Índice Político. La sonrisa del “caudillo”: una burla ensangrentada

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Acompañando siempre al guadañazo, una risa socarrona aflora en la simpatía “mañanera” del “caudillo”. Es imposible dejarla pasar. Ya forma parte de un paisaje político denso que anuncia violaciones legales, atracos constitucionales, tempestades civiles, batallas de papel insulsas, aplausos de chairos habilitados como periodistas de ocasión, palafreneros a modo.
El discurso de campaña en el que muchos creímos se transformó en una ironía burlona, en lanzadas de guasón, sangronadas hirientes, como dichas con ánimo de perpetuidad, para que queden grabadas en la conciencia de quienes aplauden dicharachos que provocan el humor involuntario, la crítica a la estulticia.
De los escritores ecuatorianos contemporáneos, Juan Valdano es el de horizonte más universal, el que no se quedó con el paladeo del sabor de lo criollo, en sólo el paisaje pintoresco, en la psicología del mestizaje. Posee una inmensa cultura, y el embrujo de una prosa limpia, elegante y persuasiva, dicen los críticos europeos.
Su última obra sobre las actitudes de los políticos, La perversión de la sonrisa, ha tocado la diana. Es imprescindible, a falta de textos de Valdano en nuestras librerías, ‎recordar algunas expresiones que pintan de cuerpo entero las motivaciones y sabores de las sonrisas de los empoderados latinoamericanos afectos a la demagogia y al populismo retrechero.

Irónico, no está a la altura del cargo que le confirió el pueblo

¿De qué se ríe el malvado, por qué se ríe el cínico, qué se esconde detrás de sus sonrisas? Responde Valdano: uno puede sonreír y ser un bellaco. La risa necesita cierta inocencia, nace de la franqueza, es contagiosa, surge del humor y el humor es ingenioso, nos muestra lo inesperado de la vida.
La risa es el lenguaje que, entre iguales, intercambian seres inteligentes y superados. Aquél que se siente infeliz, estará condenado a bostezar hasta la eternidad. Si el cínico se ríe es porque pretende, con ello, desarmar a aquél que lo increpa por la maldad de sus actos.
El despecho, la revancha y la ira lo consumen. Hosco y sombrío, no le queda sino la máscara, guardar las apariencias, le seda la falsa ironía. El humor fue para él, una forma de venganza. Con el látigo de su ironía y el insulto fustigó a sus adversarios; dejaba muy en claro que no estaba a la altura de la alta dignidad que le confió el pueblo.

Dictadura y tiranía también se imponen con la mentira

«No voy a tolerar a los politiqueros de siempre. Si me molestan ¡me levanto y me voy!», argumenta. Los necios no cambian.‎ Persistir en su fatuidad es lo que los define. Lo malo, lo trágico es cuando a uno de ellos se le encarama el potro del poder y comienza dizque a gobernar.
No tardará en izar el estandarte de «su» revolución. Un parto de los montes. En su fanática visión del mundo estará convencido de que con él comienza la historia. La razón es sólo una, y esa es suya. Y es entonces cuando retorna Atila y bien sabemos que ahí donde el bárbaro trajina ni la hierba vuelve a crecer.
La dictadura y la tiranía no se imponen únicamente por la fuerza, la violencia y la represión criminal. También lo logran por medio de la negación de la verdad, la manipulación de la realidad, la propagación y la imposición de la mentira como sistema de gobierno.

La verdad es la única forma de derrotar a la maldad política

La mentira está íntimamente asociada a la maldad y todos los dictadores y tiranos son malvados. En eso no hay medias tintas. La filósofa política judía alemana Hannah Arendt, después de estudiar el problema de la verdad y la mentira en las dictaduras, explicó que distorsionar la verdad para que parezca mentira y manipular la mentira para que parezca verdad…
… es una de las características principales de los regímenes totalitarios. Eso ocurre en todos los regímenes de poder tiránico y dictatorial. La verdad es la única forma de derrotar a la maldad política.

