Historia de un crimen inventado

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Por Carlos Murueta

La semana pasada me contactó un colega y amigo para solicitar una consulta profesional sobre la responsabilidad penal que podría enfrentar por un asesoramiento legal indebido. Me contó que en el 2016 lo recomendaron para ayudar a una persona en un asunto laboral. Atendió al cliente y éste comentó que su esposa trabajaba para un personaje político. Él ya no quería que continuara colaborando con él, mas no aceptaban su renuncia y tenían miedo de desperdiciar su tiempo en una demanda, pues dicho político era muy influyente y por ello temían perder el juicio laboral. El cliente preguntaba entonces qué más podría hacer para doblegarlo. Desafortunadamente, mi colega admitió sugerir que lo acusara de acoso sexual, una cuestión grave que iba a perjudicarlo; incluso más si lo acusaba de violación. Al final no se encargó del asunto laboral ni del asunto penal. Pero el mal ya estaba hecho.
Tal como le comenté a mi colega, simplemente asesorar, sin tomar ninguna acción al respecto, no conlleva ningún tipo de responsabilidad, pues no había narrado hechos falsos ni desahogado pruebas igualmente falaces, lo cual originaría una responsabilidad profesional y criminal.
Por cuestión meramente profesional no pregunté el nombre del cliente ni del personaje político, pero al igual que a Félix Salgado Macedonio, se le acusa de los delitos de acoso sexual y violación, que supuestamente perpetuó tres veces contra la misma persona. De entrada es un poco difícil de creer. Sin embargo, resulta complicado defenderse de este tipo de delitos ocultos. En la propia denuncia se aprecia que no existen datos claros de modo, lugar o circunstancias, sobre todo, no se entiende cómo pudo suceder algo tan grave en tres ocasiones consecutivas y sin previa respuesta. Desconozco si para este caso existió un juicio laboral, si éste terminó o se liquidó por acuerdo de las partes. Todo esto ayudaría al esclarecimiento del asunto en cuestión.
La violación, el acoso sexual, la violencia intrafamiliar o de género son delitos que aborrecemos en la sociedad mexicana y que deben castigarse con todo el peso de la ley; siempre y cuando dicho hechos existan y sean verídicos, no inventados. Pues, justo como resulta indignante cualquiera de los delitos enumerados, sin duda también lo es un inocente desprestigiado y encarcelado por un crimen que no cometió.
El fiscal delante de la Fiscalía General del Estado de Guerrero en ese tiempo declaró en una entrevista que la carpeta está totalmente integrada y lista para judicializarse, lo cual lo dudo mucho. En primera instancia, porque nunca se ha citado a declarar a los involucrados como, por ejemplo, a la persona que aseguró recibir una bebida con una sustancia, o los propios empleados de lugar de trabajo. Y, sobre todo, porque actualmente, aun sin la voluntad de la fiscalía del estado, el agraviado pudo acudir en tiempo y forma directamente al juez de control o promover un amparo para que dicha carpeta se judicialice, lo cual tampoco sucedió.
Ahora la fiscalía no necesariamente puede o debe judicializar una carpeta de investigación. Tiene la facultad de mandarla a consulta de no ejercicio de la acción penal cuando en los hechos narrados no se advierte una narración cronológica de modo, tiempo y circunstancias, o la persona agravada no aporta pruebas tendientes para comprobar su dicho. La fiscalía puede entonces ordenar el archivo definitivo de la indagatoria, por no existir pruebas o elementos para demostrar el delito.
Todos estamos expuestos a que se presente una demanda en nuestra contra, pero la simple presentación de una denuncia penal, por más grave que sea, no puede vulnerar nuestros derechos constitucionales y nuestros derechos humanos; tampoco implica que seamos culpables. Hoy mismo podrán aparecer denuncias del mismo tipo contra cualquiera de los otros aspirantes a la gubernatura de Guerrero, Walton o Pablo, y no por esa razón deberíamos descalificarlos o satanizarlos de inmediato.
La cuarta trasformación que encabeza Morena debe serenarse y fortalecerse. Si las encuestas que el partido maneja han dado como triunfador a Félix Salgado Macedonio, indudablemente nos corresponde legitimar y respetar su candidatura. Y siendo Pablo Amilcar Sandoval uno de los pilares de cuarta transformación en Guerrero, también nos gustaría verlo como presidente municipal de Acapulco y posteriormente como gobernador, una labor incluso más compleja e indispensable para la consolidación del proyecto de Andrés Manuel López Obrador.

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