Crónica: Los males encadenados
Por Abel San Román Ortiz
Del latín terrorem, terror, miedo muy grande e intenso, de seres, situaciones y circunstancias que lo provocan. El adjetivo terrorífico, de lo que aterroriza. El terrorismo, dominación por el terror, de tiempo pasado al presente. El terrorismo, de la violencia, por el terrorista que provoca una terrible acción.
En sinonimia, terror es miedo, espanto, horror, pavor, pánico. Y aplicable el adjetivo terrible por lo espantoso, terrorífico, horrible, aterrador, por situaciones o circunstancias de lo trágico existencial que padecen o han padecido seres en regiones terrestres, sea por una acción violenta, o accidentes registrados con muertes.
La palabra terrible también se aplica al ser intratable, áspero. Más terrible es una desgracia sufrida, desmesurada o atroz. Y se provoca el pánico, , terror o miedo muy grande, generalmente colectivo.
El miedo, perturbación angustiosa del ánimo ante un peligro real o imaginario, y por el temor o recelo que suceda algo contrario o adverso al deseo de vivir en paz, tranquilidad y armonía. Con locución latina: Omnia vincit amor, el amor todo lo vence. Menos al odio, sentimiento que impulsa a desear el mal de alguien o alegrarse de su desgracia.
Odio es antipatía, aversión, repulsión, inquina, aborrecimiento, malquerencia, encono, rencor, saña. El odio es una pasión ciega y arraigada en el corazón viciado por el capricho, por la envidia y/ las malas pasiones ¡Qué viva el amor!, grito triunfal en letra musical. El amor, palabra abstracta, muchos prefieren llamarle el querer, tiene como enemigo al odio, contrario al sentimiento de estar unidos, y no separados por los impulsos de hacer un mal o daño moral y físico.
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