¿De qué se ríe frente a sus paniaguados en las “mañaneras”?

La risa del cocodrilo, la sonrisa del gato, la burla mordaz del tirano deben estar tan asociadas al final del día, que aunque unas sean de naturaleza bilógica y otras sean autoimpuestas, no hacen sino recalcar que estamos frente a la misma fauna, con toda seguridad.
A estas alturas resulta muy difícil creer en la sonrisa socarrona del “caudillo”. Y resulta imposible definirlo cómo izquierdista, por las alianzas y los pactos de impunidad que ha establecido con ex presidentes, caciques locales, zares del narcotráfico, sindicatos corruptos, ex priístas, ex panistas, evangelistas impostores, pentecostales y personeros y dueños de empresas neoliberales que fueron sus adversarios contumaces.
El capitalismo asistencialista, el bolivarianismo destructor, el comunismo aplicado a todos menos a sus cuates, el republicanismo de opereta que practica, el civilismo de propaganda chusca, hacen de él sólo un perdido sujeto de carpa picaresca. ¿De qué se ríe frente a sus paniaguados, dizque informadores, de las “mañaneras”?

Ya ha perdido el pulso popular, si es que alguna vez lo tuvo

En las redes digitales se confirma una absoluta reacción negativa frente a sus ironías. Se le culpa de una hipocresía que tal vez tiene un origen más profundo. A lo mejor son ganas de caer bien, aunque sea sólo un anticlimático sin tono ni medida. Ha perdido el pulso popular, si alguna vez lo tuvo, que le acarreó los treinta melones de votos de relicario putre.
Si el “caudillo”, totalmente desfondado, cree que todavía cuenta con sus treinta millones de votos, debería conservarlos y aumentarlos con políticas públicas y decisiones de gobierno que levantaran siquiera los niveles que echó para abajo desde hace dos años. Es un destructor de sí mismo, decía Terencio el clásico latino.
Pero como no lo hace, y jamás lo ha intentado, hay serias dudas sobre su fuerza, y éstas alimentan la desconfianza creciente en todos los sectores, como se ha demostrado en todos los caminos que recorre para impulsar el triunfo de su partido en las elecciones intermedias, la revocación del mandato y la reelección inexorable. Se le pide su renuncia, se le insulta, se le pide que deje de caer bien hasta a sus cuatachos.
Es a estas alturas un cartucho quemado. Sus ironías de agitador de rancho, ya no funcionan para un pueblo que sabe, igual que todo el mundo, que su sexenio está perdido, que ha fracasado en todas las líneas. Y que no ofrece algo para poder resolver el tamaño de esta hambruna catastrófica que muchos mexicanos ya padecen. Aunque él tenga “otros datos”.

Por ese camino sólo se va a una crisis que tardará décadas

Aun así, el “caudillo” sigue tragando instituciones y personas que le fueron leales e incondicionales incluso. El fracaso de la Cuarta Decepción tiende a prolongarse en el tiempo. Es imposible que haya alguna recuperación. Por ese camino sólo se va a una crisis que tardará décadas en ser remontada, si llegan otras personas de bien.
Y si se le añade la hipocresía, la maldad y la risa socarrona, esto pinta tan mal, que más le valiera ir ahuecado el ala…antes de que sea demasiado tarde y la ironía guasona y ensangrentada vaya a cobrarle todas las facturas. Lo saben hasta los chairos.
¿No cree usted?

Índice Flamígero: La mercadología política, en la que AMLO es un experto, apunta que una persona llamada a persuadir a los demás desde un rol directivo, de liderazgo debe desarrollar rutas de expresión no verbal en su rostro que puedan facilitarle ese camino de ingresar en la mente, la memoria y la capacidad de decisión neuronal del otro, bajo herramientas de repetición que requieren orientación y entrenamiento. La sonrisa es uno de esos medios que constituye el 72% de lo que la gente memoriza cuando le hablan. El 20 % está compuesto por el tono y el lenguaje corporal, y solo un 8% lo constituye la esencia del discurso que se dice desde la palestra racional.

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