Por Juan Manuel Millán
Entre quitarle «la idea de pueblerino» hasta remodelarlo con «una visión minimalista», el zócalo de Acapulco ha sido motivo de hurto y simulación de las últimas cuatro administraciones municipales y dos federales.
El zócalo es la cara bonita de una ciudad; su mercado y su gastronomía, toda su fisionomía; pero el de Acapulco no deja de ser motivo de vergüenza para el turista que lo visita.
Los accesos por Jesús Carranza, Hidalgo y las escalinatas del viejo Palacio Municipal, dónde se encontraba el antiguo café Astoria, hieden a agua de riñón, a excremento tanto de humanos como animal, pululan los pordioseros y abundan los retrasados mentales; como si la responsabilidad de retirarlos fuera del altruista Gustavo Téliz.
Para las últimas 4 administradores municipales (Luis Walton Aburto, Evodio Velazquez Aguirre, Adela Román Ocampo y Abelina López Rodríguez) no fue una prioridad la limpieza, el ordenamiento urbano, la aplicación de un programa de reubicación de comerciantes semi-fijos, porque, según la propia burocracia de Vía Pública, «esos los controla la maña».
Esto quiero decir que toda remodelación encabezada por el gobierno, del color que sea, tiene que ser consensuada con la maña.
Y es que con bombos y platillos se ha venido anunciando la construcción del kiosko, kiosco o quiosco (de cualquier forma está bien escrito), aunque primeramente se hizo el anuncio que tendría un costo de 15 millones de pesos y aún no se ha dado la primer palada y ya le aumentaron a 20 millones de pesos.
Lo cierto es que este nuevo kiosco, copia del anterior que autorizó destruir en la madrugada del 15 de octubre de 2014 el ex alcalde Luis Walton Aburto, y que fue una réplica del construido en Tlaquepaque, Jalisco; con los mismos materiales, según expertos, tendría un costo de dos millones de pesos. Así como se escucha: Dos millones pesos!!. Y ya exagerando, con los insumos o material importado de otro estado, no podría pasar de 3 millones de pesos.
Luis Walton, actual promotor de la candidatura de Marcelo Ebrad y hermanado con la actual alcaldesa de Acapulco, Abelina López (algo raro, como mezclar la nata con la tlayuda) fue el cómplice de la destrucción del anterior kiosco, pues, según dijo, «tenemos que cambiarle a Acapulco esa imagen de pueblo por algo más moderno».
El kiosko que destruyó el gobierno de Peña Nieto con el apoyo de Luis Walton, tendrá un valor sobre estimado de 15 millones por el gobierno de Abelina.
Aquel fue construido por el ex alcalde Febronio Díaz Figueroa, por ahí del año 1978 (antes hubo otros dos más sencillos), ya que los quioscos llegaron a México en 1878, construidos por vez primera en Francia.
En el sexenio de Enrique Peña Nieto y a la vez trienio municipal de Luis Walton y Evodio Velazquez Aguirre, el zócalo de Acapulco sufrió, decían, «una intervención quirúrgica mayor por parte del gobierno federal, a través del Fonatur, cuando invirtieron 35 millones de pesos en jardineras, loseta y cambios de tubería.
Fue precisamente el sobrino del director general de Fonatur, Alonso Reyes Vidal el que metió la empresa constructora que remodeló el zócalo. Todo quedó en familia, pues.
Sin embargo, como el gobierno de Evodio no tenía vela en el entierro, buscó la forma de que si la tuviera y a través de la mano de obra de la CAPAMA y si tuvo injerencia en el asunto.
La obra tenía que dejar un «valor agregado» al municipio y Evodio se adelantó comprando tubería procedente de China. Empero el material no cumplía con la Norma Oficial y fue rechaza (de hecho era de mejor calidad que la tubería empleada en México)
Sólo Evodio supo cómo recuperar esa millonaria inversión en tubos de origen chino. Lo cierto es que la tubería del drenaje que se cambió fue con un trabajo deficiente, pues la calle Hidalgo esquina con José María Iglesias despide un olor nauseabundo, insoportable.
Al menos el adoquinado al parecer fue bien aplicado, ya que continúa sin levantarse.
La remodelación del zócalo continúa siendo la manzana de la discordia en el gobierno de Adela Román.
En diversos medios informativos y en su discurso de campaña, la señora Adela ofreció hacer una verdadera remodelación del zócalo. Incluso ofreció derribar todo los muros de la terminal marítima que impiden la visión de los paseantes.
La primer edil se refería a todos los pisos en dónde se almacenan los vehículos de exportación y bardas, bajo la custodia de la Administración Portuaria Integral, actualmente a cargo de la MARINA.
Cuando Adela pronunció su discurso frente a la estatua de Juan R. Escudero, mudo testigo de su imprudencia y falta de oficio político; uno de los presentes_ al escuchar la firmeza con el que decía su discurso la alcaldesa, al asegurar que iba a reubicar a los ambulantes del zócalo_ expresó:
«Uff!! Vamos a ver si la deja la maña».
Adela sólo dejo en manos de su sobrina Adriana Román Ocampo, la construcción de baños en el zócalo bajando las escaleras del antiguo palacio municipal.
Y es que su sobrina, como directora del DIF, no rendía cuentas a nadie y tampoco fue auditada ni por el Cabildo ni por el Congreso.
Durante su gobierno no hubo reubicación, ni remodelación, ni mucho menos llegaron los millonarios recursos que según le ofreció el presidente Andrés Manuel López Obrador, previos a la edición del Tianguis Turístico de Acapulco.
A la siguiente edición del Tianguis le tocó participar a Abelina López y fue hasta el pasado 3 de octubre de 2022, que hizo el anuncio en el zócalo de que arrancaban las obras del zócalo, específicamente del Kiosko.
Hasta el momento no hay maqueta informativa de esa obra. Mucho menos se podría esperar que la socialice con los acapulqueños, como en su momento lo hizo don Febronio Díaz Figueroa.