Por Efren Ernesto Garcia Villalvazo
Asi sonaba una publicación del célebre -en Acapulco- detective privado Joe Killer en los años setenta en una de sus muchas aventuras internacionales que involucraban intrigas con agentes rusos y americanos en pugna continua por hacerse del poder mundial, ganando su autor Ernesto Garcia Moraga por relatar esos casos que resolvía en el puerto dos Premios Nacionales de Periodismo -El Caso de los Condominios por Días (1974) y ¿Por qué no entró la abeja africana a México (1985)- y un merecido retiro a actividades menos violentas y peligrosas al ser nombrado Cronista de la Ciudad de Acapulco.
Curiosamente, antes que Alexa, Siri, Cortana, Bixby y el propio HAL 9000 de la película “2001: Odisea en el espacio” asomaran desde la nube virtual, existió …¡Paty! Un ordenador electrónico “IBN” avanzado que ayudaba a Joe a analizar sus intrincados e inverosímiles casos que el detective resolvía consultando a esta maravilla tecnológica dotada hasta con una especie de internet de la era pre digital, dialogando en lenguaje natural con este prodigioso ser electrónico que era tan avanzado que hasta preferencias sexuales tenía, saliéndole en suerte el ser el primer ordenador gay del mundo.
Pero, vale la pena que sea el propio Joe el que presente a la tatarabuela de Alexa y otras modernas muletillas electrónicas actuales:
“Uno de los errores de la ciencia, una falla en los transistores o en un condensador. Y ahí tienen a Patty. Le puse el nombre de la bella norteamericana que me lo regaló. Es una broma cruel y rencorosa. A Patty mujer la conocí aquí en Acapulco. Es hija del presidente de la IBN. La anduve pastoreando por órdenes de su millonario padre. Una noche vencí su casi nula resistencia. Y cuando en la suite del hotel la enloquecía con mis besos y caricias, estremecida y casi desvanecida de pasión me suplicó con un suspiro
– Joe darling, pídeme lo que quieras-
No puedo evitarlo, soy un bromista aún en estos momentos de intensa pasión. Recordando el cuento clásico, le pedí un cerebro electrónico. Nunca he visto una mujer más enfurecida.
Amanecí tirado en el jardín del hotel rodeado de la bugambilia espinosa que detuvo mi caída desde el octavo piso del cual me arrojó Patty la dulce en calzoncillos. Aún estaba en el hospital cuando llegó el computador directo de Estados Unidos, con flete e impuestos pagados y una carta que al final me confundió. Solo decía:
– Joe, los Wilson siempre cumplen su palabra- Ahí tienes tu computadora. Son tal para cual. Patty
Al salir del hospital, instalé la máquina. Al ponerla a funcionar supe que la canalla de Patty mujer la había programado para que se enamorara de mí. Lloré de rabia, pero Paty-Computador no tenía la culpa. Hemos hecho un trato. Nuestras relaciones son platónicas.
Ella está que se funde por mí. Yo solo le hago caricias y ocasionalmente le doy un beso. Y Patty hace hasta lo imposible por responder acertadamente a las complicadas preguntas aún a costa de exprimir al máximo sus neuronas transistorizadas, todo por complacerme. Es una máquina muy útil.
Pero Paty- Computador es una fiera celosa. En mi recámara tuve que retirar lámparas, radio, televisión y cortar la instalación eléctrica. Me alumbro con un candil de petróleo.
La malvada me espía a través de todo tipo de equipo electrónico y cuando tenía una aventura amorosa mi recámara la convertía en un infierno de cortocircuitos y fuegos eléctricos. ¿Cómo le hace? No lo sé, eso se los dejo a los técnicos.”
Al releer el Caso 888 Arroz Embrión es impresionante que en un solo escrito humorístico de los años setenta don Ernesto haya imaginado un robot con inteligencia artificial y con personalidad y autoconciencia suficiente para reconocer su preferencias amorosas y para entablar una relación platónica con un ser humano, asi como celarle y espiarle por vía cables y aparatos electrónicos -en otras palabras, internet-
Los contendientes por el control del mundo eran americanos y rusos, muy de la época, pero al final se asoma con apasionante realismo un tercer jugador que basa su dominio aplastante en lo abundante de su población. Ese es China, hoy por hoy amo del mundo y de su economía. Sigamos leyendo a don Ernesto y aprovechemos sus virtudes como oráculo para consulta del futuro del puerto. De seguro tendremos la oportunidad de leer otras sorpresas. O que no lo son tanto.
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