Del acontecimiento…

Rodrigo Juárez Ortiz
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Ya sabemos que un acontecimiento es un evento importante y como tal, es relevante, así como de previa y especial pronunciación el recordarlo, de tal suerte que no se pierda en el arcano de los tiempos.
Es el caso que un día como ayer 20 de noviembre pero de 1910, se dio el inicio de uno de los movimientos político-sociales de trascendental importancia para nuestro país en los inicios del siglo XX, me refiero a la Revolución Mexicana, su objetivo, entre otros, era darle a nuestro país un viso democrático, una mejor y justa distribución de la riqueza, así como mejorar las condiciones de los obreros y campesinos quienes vivían en la explotación mas inicua ergo, derrocar al dictador Porfirio Díaz ya eternizado en el poder con su camarilla.
Ya sabemos de quienes tratan de reivindicarlo por la pacificación que logró, así como adelantos tecnológicos y otros, que no se niegan, solo que lamentablemente, con el tiempo, se convirtió en un dictador.
Durante años, de quienes detentaron el poder, acerca de la Revolución, se nos habló, peroró, señaló, enseñó, educó, se usó, ad nauseam, como señuelo, como símbolo, como la panacea universal para la solución de todos nuestros problemas, de cualquier tipo, en nuestro país, de las bondades de tan trascendental evento. En las giras políticas del partido único (al principio), se usaba a jóvenes versados en la oratoria para hablar sobre las “grandes” cualidades de sus candidatos a puestos de elección popular, a quienes el pueblo -siempre sabio- los llamaba “los jilgueros oficiales” en donde se desgranaban epítetos, florilegios y toda una sarta de bondades que adornaban a sus candidatos, así como los grandes beneficios que el pueblo recibiría como consecuencia de la aplicación e instrumentación de los logros de la tan citada Revolución. Demagogia pura. Y que por utilizarla indebidamente en los actos de gobierno, siendo éstos corruptos y abusivos, el pueblo identificó el término con el gobierno y empezó a desdeñarla y ya no a invocarla.
Muy lamentablemente la Revolución no se hizo realidad a plenitud como era el deseo de cientos de miles que ofrendaron su vida en dicha causa, toda vez que quienes se adueñaron del poder en una acción totalmente contra revolucionaria, solo la usaron para su provecho personal, familiar, de sus amigos, o de sus grupos ad hoc, la oligarquía de siempre, salvo las muy honrosas excepciones, y que se ha prolongado hasta los últimos tiempos, de ahí que un cambio sea muy necesario, es un grito a todo pulmón de nuestro pueblo, de ahí que por la gran significación que tuvo nuestra Revolución, sea menester recordarla para que de una manera –ahora pacífica- actualizarla, instrumentarla, aterrizarla en la institucionalización de México, en el respeto total a los derechos humanos, en la vivencia de la democracia, en la consecución de la paz con justicia y el irrestricto respeto a la ley, y así acabar con las grandes lacras que padecemos: la corrupción y la impunidad. O usted, convencido lector,¿ Qué opina?

Por: Rodrigo Juárez Ortiz.

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