De la intolerancia…

Compartir

                                                       Rodrigo Juárez Ortiz.

El ser humano en su devenir natural y en su desenvolvimiento cultural, ha ido creando una serie de normas que le permita ir dibujando, creando, conformando un tipo de comportamiento tendente a vivir en armonía con sus congéneres, en paz y seguridad.

Es lamentable, sin embargo, que su naturaleza en el sentido del concepto de propiedad (que lo extiende a múltiples ámbitos), lo incite, lo provoque y lo dirija a actitudes rijosas, forzosas, abusivas, impositivas, bélicas, autoritarias, absolutistas y autocráticas, en su caso.

Conociendo el denominador común de estas conductas es que  reiteramos la idea de que la confección de normas de diferente jaez para menguar y tratar de resolver lo conducente, es y ha sido tarea de la humanidad desde tiempos inmemoriales, pero concomitantemente a ello es indispensable contar con un elemento substante de gran peso específico que es la voluntad humana, obviamente,  para el efecto de darle cabida y cauce a otro elemento fundamental que es la tolerancia, sí la tolerancia, entendiendo por ello “.el respeto a la libertad de los demás, a sus formas de pensar, de actuar, o sus opiniones políticas o religiosas”, nos dice el diccionario, pero lo mas execrable que se da en la implementación de esta virtud humana es la intolerancia, entendida como la falta de tolerancia a los conceptos anteriormente vertidos.

Nos encontramos, lamentablemente, con personas intolerantes, que no aceptan el diálogo, que no razonan y, por ende, no argumentan, no exponen razones, sino tozudez, ignorancia, inamovilidad en posturas extremas sin aceptar mediaciones o razones de peso, convincentes y contundentes, no las ven o no las perciben o no las aceptan en sus mentes obnubiladas por la cerrazón, el fanatismo o la simple postura mezquina y egoísta de no dar su brazo a torcer, sin perjuicio de las múltiples causas originadas por una equivocada y pedestre percepción o interpretación en los intentos de comunicación, así como de la animadversión en contra de alguna persona o grupo de personas, que las superan en diferentes elementos y que dada su pequeñez no les permite entenderlo, comprenderlo, explicarlo y, en su caso, justificarlo, usando, en su caso la diatriba, la injuria , la descalificación y lo mas grave, la violencia, último reducto de la insensatez y la obsecación.

No debemos ser intolerantes. Tengamos la mente y la mano abiertas para todas y para todos nuestros congéneres. O usted, tolerante lector, ¿Qué opina?

Comentarios

comentarios