El Filósofo de Güemez: EL TRIUNFO

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Con una reflexiva sabiduría, en la película estadounidense Hitch (2005), dirigida por Andy Tennant, y coproducida y protagonizada por Will Smith, hay una destacada cita: “Nunca inventes, robes, engañes, ni bebas, pero si vas a inventar, inventa algo útil para la humanidad; si vas a robar, róbale un beso a tu amada; si vas a engañar, engaña a la muerte, y si vas a beber, bébete momentos que te quiten el aliento.”

Me parece que tal frase se ajusta como “anillo al dedo”, a la vida de Walter Elías Disney, conocido por todos como Walt Disney, aquel joven norteamericano que tuvo una infancia llena de aprietos económicos, con un padre, carpintero de oficio, muy severo, que lo llevó a apegarse al amor de su madre, maestra de profesión.

Aprendió a temprana edad el respeto a la naturaleza, su atracción por los animales en la granja donde vivían, le despertó su talento nato por el dibujo, quizás de ahí brotarían en su brillante imaginación los grandes personajes que nos han cautivado como Mickey Mouse, Donald, Goofy, Pluto, entre tantísimos otros.

Desde pequeño trabajó como repartidor de periódicos a la par que estudiaba, pero lo atrajo el oficio de su vida: el dibujo, que le llevó a acercarse al cine, encuentro que le entusiasmó y lo atrapó para siempre.

Sus primeras caricaturas fueron publicadas en un periódico de Chicago. Durante la Primera Guerra Mundial se enroló como soldado en la Cruz Roja y a su retorno a Estados Unidos, trabajó como dibujante.

La vida lo llevaría a ser autodidacta, caricaturista y productor cinematográfico que supo explotar los dones que
Dios le dio y tuvo la agudeza de expresar su creatividad con sus dibujos animados en el cine, que lo hicieron merecedor de 248 premios entre ellos 29 Oscar, inventando un conjunto de alegorías, más allá de la imaginación, para que los pequeños disfrutaran su niñez y los adultos acariciaran al niño interior que llevan dentro.

Walt Disney fue un hombre dotado de un “sexto sentido”, que no es otra cosa que “una conexión directa con Dios”, también tuvo la grandeza, después de su partida física, de robar los sueños de miles de niños, que todavía HOY se regocijan con su poder creativo, alegría, colorido sin par e ingenio sin límites.

Fue un hombre que en los altibajos de la vida supo ir más allá de la adversidad, detonando su infinita fuerza de voluntad al escudriñar en su curiosidad infantil. Supo engañar a la muerte, pues al ser despedido de un periódico “por falta de ideas”, y de haber estado la empresa de su hermano y suya a punto de la quiebra, tuvo la inteligencia de idear y crear a Mickey Mouse, mientras hacía un viaje en tren.

A pesar de no contar con el apoyo de los inversionistas, que creían que “Disneylandia” era un proyecto inviable, ocupó su tiempo en diseñarlo detalladamente, abriendo sus puertas el 17 de julio de 1955, en Anaheim, California, con un éxito económico expansivo que permitió a su familia abrir en Orlando, Florida; París, Francia y Tokio, en donde es recordado por millones de sonrisas infantiles y familiares que disfrutan su talento creativo.

Finalmente, supo beberse instante por instante los momentos de la vida, porque los obstáculos en vez de detenerlo, lo impulsaban a crecer, hizo “escuela” en los dibujos animados y fue un hombre visionario, convencido y triunfador, expresó: “El placer sano, el deporte y la recreación, son vitales para la nación, como el trabajo productivo.”

A propósito de triunfo –el de México en los Juegos Panamericanos Lima 2019, la delegación mexicana realizó su mejor participación al conseguir 136 medallas: 37 de oro, 36 de plata y 63 de bronce. El C.P. y poeta Fernando Méndez Cantú pergeñó la siguiente décima:

“El pesimista en su azoro
no sale de la sorpresa,
que México en su grandeza
ganó la medalla de oro.

Hoy queda escrito en la historia
un triunfo tan meritorio,
legítimo y laudatorio,
que nos inunda de gloria.

Culminan su trayectoria
aquellos que con decoro
sin fallas y sin desdoro,
han puesto en alto al país;
quedando con su mentís
el pesimista en su azoro.

Es con la fe y esperanza
con unidad y en equipo,
imitable prototipo,
para ésta patria que avanza.

Entreguémonos a ultranza
resueltos y sin pereza,
para así tener certeza
que al luchar por un anhelo,
igual que el que toca el cielo,
no sale de la sorpresa.

Contener las embestidas
de aquel rival portentoso
demandaba ser coloso
de poses engrandecidas.

Las empresas decididas
requieren de fortaleza
de tesón y de presteza
que alienten nuestra emoción;
no queremos más nación
que México en su grandeza.

La actitud fue de conquista
la divisa de humildad,
mas campeó la dignidad
y una postura optimista.

Una mente triunfalista,
que para mi patria imploro,
supo guiarlos como coro
armónico y con talento;
equipo que en el momento
ganó la medalla de oro.”

Por Ramón Durón Ruíz (†)

filosofo2006@prodigy.net.mx

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