Contexto Político. Chilpancingo y la segunda alternancia en 2021

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La mayoría de los politólogos coinciden que la alternancia política “es el cambio o la sustitución de un grupo gobernante o partido político, de manera pacífica y acorde a las reglas electorales”; y, por otro, “que procede de un partido político distinto al que gobierna, y esto es producto de un proceso electoral en el que compiten los candidatos y el pueblo ejerce su derecho de voto”, en términos democráticos.
En México se han producido tres alternancias en lo que va del siglo XXI. La primera ocurrió en el 2000 con Vicente Fox Quesada, quien abanderó la alianza PAN-PVEM y que sacó de Los Pinos al PRI luego de 70 años en el poder; la segunda en el 2012, en el que los electores le volvieron a dar la oportunidad al PRI para gobernar México –a través de Enrique Peña Nieto–, y la tercera en el 2018, año en que los mexicanos, más que votar por Morena, acudieron a las urnas para manifestar su hartazgo hacia los partidos tradicionales (PRI, PAN y PRD).
A nivel estatal, se han registrado dos alternancias políticas: la de 2005 con Zeferino Torreblanca Galindo, candidato de la coalición “Guerrero será mejor” (PRD-Convergencia-PRS), que sacó al PRI de Casa Guerrero, y la de 2015 con el priista Héctor Astudillo Flores, quien derrotó al PRD y recuperó para su partido el poder.
Tanto en las elecciones estatales y federales ha prevalecido un ambiente pacífico. Lo único cuestionable es que, cuando los partidos de izquierda pierden una elección, alegan fraude. Y cuando ganan, celebran que hay democracia.
El PRI y el PAN, a pesar de los descalabros electorales, han demostrado madurez política. Y cuando les va bien en las urnas, sus candidatos siempre llaman a la unidad, al trabajo y a la reconciliación social.
En Guerrero, por ejemplo, las dos veces que Félix Salgado Macedonio contendió por la gubernatura a través de las siglas del PRD (1993 y 1999) siempre alegó que le hicieron fraude y desconoció a los que lo derrotaron en las urnas.
En 2015, algo similar ocurrió con el ex priista y neo perredista Antonio Gaspar Beltrán, quien al perder la elección en Chilpancingo, se quejó de que Marco Antonio Leyva Mena y el PRI “le robaron” la Alcaldía capitalina. Tres años después y ante un PRI desacreditado por los errores cometidos por Leyva Mena al frente de la administración municipal, festejó el triunfo que le dieron los ciudadanos que confiaron en su proyecto político y en que denunciaría las irregularidades financieras cometidas por su predecesor.
Para el Dr. Ignacio Marcelino López Sandoval, catedrático de la Universidad Autónoma Metropolitana, “la alternancia política no solo implica cambios de personas o partidos políticos en el poder, sino también es un proceso que permite reforzar la confianza en las instituciones electorales y políticas de las democracias representativas. Sobre todo, en sistemas que se encuentran en el desarrollo y consolidación de reglas democráticas”.
Desafortunadamente, algunas alternancias políticas son una total simulación, ya que cambia el partido en el poder, pero los personajes que rodean al nuevo gobernante son parte del viejo régimen. Y lo vemos en todos los niveles de gobierno.
En efecto, el 30 de septiembre de 2018 Antonio Gaspar rindió protesta como presidente municipal e inauguró la alternancia en Chilpancingo, en un evento en donde se dieron cita algunos de sus entonces aliados y colaboradores, representantes de los tres poderes públicos de la entidad, miembros de la sociedad civil, representantes del clero y de las fuerzas armadas, legisladores y dirigentes partidistas.
En dicho evento –realizado en el auditorio estatal “Sentimientos de la Nación” y en el que no asistieron siete regidores y el síndico procurador– y fiel a su estilo, Gaspar Beltrán lloró y pidió perdón a los chilpancinguenses por los agravios de los últimos gobiernos municipales; olvidando que él fue parte de uno de los últimos gobiernos que supuestamente agraviaron al pueblo de Chilpancingo.
Han transcurrido prácticamente dos años de aquel episodio que marcó la vida política de la capital del estado. Dos años de la primera alternancia en Chilpancingo. Dos años de un gobierno perredista que improvisa en el ejercicio del poder y que no tiene brújula.
La mayoría de los capitalinos coinciden que en 2021 habrá nuevamente alternancia política en Chilpancingo, ya que el PRD no repetirá en el poder.
Algunos diputados locales de Morena ya se frotan las manos y se ven despachando desde ahora en el Palacio Municipal. El gran problema de los soñadores de marras es que Andrés Manuel López Obrador ya no aparecerá en la boleta electoral. Por lo que ya no tendrán un mesías que les haga campaña y les regale otra victoria en las urnas.
En 2021 ganará la Alcaldía de Chilpancingo el que le haya construido e invertido en una estructura electoral en las colonias y comunidades, y el que amarre importantes alianzas con los diferentes sectores de la sociedad y no esté señalado de tener relaciones con grupos criminales.
El PRI no está muerto electoralmente. En Chilpancingo tiene varios prospectos. Y el más visible es Jorge Salgado Parra, un joven político con amplia experiencia legislativa y que ha demostrado en dos ocasiones ser competitivo en las urnas.
Recordemos que fue diputado local por el distrito XV –hoy distrito 02– de Chilpancingo (2008-2012) y diputado federal por el distrito 07 (Chilpancingo, Coyuca de Benítez, Tixtla, Quechultenango y Mochitlán) en 2012.
Y no sólo eso. Jorge Salgado tiene experiencia en la administrativa pública, pues al inicio de la administración del gobernador Héctor Astudillo Flores, fungió como director general del Instituto Estatal para la Educación de Jóvenes y Adultos de Guerrero (IEEJAG), cargo que dejó en 2018 luego de ser incluido por el PRI en su lista de diputados locales por el principio de representación proporcional.
Insisto, hay más prospectos en el tricolor. Pero Jorge Salgado es el que garantiza el regreso del PRI a la Alcaldía capitalina y, por ende, la segunda alternancia en Chilpancingo.
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E-mail: efrain_flores_iglesias@hotmail.com
Twitter: @efiglesias

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