloria

Caminante son tus huellas el camino y nada más

Caminante, no hay camino se hace camino al andar

Al andar se hace camino

Y al volver la vista atrás

Se ve la senda que nunca

Se ha de volver a pisar

Caminante no hay camino sino estelas en la mar

Hace algún tiempo en ese lugar

Donde hoy los bosques se visten de espinos

Se oyó la voz de un poeta gritar

Caminante no hay camino, se hace camino al andar

Golpe a golpe, verso a verso

Murió el poeta lejos del hogar

Le cubre el polvo de un país vecino

Al alejarse, le vieron llorar

Caminante, no hay camino, se hace camino al andar

Golpe a golpe, verso a verso

Cuando el jilguero no puede cantar

Cuando el poeta es un peregrino

Cuando de nada nos sirve rezar

Caminante no hay camino, se hace camino al andar

 

Hasta pronto, Nacho, anarquista, comunista, guadalupano, abogado, monero, reportero, periodista, hombre de izquierda.

Hasta siempre. Nos vemos pronto.

 

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