Rodrigo Juárez Ortiz.
El ser humano ha creado una serie de mecanismos para poder tener una convivencia pacífica con sus congéneres, así, ha creado normas de conducta de todo tipo, a saber, de trato social, morales, éticas, jurídicas, etc., y todas ellas con ese propósito.
Desde luego que para ello ha contado con su bagaje cultural, cuenta habida de que todas son producto de la cultura, de la creación humana, no de natura.
Concomitantemente ha creado una escala axiológica como parámetro válido para actuar en consecuencia, con los resultados que ya conocemos y que la vida nos ha enseñado, pero no del todo halagüeños como es lo deseable.
Así, ha creado valores múltiples, de todo jaez, cuya realización plena no es del todo posible, pero sí son una referencia, un parámetro válido tendente a su logro en una tentativa de superación tanto personal como colectiva.
De esta creación contamos con el valor verdad, con la justicia, belleza, honradez, y muchos mas, entre ellos la lealtad que no es otra cosa que la calidad de ser leal, lo que a su vez implica ser una persona noble e incapaz de cometer cualquier traición o engaño, o sea, de aprovecharse en su beneficio y en contra de otra persona o grupo, de la confianza que se le otorgó.
En este contexto, lamentablemente, hemos visto en experiencias personales y colectivas cómo hay bípedos implumes, seres despreciables, que ante sus intereses mezquinos y egoístas no han parado mientes en traicionar, incluso en vilipendiar a quien les otorgó su confianza, quien les abrió su corazón y les tendió su mano franca y desinteresada en aras de una verdadera amistad o relación afectiva, en su caso.
Hemos visto, con tristeza y decepción, cómo se dan deslealtades entre amistades, entre familiares, entre colegas, entre socios, entre parejas, siendo muy notorias las que se dan entre nuestros “ próceres”, que se dicen políticos ( aunque distan de serlo, pues solo son “grillos”), cuando cambian de partido o de grupo, siempre en aras de acceder al poder, unos per se y otros para aprovecharse del mismo en su beneficio personal, familiar o de equipo, ello implicando su falta total de autenticidad ideológica o política como consecuencia solo de su oportunismo o su ventajismo, en su caso.
La lealtad es un valor que debemos cultivar, enseñar y practicar, de modo de integrar a nuestra vida una posibilidad mas de ser felices, de lograr la felicidad, que no es otra cosa que el fin final de nuestra existencia. O usted, leal lector, ¿Qué opina?