Javier Morlett Macho
Las consecuencias económicas de este modelo de apoyos económicos directos, ante la desolación que nos dejó el huracán OTIS, aunque ha paliado en el corto plazo las necesidades más apremiantes, ha repercutido de manera desfavorable en la recuperación futura de la ciudad.
Acapulco ha visto florecer diversos fenómenos económicos nunca antes vistos: Cientos de miles de personas de pronto tuvieron en sus manos dinero en efectivo, algunos solo recibieron y se conformaron con 8 mil pesos, pero hubo quienes con astucia lograron acumular hasta 100 mil pesos. Cantidades de dinero que nunca soñaron tener. Con tal cantidad de efectivo en la billetera, no se necesita trabajar, la cultura del esfuerzo necesaria para levantar a una ciudad en ruinas se ha diluido.
La rapiña posterior al huracán generó un mercado muy prospero de productos robados. En algunas colonias apartadas de la ciudad, algunas familias ocultan y venden en sus viviendas gran variedad de productos diversos de alta calidad. Usted puede comprar una bolsa, un vestido, o un electrodoméstico a un 10% de su valor en el mercado.
Los enseres fueron un alivio para miles de acapulqueños que perdieron su refrigerador estufa y cama, pero la entrega indiscrimada de estos bienes propició el acaparamiento y el posterior mercado negro de enseres. En este momento muchas personas viven de la venta de refrigeradores, colchones y estufas, a precios muy por debajo de su valor real.
Los vales de despensa se convirtieron en otro mercado muy lucrativo, porque ante la saturación de despensas, las familias pudieron darle un valor cero a las latas de atún, frijoles, arroz, lentejas, etc. A los dos meses y después de recibir tantas cajas con alimentos, los alimentos eran desechados, lo realmente valioso de las cajas de despensa eran los vales para comprar en los supermercados, y con ello tener acceso a productos no indispensables y de precio alto. Los vales para despensa por valor de 500 pesos, usted los podía adquirir en 150 o 100 pesos.
Los acapulqueños hemos recibido durante 4 meses apoyos económicos, de forma masiva, desordenada e indiscriminada, por ello ahora la mayoría dejo de trabajar en lo que normalmente hacía para dedicarse las nuevas actividades económicas informales que tendrán una duración muy corta.
un caso particularmente extremo de la miseria humana es la venta de «espacios» en la fila para censarse o recibir los apoyos del gobierno federal. Basta una piedra en la fila para poder cobrar por ese mínimo esfuerzo y espacio entre 1000 hasta 300 pesos según la cercanía con la primer posición.
Este modelo de ayuda a damnificados no tomó en cuenta que Acapulco padece de anomia social, y por lo tanto no cuenta con el espíritu emprendedor ni resiliencia para resurgir de su tragedia. El «modus vivendi» de la población se ha enfocado en dedicarse a esos mercados informales, que distorsionan los precios de mercado, abren enormemente la brecha entre demanda y oferta de empleo y crean las condiciones sociales para la protesta en cuanto los recursos que sostienen estos mercados informales cesen. En palabras mas duras: Los acapulqueños no están enfocados en reconstruir su ciudad sino en aprovechar el caos a su favor, no existe el espíritu colectivo, sino el egoísta. será difícil que un acapulqueño quede conforme con el hecho de que su vecino de pronto se hizo rico, cuando ambos sufrieron la misma calamidad. Vamos a la protesta !! yo también quiero mis 40 mil pesos y mis enseres y mis 20 tarjetas, aunque a mi casa no le haya pasado nada
Por eso se la gente bloquea las calles en estos días, pronto tendrán que decidir si dedicarse a robar, pedir limosna o emigrar.
Comentarios
comentarios
