De la autenticidad…

Compartir

Rodrigo Juárez Ortiz.

Existiendo en el ser humano una serie de características naturales, físicas, emocionales, espirituales, mentales, etc., éstas se han tratado de canalizar hacia el bien común, hacia el logro de la superación del ser humano en las mentes y voluntades de aquellos que siempre buscan la superación de sus congéneres sin vilipendiar, sin menoscabar, ni humillar a nadie, aun cuando también han existido y existen bípedos implumes que en un afán mezquino y personalista, hacen caso omiso de normas de todo tipo con tal de lograr sus propósitos de apoderamiento de bienes y voluntades de quien se deje.

Es así que también existe gente, pero que ha aumentado considerablemente en estos tiempos, que en aras de obtener cualquier beneficio material, las mas de las veces, no paran mientes en tener conductas negativas en donde abundan, ad nauseam, tanta falacia, tanta hipocresía, tanta falta de honor y de respeto por la palabra empeñada, tanta opacidad, tanta desfachatez, tanto cinismo, tanta falta de compromiso con lo que se dice o se promete, tanto engaño, en fin, tanto doblez, que resulta regocijante encontrar seres humanos auténticos, que también los hay y por fortuna muchos, estamos hablando de gente con sentido de responsabilidad, personas con un alto grado de congruencia entre lo que piensan, dicen y hacen, gente consciente de lo  que significa honrar la palabra comprometida (ahora los compromisos, aun los escritos pareciera que son signados en una barra de hielo o en las olas del mar por su incumplimiento inveterado), gente que da certeza, certidumbre, por la congruencia entre su pensar y su actuar, por la honradez mostrada en todo ello y por los fines perseguidos ajenos a la miseria humana.

Si bien la autenticidad se denota en cuestiones jurídicas semánticamente hablando, implica genéricamente acreditación de algo cierto y positivo, de ahí que la autenticidad, cuando la empleamos en nuestra conducta, nos da seguridad en lo personal, pero así mismo se impregna de certidumbre y confianza a nuestros congéneres e interlocutores que buena falta nos hace, sobre todo en estos tiempos en que la gente desconfía hasta de su propia sombra.

Seamos auténticos en nuestro pensar, sentir y querer (trípode vital del ser humano) y, en consecuencia, ser congruentes con ello. O usted, auténtico lector,¿ Qué opina?

Comentarios

comentarios