José Andrés Pérez Opina:
Cuando Felipe II en 1579 Decreta que Acapulco fuera el único puerto en América autorizado a comerciar con el Oriente a través de Filipinas, ocasionó que los viajeros se aventuran en grandes travesías por mar y tierra, unos para comerciar sus productos, los otros, por superar sus conocimientos al descubrir nuevas tierras, nuevas culturas.
Acapulco en ese entonces su población eran de negros, orientales, indígenas y escasos hispanos al servicio de la corona como funcionarios.
Nativos jamás los hubo.
El mote absurdo de ser un pueblo de pescadores, se rechaza, pues en cada puerto como el de entonces lo fue, sí hubo quienes pescaran para su autoconsumo, y tal vez si la pesca era abundante vendieran el sobrante a vecinos o amigos. Pero que se diga que era un pueblo de pescadores, es falso, pues a quien entonces le venderían sus productos? si la población era escasa y no hubo jamás salida para la venta de la pesca, ni por mar ni por tierra, por tierra no hubo caminos accesibles al tránsito de carretas.
Al llegar los viajeros a puerto, se prendaban de su belleza, de su bahía, de sus playas y de su vegetación. Pero aborrecían el clima extremadamente caliente y sofocante, provocado por las miasmas de esteros putrefactos; las escasas habitaciones eran de paja y palos, con techumbre de paja y pisos de tierra apisonada, sin servicio con agua para asearse, y sin letrinas. No hubo jamás, a pesar de la fama de Acapulco, habitaciones limpias de hostales, posadas, mesones, como los hubo en muchos puertos de América. Solo fue hasta después de 1792, con el Abra de San Nicolás que en Acapulco, se iniciara la migración de familias Chilenas, Peruanas, españolas a asentarse en el puerto. Para entonces muchas familias Filipinas se habían radicado en las costas de Acapulco.
En esa sociedad en la cual la economía era dominada por familias hispanas y apoyada por familias y comerciantes criollos pero socios de ellas; Acapulco a principios del siglo XX, ya a ojos visionarios de visitantes que se habían aventurado al tránsito de entre montañas y senderos con peligrosos precipicios. Descubrieron el potencial económico que representaba el puerto para convertirlo en un paraíso turístico.
El único impedimento lo fue en su momento las casas españolas que tenían desde 1821 la hegemonía económica de la región.
Hubo intentos del fallido ferrocarril, de la carretera de peaje hacia la Costa Grande, la creación de fraccionamientos en la península de la playa en 1915 por La Mexicana Pacific. Co.el proyecto de comercializar granjas para migrantes europeos, ofreciéndoles la Mexpaco, el servicio del ferrocarril a las puertas de las granjas, para ser transportadas a Acapulco y por barco a Estados Unidos; entre otros proyectos.
Acapulco y solo por mar, desde 1920-1925, que la producción de pieles, algodón, copra, limón y su aceite esencial que era muy solicitado desde entonces.
Solo fue que Frank Petee entusiasmado por la apertura de la carretera Chilpancingo- Acapulco, que vió la posibilidad de presentar su proyecto turístico para Acapulco.
La Casa Hudson, Billings y Cia. Era representante de la Panamá Mail Steamship Company; y que tenía como empleado a Frank Petee, quién ideó interesar a la Embajada de los Estados Unidos en México, para que los barcos que navegan frente a la costa de México, especialmente de Acapulco, para que, en descanso programados para su tripulación lo hicieran en Acapulco y que sus familiares pudieran disfrutar con sus esposos e hijos en Acapulco.
Para tal fin la Cámara de Comercio de Acapulco, tomaron como suya la iniciativa de Frank Petee, así que en carta al Secretario de Estado de los Estados Unidos, a solicitud de Don Ramón Cordova, presidente de la Cámara de Comercio de Acapulco, y de Manuel E. Revilla, Secretario, y por aparte en apoyo a la solicitud a sugerencia del embajador de Estados Unidos Dwight Morrow, que el vice Cónsul de USA en Acapulco, Harry H. Pangburn firmara también en apoyo a la solicitud.
En marzo de 1929, llegó la primera flotilla de aviones anfibios a Acapulco. Y a partir de entonces hubo arribada de un sin fin de barcos de la armada de USA.
Durante la segunda guerra, los escasos hoteles del puerto, estaban siempre llenos de familiares de los soldados americanos.
Sin duda está es la primera promoción turística que se hizo por Acapulco, para atraer el turismo «verde, dollars» pues, que ha sido la más redituable promoción turística en toda la historia de Acapulco de grandes beneficios económicos para nuestro país.