De Frente. Temporada de Chapulines Políticos en Guerrero

Por: Miguel Ángel Mata Mata.

 

Ella preguntó: ¿Quién ganará la elección de julio? Sostuvo un argumento: Andrés Manuel y todos sus candidatos.

En efecto, respondí, si la elección se aplicase hoy, el vencedor sería el peje. Sin embargo…

Andrés Manuel ha participado en dos elecciones presidenciales en los años de 2006 y 2012. Entre una y otra redujo su popularidad en las urnas. En sus tres campañas ha seguido un patrón mediático: se dice ganador, antes del día del proceso, y se dedica a “gobernar”, aun antes de la medición formal.

En 2018, a diferencia de 2006 y 2012, la elección se dará entre tres coaliciones formadas entre partidos que no comparten ideologías ni proyectos de nación comunes, como es el caso de las alianzas entre derechas e izquierdas.

En el 2006 y el 2012 el resultado final se dio gracias al voto duro de los partidos. En 2018, según estudios, el voto duró ha decrecido y no será fundamental para el resultado final.

El voto duro es llamado así pues es el activo de votantes ´fieles que tienen los partidos o, en otras palabras, los que siempre votan por su respectivo partido y sus candidatos.

En éste caso, según estudios publicados en El Universal la semana pasada, los partidos con mayor voto duro son: PRI, con aproximadamente ocho millones; PAN, con casi seis millones y el PRD con dos millones seiscientas mil personas. Según el mismo estudio serán necesarios 17 millones de votos para ganar la elección de Presidente.

No tienen voto duro los aliancistas MORENA, PES, MC, Verde y PANAL. Éstos partidos serán, de manera inédita, los que definirán el resultado final de la elección. ¿Por qué?

Las encuestadoras preguntan, a los potenciales votantes, si conocen a un candidato, si les parece bueno o malo y si estarían dispuestos a votar por ellos. Sin embargo, ésta elección será concurrente: se elige al presidente de México, a Senadores, Diputados Federales, Diputados Locales, presidentes municipales y, en algunas entidades, gobernador.

Es aquí donde cobran relevancia los partidos bisagra, llamados la chiquillada en el siglo pasado. Para dar su respaldo y votantes a los partidos con voto duro, aquellos vendieron caro su amor. Exigieron candidaturas, desde regidores hasta gobernadores.

Es el caso de la crisis de la alianza del PRI en Chiapas, donde los verdes presionan para poner candidato a gobernador, en lugar del que pretenden imponer desde Los Pinos.

En este momento, o en la coyuntura, como suelen decir los politólogos, apenas han arrancado las precampañas, que es otro elemento que no existió en las elecciones de 2006 y 2012.

Es tiempo para que los partidos pequeños estiren la cuerda para quedarse con el mayor número de candidaturas a cambio de su voto.

Para el caso de Guerrero, ha sido el PRI el único que ha transparentado esos movimientos: ha dado dos candidaturas a diputado federal a PANAL y Verde, a cambio de quedarse con la fórmula completa al Senado. Le ha salido muy caro al PRI pues cedió muchas candidaturas a regidores, alcaldes y diputados locales a los verdes.

Lo mismo ha pasado en todo el país. Es por ello que no es posible hacer un pronóstico acertado de la elección de julio próximo. Las negociaciones entre los que integran cada una de las tres alianzas aun no concluyen.

En época de chapulines es común que éstos salten de una rama a otra en la búsqueda de alimento. Lo mismo pasa en temporada preelectoral: muchos candidatos buscan acomodo en otro partido para llevar sus votos a quien más le dé.

En Acapulco, por ejemplo, la alianza del PRD dio distritos locales al PAN.  Ellos pondrán candidatos con la esperanza de que los perredistas voten por ellos. Sería ingenuo creer que un pacto esté casado con la realidad.

Sobre todo, cuando al alcalde Evodio Velázquez que cuenta con la segunda mayoría de consejeros en el consejo estatal de su partido, le han arrebatado senaduría o reelección y sus seguidores tiene presencia en muchos distritos y municipios. ¿Darán su voto a los anaranjados o panistas? La ingenuidad es otra vez la respuesta.

Lo mismo pasa con las alianzas del PRI y MORENA.

¿Podemos imaginar, por ejemplo, a los desplazados de MORENA dar todo su respaldo moral y económico a Adela Román? ¿Habría apoyo del grupo de Manuel Añorve a Ricardo Taja, en Acapulco? La ingenuidad es, de nueva cuenta, la respuesta.

Los partidos pequeños van ganando en la pepena de candidaturas a los partidos grandes. Ésta es una práctica inédita que nos acercaría al modelo partidista de los Estados Unidos, en donde pequeños partidos se alían para integrarse, a final de cuentas, al Demócrata o al Republicano, según les hayan tratado en el reparto de candidaturas.

Nos acerca a otro elemento fundamental en las democracias: la incertidumbre, donde nadie tiene nada seguro sino hasta el día de la elección.

Por ejemplo, Rubén Figueroa Smutny logró convertirse en precandidato del PANAL por la presidencia municipal de Acapulco, partido que apoya, en el plano federal, a la alianza del PRI.

Figueroita anda en la pepena de los descontentos pretendiendo reclutar a los enojados por el reparto de candidatura en las tres alianzas.

O en el PRD, donde tiene más consejeros estatales a su favor Víctor Aguirre Alcaide, pero le ha saltado Ilich Lozano y la mala broma de David Jiménez Rumbo, diputado por Michoacán que se quiere meter a Acapulco a punta de cuernos de chivo.

O en MORENA, donde muchos han decidido regresar al PRD pues aborrecen al panista Zeferino Torreblanca, quien ya hace campaña por López Obrador. La decepción entre Morenistas por la imposición de Adela Román deja incertidumbre en ese movimiento.

Sería ingenuo predecir quién ganará la elección pues aún no termina la época de chapulines. Saltan de una rama a otra buscando alimento. En el momento que éstos dejen de saltar habrá manera de tener un indicio. No antes.

QUE CONSTE.

En un escenario en el que el PRI gane la elección federal en Guerrero serían senadores Manuel Añorve y Gaby Bernal.  En caso de quedar en segundo sitio llega el primero. De quedar en tercero ambos pierden. Por si ganan… habrá candidato natural a gobernador.

El mismo caso se presenta en el PRD. De ganar la elección federal en Guerrero, Beatriz Mojica y su compañero de fórmula, que debe ser hombre y aun no revelan el nombre, serían senadores, y ni duda cabe, Mojica intentaría otra vez ir por la gubernatura.

¿Y en MORENA? Pasaría lo mismo, aunque…

Guerrero es un estado que tiene en la bolsa Andrés Manuel López Obrador. En 2006 y 2012 ha ganado aquí la elección federal, pero con las siglas del PRD. ¿Sus seguidores dejarán el voto duro perredista para dárselo a él?

Está por verse.

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