Por Luis Reyes Martinez
Llegó la hora para escuchar otro de los relatos del viejo de los cuentos y acomodados en sus lugares, desde el claro al fondo se veía la cabaña de la loma, por donde apareció él cuenta cuentos, quien al llegar ocupó el lugar que él acostumbraba y al ver ya a todos los chiquillos del pueblo inició su relato como sigue:
En un pueblo vecino al nuestro, se desarrolló una historia de un hombre de fortuna que tenía el gusto de coleccionar espejos y así lo hizo, hasta que un día su única hija desapareció y pasaron semanas tratando de hallar sin tener éxito la empresa, después de algunos años él con su esposa abandonaron el pueblo y la casa, casa que desde entonces está abandonada y juran los del pueblo que en una casa maldita, así que nadie se atreve a entrar en ella.
Un día llegó al pueblo un joven que en busca de trabajo había dejado su lugar de origen, un tanto por el hastío de no tener futuro y permanecer en el lugar en donde no encontraría algo que lo motivara, pues todos sabían que a él nada le daba miedo y eso lo demostró en varias ocasiones teniendo acciones temerarias y encuentros con varias bestias del bosque.
Aunque su nombre era José, le pusieron el apodo de Juan sin Miedo por sus actos temerario y porque a él no le daban miedo los muertos, los fantasmas, ni ruidos extraños, ni escuchar historias de ultratumba; para él miedo no existía y a medida que iba creciendo, cada vez tenía más curiosidad sobre lo que sería sentir miedo, algo que nunca había experimentado además, él nunca había tenido esa sensación.
Una vez hizo que lo bajarán el fondo de un estrecho pozo donde los vecinos acostumbraban surtirse de agua, pero tenía días que esta salí con un fétido olor y turbia, por lo que le pidieron que atado a una cuerda descendiera hasta el fondo para descubrir el porqué de la fetidez del agua, así lo hizo, ya que nadie más en el pueblo se atrevía a hacerlo y en el fondo encontró el cadáver de un mapache semi putrefacto, lo que ocasionaba ese mal olor del agua, pidió una canastilla, sacaron al animal y asunto arreglado.
Ese y otros detalles, que sería largo de exponerlos, en los que Carlos demostró que a nada le temía, y por ello, le pusieron por apodo Juan sin Miedo, ya que había leyendas y cuentos de un ser que a nada le temía, así que dejaron de llamarlo por su nombre y sí por el apodo que le habían asignado.
En varias ocasiones había escuchado relatos sobre la casa embrujada, una vez llamada la casa de los espejos, decidido a demostrar que él no le temía y que sólo eran cuentos de los habitantes del poblado, decidió una noche aventurarse e introducirse en la lóbrega mansión, y a pesar de que muchos lo disuadieron de su intento, sin escucharlos decidió pasar la noche entera dentro de la casa.
Al caer la noche se dirigió al viejo caserón, primero para demostrar que a él no le daban miedo los cuentos sobre esa finca y segundo muy en su interior, pensó que al estar por tantos años abandonada, podría existir objetos de valor que le representarían buenos ingresos y con estos pensamientos llegó a la derruida mansión, que el paso de los años y las piedras arrojadas por niños y joven al pasar por ella prácticamente la tenían en ruinas.
Pensó introducirse por una venta, debido a los vidrios rotos, productos de las piedras arrojadas en contra ella, sería fácil quitar el pestillo y entrar por ahí, sin embargo al pasar por la puerta principal se percató que ésta estaba entreabierta, así que penetró al interior en penumbra y se reprimió así mismo por la falta de precaución al no llevar una lámpara o algo que lo alumbrara y con estos pensamientos caminando en la oscuridad escuchó como la puerta, atrás de él, se cerraba de golpe.
Eso no lo impresionó y en camino en la penumbra se topó con la escalera que conducía al segundo piso pensando que con la luz de la luna le permitiría desplazarse mejo y a la vez encontrar algo de lo dejado por sus habitantes y que tuviera algún valor y al llegar al último escalón de la planta alta de pronto la casa se iluminó, ahora todo era claridad y en frente un gran espejo y a donde dirigía la vista más y más espejos, de repente en el gran espejo, apareció la figura de una chiquilla que lo llamaba, que si lo sobresaltó.
Creyó escuchar que lo llamaba que fuera con ella, que no quería estar sola, que los demás estaban aparte en los otros espejos y escuchó otras voces y otras figuras aparecieron en cada uno de los espejos a los que dirigía la vista y alarmado, aprovechando la claridad que ahora había en la casa, descendió a toda prisa las escaleras, esquivando los brazos que se extendía hacía él tratando de detenerlo y llegó a la puerta pero por esfuerzos no la pudo abrir, lo mismos sucedió con las ventanas, se sentía atrapado.
Se introdujo en un pasillo del cual no veía el final, alentado por que éste lo llevara a la salida lo recorrió, pero antes del final se bifurcada en otros dos y no sabiendo cual sería el que le permitiría salir de la vieja casona eligió en de su derecha, que el que recorría al final parecía tener un espejo, espejo que ahora sí le daba temor, lo recorrió con la esperanza de poder liberarse de seres, en los que nunca creyó y de la niña que le pidió entrar con ella ya que se encontraba muy sola y de los demás espejos cuyas apariciones pretendían atraparlo.
Recorrió pasillos que formaban un laberinto sin salida, vio nuevamente la escalera que conducía al piso superior, pero por primera vez sintió que le daba enfrentarse a la criatura cuya imagen se refleja en ese gran espejo, así que evitándola se introdujo en otro de los pasillos que tenía frente a él y lo mismo, no tenía salida ni conducía a ningún lado, pasaron muchas horas, se olvidó de buscar algunos objetos que pudieran tener algún valor y por primera vez el miedo lo atenazó, dejándolo inmóvil, como petrificado por el miedo de no poder abandonar la finca embrujadas, quizás, por el miedo o por el agotamiento perdió la conciencia y todo se nubló a su alrededor.
Un vecino que pasaba no muy cerca de la casa, vio que en la vereda principal estaba tirada una persona, un tanto o más por la curiosidad se acercó a ver de qué se trataba y al llegar junto al cuerpo se percató de que era un hombre cuya palidez entonaba con el blanco de sus cabellos, dispuesto a ayudarlo lo reanimó, sin saber de quién se trataba y poco a poco el sujeto fue recobrando la conciencia, hasta poder ponerse de pie y salir prácticamente huyendo del lugar.
Ya en el poblado, los vecinos veían al hombre cuya palidez denotaba que se encontraba enfermo, varios se acercaron para ofrecerle ayuda, hasta que él con voz temblorosa le hizo un breve relato de lo que acontecía en la casa embrujadas y se ello se percataron de que se trataba de Carlos a quienes una vez apodaron Juan sin Miedo.
Después de este suceso desapareció del pueblo y aunque ha pasado ya el tiempo nadie supo nada más de él, pero ahora con mayor razón los vecinos se alejan de la caso abandonada y muchos tratan de no acercarse a ella y todo por lo relatado por Carlos.
Aquí el cuanta cuentos, les pidió a sus oyentes que era hora de retirarse y él inició el camino rumbo a la cabaña de la loma, lo chiquillos tomaron la vereda del bosque y la fogata se extinguió.