Bajo Fuego. García Luna

José Antonio Rivera Rosales

    Sin duda alguna Genaro García Luna fue el enlace de los grandes cárteles de la droga con el gobierno mexicano.

A estas alturas resulta ingenuo hasta la risa pensar que ninguno de los expresidentes tenía conocimiento de las operaciones ilícitas del exsecretario de Seguridad. Claro que no sólo sabían: hacían parte de esos ilícitos.

Tan así, que todo el tiempo recibió protección hasta la ignominia de Vicente Fox, de Felipe Calderón y, por algún tipo de complicidad, de Peña Nieto. Se tapan todos con la misma cobija pues.

Desde 2004 por lo menos se conocieron historias sobre las relaciones truculentas entre el ahora detenido exsecretario -es una lástima que lo haya detenido el gobierno estadunidense en lugar de ser enjuiciado en México- y los poderosos cárteles de la droga, que por esas fechas eran parte de una sola organización.

En esos tiempos García Luna era titular de la Agencia Federal de Investigación (AFI) durante el gobierno de Vicente Fox. Existen indicios reveladores de los vínculos criminales del policía desde entonces, pero por ahora nos referiremos a un episodio violento ocurrido durante el gobierno de Calderón Hinojosa.

De acuerdo con algunas confidencias conocidas en fecha reciente, fue posible saber que durante el calderonato era García Luna quien mantenía una relación con el clan de los Beltran, específicamente con Arturo Beltrán Leyva.

Probablemente debido a la guerra desatada entre los Beltrán y su primo El Chapo Guzmán, que estalló en enero de 2008 con la aprehensión de Alfredo Beltrán El Mochomo, la relación con García Luna se tensó -y, por consiguiente, con el gobierno federal-, lo que devino en nuevas confrontaciones. La versión indica que García Luna tomó parte a favor del bando de El Chapo.

Según lo conocido a través de fuentes diversas, en algún momento de 2008 durante una gira de trabajo del entonces alto funcionario, su escolta fue sorprendida y sometida por sicarios de Arturo Beltrán que lo condujeron donde el capo lo esperaba, en algún establecimiento ubicado en el estado de Morelos. Es decir, García Luna fue secuestrado con todo y su escolta.

 

 

 

 

Ahí, según la fuente, el capo recriminó a García Luna su conducta elusiva y le advirtió: “Para que veas que sí podemos llegar a ti”. Hasta el momento se ignora cuál fue el contenido de la conversación entre el traficante y el alto funcionario de Calderón, pero lo que resulta claro es que a partir de esas fechas comenzó una feroz persecución contra Arturo Beltrán, la cual se extendió por Guerrero, Puebla y Morelos.

Como parte de esa cacería se produjo un tiroteo indiscriminado en Caleta con saldo de al menos 16 muertos -14 pistoleros y dos militares-, enfrenamiento ocurrido el 8 de junio de 2009. Un día después, agentes federales catearon un domicilio en Cantiles, en la colonia Mozimba del puerto, de donde extrajeron vehículos blindados y joyas de manufactura europea propiedad del traficante.

Según algunas infidencias conocidas, el capo estalló en cólera cuando se enteró del decomiso -que al parecer nunca fue registrado oficialmente- y lanzó denuestos contra Calderón Hinojosa, al que en repetidas ocasiones llamó “pinche presidente ratero”.

En seguida, según las mismas fuentes, sentenció con furia no disimulada: “¡Nunca más apoyaremos al PAN, en lo sucesivo (el apoyo será para) PRI, PRI, PRI!”.

Para algunos, resultaba claro que se había producido una ruptura entre el cártel de los Beltrán y el gobierno de Felipe Calderón, lo que quedó más que demostrado con la despiadada cacería lanzada contra el capo, que se tradujo en operativos en su contra en Morelos, Puebla -donde el traficante asistió como padrino a una fiesta- y de regreso a Cuernavaca, donde una unidad de fuerzas especiales de la Armada de México terminó con su vida en diciembre de 2009.

Pero, ¿por qué tanta saña contra este traficante en particular?

Pues resulta que meses antes de su muerte, por interpósita persona Beltrán exploró la posibilidad de conceder entrevistas a varios periodistas mexicanos a los que ofrecería detalles de la relación con García Luna y, a través suyo, con el estado mexicano. En esas entrevistas quedarían al descubierto los acuerdos entre el cártel y el gobierno mexicano, lo que evidentemente desnudaría al gobierno de Felipe Calderón Hinojosa.

Inclusive había una fecha tentativa para las entrevistas: a partir del 26 de diciembre de ese 2009. Pero Arturo Beltrán nunca llegó vivo a la fecha: el 19 de diciembre fue ultimado por un grupo especial de marinos que minaron la resistencia de sus hombres de confianza,

algunos de los cuales se suicidaron al ver perdida la batalla.

Entonces pareciera que la batida contra el capo tenía el objetivo más de silenciarlo que de capturarlo.

Este episodio cuasi desconocido de la relación entre el clan Beltrán Leyva y el gobierno de Calderón a través de García Luna arroja luz sobre las relaciones secretas entre el gobierno panista y los grandes cárteles de la droga, tal como acaba de exhibir el último libro de Anabel Hernández ya en circulación, que retoma pasajes desconocidos de estos vínculos criminales con los barones de la droga en México.

Pero desde antes se perciben huellas de la conducta criminal de García Luna. En mayo de 2007 operadores suyos se vieron involucrados en la desaparición de dos mandos del Ejército Popular Revolucionario (EPR), en la ciudad de Oaxaca.

En represalia el EPR lanzó un atentado con el poderoso explosivo plástico conocido como Semtex, lo que causó daños a una instalación de gas por mil millones de pesos. El EPR calificó la desaparición forzada como un “crimen de estado”.

Y tenía toda la razón, porque existen indicios firmes de que el secuestro de los dos mandos guerrilleros se operó desde las oficinas de García Luna y nunca fue producto de los jefes policiacos locales.

Por todos estos antecedentes tendría que ser sometido a juicio ante tribunales mexicanos, no ante el gobierno de los Estados Unidos. Y de confirmarse la complicidad o implicación directa, los expresidentes debieran ser sometidos a la jurisdicción del 123 de la Constitución de la República.

¿O qué opina Usted, amigo lector?

 

 

 

 

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