La convención bancaria regresa a Acapulco

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Por: Miguel Ángel Mata Mata

HACE CUATRO MESES.

Fue hace cuatro meses.

Las cicatrices se niegan. El llanto sigue ahí, a punto de saltar del lagrimal a los cachetes. A punto de recordarnos nuestra intensa fragilidad.

Lloramos, a la mínima provocación.

Quien lo niegue es rapiñero.

LOS RICOS

Hoy sabemos que los vientos del huracán tuvieron una intensidad de casi cuatrocientos kilómetros por hora. Lo que esos vientos llevaban se convirtieron en proyectiles que destruyeron todo a su paso.

Todo.

La mayor intensidad de vientos y proyectiles se registró en el Acapulco de los ricos, el Acapulco Diamante. Allá los edificios parecieron de un papel de china que fue barrido como las hojas de otoño por los vientos del invierno de febrero.

Allá, las propiedades, que valían millones de dólares, fueron destruidas. Sus propietarios aun luchan con la ignominia de empresas aseguradoras que se niegan a pagar lo que Otis destruyó.

Comparemos el llanto de los ricos con el de los pobres de las zonas rurales y populares a quienes el viento quitó sus casas. En un instante, ese llanto salado los igualó.

Aunque ya nada es igual, Otis nos igualó. A todos.

Fue la noche del 24 al 25 de octubre. No lo olvidaremos.

LA BUENA FE DE LOS APOYOS Y LA REALIDAD

Llegó tarde. Casi un mes después del desastre. Pero llegó.

Hizo lo que ningún otro gobierno ha hecho: dar dinero a los damnificados por un desastre natural. Nadie, nadie lo había hecho antes.

Pero…

Los ochos mil pesos para limpieza. Los otros trece mil quinientos, y otros trece mil quinientos, mas las despensas y los enseres, distribuidos mediante vales y cupones, mediante convocatorias públicas, crearon filas, filas, filas interminables y… trampas.

Y todos aplauden. Agradecen. Reconocen y… ¿Luego?

La buena acción del gobierno federal, inspirada en la buena fe, ha roto la cadena de valor de la planta productiva en Acapulco.

Los beneficiados con el noble gesto del presidente han respondido de una manera sorprendente: han abandonado sus centros de trabajo.

Los restaurantes se han quedado sin meseros, garroteros, cocineros.

Los pocos hoteles abiertos sufren por la ausencia de camaristas, bell boys, limpiadores de albercas, jardineros.

La rama de la construcción, fundamental para la reconstrucción, sufre para con seguir empleados.

Ni los que limpian los parabrisas en los cruceros de la ciudad ofrecen sus servicios.

Todos, pero todos, se integraron a la industria de las despensas y al bloqueo de calles para presionar al gobierno federal para que éste, con buena fe, tire mas dinero.

La hueva colectiva rompe, de a poco, la economía de Acapulco.

¿Se han preguntado qué carajos pasará a principios de marzo, cuando la buena fe cierre la llave del dinero?

Mientras ese día después llega, la planta productiva parece narcotizada con tanto flujo de efectivo, la venta de despensas, luego que le han abortado la tarjetita con seiscientos pesos y en las redes aparecen las ofertas de paquetes enteros de enseres “a muy buen precio”.

LO QUE SIGUE

Podríamos llorar, llorar y llorar.

Podríamos llenarnos de vergüenza por quienes venden los enseres de la ayuda del gobierno federal o tiran las despensas a la basura, una vez que han extraído la tarjeta de a seiscientos pesos.

Podríamos señalar a quienes, en autos a todo lujo, hacen filas para llenarse de esos recursos.

¿Si no los necesitan, por qué no permiten que llegue esa ayuda a las zonas pobres de Acapulco?

Podríamos tomar partido en contra. A favor.

Podríamos empezar una campaña para ser regidor, diputado, alcalde, diputado federal o rey feo de la calle, mientras la tragedia aun no deja que cierren nuestras heridas.

Podríamos hacer tantas cosas.

Podríamos, inclusive, hacer una cara dura.

EVELYN SALGADO

“Es la economía, estúpido”.

Esta frase se hizo famosa durante la campaña presidencial de Bill Clinton, por la presidencia de Estados Unidos: es la economía.

Este efecto narcotizante a la economía de Acapulco, a partir de una acción de buena fe del presidente, y que ha roto la cadena de producción en el puerto, si tiene remedio.

Se trata de reactivar la economía. De alentar a la cadena de producción para que retome ese ritmo como el de las olas, que van, vienen, regresan y retornan.

El ruido que hacen los miles de aspirantes a la administración de recursos públicos, en beneficio propio, no ha permitido que luzcan dos eventos que aportarán a la reactivación de la economía.

LO HIZIO.

Evelyn Salgado logró la realización del Mex Tenis, en las canchas de ese Acapulco de los ricos, el Acapulco Diamante.

Aun de mayor importancia es el anuncio de que la Convención Bancaria regresa al puerto.

Esas dos noticias, opacadas por el ejército de aspirantes a cualquier cargo de elección popular, incluido el de Cara Dura del Pueblo, son batazos de a libra para comenzar ahí, donde debe comenzar la reconstrucción, en la economía.

Algunos sostienen que el Mex Tenis y la Convención Bancaria serán un fracaso porque aun no hay hoteles disponibles.

Pero no. No es asi. Ambos eventos son el inicio de lo que debe hacerse. Es la vía correcta.

Por eso, a esos, que se enredan con cualquier candidato, habrá que recordarles:

— “Es la economía, estúpidos”.

QUE CONSTE

1.

El fin de semana se llevó a cabo la segunda encuesta para definir al personaje que será el coordinador de los trabajos de la Cuatro T en Acapulco. Los finalistas fueron Yoloczin Domínguez Serna y Abelina López Rodríguez.

2.

Con la novedad que la frase de Zorrilla es vigente:  “Los muertos que vos matáis, gozan de cabal salud”. El comité estatal del PRI, y el senador Manuel Añorve, han llevado a cabo, con éxito, la reestructuración de comités municipales de su partido en las zonas centro y Costa Chica. Traen gente. Traen gente.

3.

Javier Taja será candidato a diputado federal por Acapulco. Ya anda en campaña el joven morenista.

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