Crónicas de Abel San Román Ortiz

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Crónica: El mejor regalo

ABEL SAN ROMÁN ORTIZ

El mejor regalo para niños, es el que los hace felices: Bienestar en el hogar; la mejor herencia que le dan sus padres, la educación, y protegerlos y cuidarlos de todo mal, una enfermedad, y/o de todo peligro que acecha también a la niñez. Y por los niños en su festivo día el 30 de abril, citemos una de las frases célebres del escritor chino Lin Yutang: “La felicidad es la más grande de todas las virtudes morales”.

Los niños, con las emociones definidas de la alegría y la tristeza. Miro a niñas y niños jugar con sus juguetes, alegres, juegan, corren, ríen y sonríen de felicidad. Y veo a niños con la tristeza reflejada en sus rostros, sin juguetes, arrugan la frente. En paupérrima condición, muy pobres, sus padres afligidos para darles alimentación, y protegerlos en salud por una enfermedad, y para darles educación. La penuria, un mal destino para niños migrantes que patentizan en sus rostros, la tristeza, por el sufrimiento que les provoca un largo recorrido por regiones, con la escasez de alimentos y agua o refresco que no llevan sus padres.

Alegría, por todo lo bueno que reciben los niños, y tristeza, por todo lo malo que padecen. Los niños asimilan lecturas de vida, buenas y malas. Niñas y niños muy inteligentes con la curiosidad de conocer, el por qué, de las cosas buenas y malas que suceden. Niños disfrutan de la armonía amistosa, y son testigos de la discordia entre personas o grupos antisociales. Los males encadenados, de todo lo que daña o afecta, los padecen niños. En el caótico mundo-Tierra, se desea para los niños, un mundo feliz.

De la utopía imaginaria “Un mundo feliz”, del escritor británico Aldous Huxley que describe en un clásico de la literatura utópica al mundo moderno ¡Qué mundo, Señor! Utopía, obra del humanista inglés Tomás Morro, de una concepción imaginaria sobre una sociedad ideal en que las relaciones humanas sean armoniosas. Irrealizable, por la discordia, el rencor, el odio, que también afectan a niños que pagan culpas ajenas.

Y un regalo poético de Juan de Dios peza, nacido en la ciudad de México, tit6ulado “A mis hijas”: “Vosotras sois las inocentes flores nacidas de ese mar de la ribera; la sorda tempestad de mis dolores sirve de arrullo a vuestra edad primera…” Y para aliento de niños que ya saben leer, y disipen penas con una sonrisa, venga el poema de Vicente Riva Palacio, también nacido en la capital de México, “A mi madre”, que nos hace reír con placer: “Al recordar tu celestial cariño, de mis cansados ojos brota el llanto, porque pensando en ti me siento niño…” El llanto con primera lágrimas de un niño que al nacer recibe una nalgada, de médico, enfermera o partera, para verificar su estado de salud ¡Qué vivan los niños!

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