Del optimismo… Por: Rodrigo Juárez Ortiz

 

Alguien dijo y lo repetimos en otra entrega, que el pesimista, es un optimista informado.

El comentario viene a colación en tanto que en estas fechas se acostumbra desear a nuestros seres mas cercanos en afectos y amor, una serie de parabienes y pronósticos de salud, prosperidad, éxito y una cadena infinita de preciosidades, con las mejores intenciones del mundo.

Todas ellas llevan implícito el mayor entusiasmo y buena voluntad, todo ello en reflejo de un profundo optimismo porque así sea.

Recordemos, al respecto, que optimismo quiere decir la actitud de los que afirman la bondad fundamental del mundo, o que el conjunto del bien, supera al del mal o también se le considera a la tendencia a tomarse las cosas en su aspecto mas favorable, a confiar en el porvenir, según el Larousse Conciso Ilustrado.

Algunos dirán – y no pocos- que viendo cómo se presentan los acontecimientos respecto al deficiente poder adquisitivo de nuestra moneda; la inflación galopante que refleja que “en 12 meses, el índice de precios al consumidor casi se duplicó al pasar de 3.36 a 6.77% “; la violencia y salvajismo de los crímenes cometidos por la delincuencia; la evidente incapacidad de las autoridades competentes para resolverlos y dar con los culpables para su correspondiente sanción judicial, no como venganza colectiva de la sociedad, sino como consecuencia lógica de su proceder delictivo; la cantidad seria y muy grave de los índices de pobreza en nuestro país, sin perjuicio de la llamada, eufemísticamente, pobreza extrema ( mas bien miseria); la consecuente desnutrición que eso conlleva, de tal suerte que estamos creando a débiles mentales, como lo reflejan los estudios que se han hecho al respecto; sin perjuicio del consumo masivo de los alimentos procesados, que se compran a pasto en las tiendas de auto servicio, ya no digamos las llamadas de   “ conveniencia” ( no sé de donde salió ese nombre, pero lo mas probable es que sea la traducción literal de tiendas similares de los gringos) en donde solo se expenden puros productos con altos contenidos de azúcares, harinas procesadas, grasas, aguas de colores ( que no hidratan), con y sin gas, en fin, productos chatarra que no nutren, sino todo lo contrario, sin perjuicio de las enfermedades que propician, ya de todos conocidas.

Pero ante tan desolador panorama, no es válido desentenderse del problema, mucho menos es válido permanecer impasible o apático y menos se vale la insensibilidad ante todo ello.

Al revés, todo lo contrario. El ser humano está lleno de elementos que si bien es cierto propician conductas no deseables, también está provisto de elementos tanto naturales como culturales que le permiten entender, comprender, explicar y, en su caso, justificar los actos humanos, para también revertir los no deseados y producir aquellos aceptados por la comunidad para beneficio de los demás.

Y es a ese elemento que se llama optimismo que debemos apegarnos, que debemos adoptar, hacerlo nuestro,  para la  realización fáctica de todos nuestros sanos propósitos en aras del beneficio, satisfacción y bienestar de nuestros coetáneos, contemporáneos y también para quienes nos sucederán en la integración de nuestras comunidades, desde las rurales hasta las mas cosmopolitas.

Ergo, hay que tener confianza en nuestras capacidades para vencer las adversidades, las desventuras y las desgracias. Ya otras generaciones y otros pueblos lo han logrado y muchos en peores condiciones. No tomar todo lo negativo como natural, ni permanecer pasivos ante ello, sino con la buena voluntad, con decisión, se pueden revertir esos malos tiempos, propiciando el optimismo de los demás en cuanto se evidencien los resultados de la solidaridad, del amor y todo lo demás se da por ende. O usted, optimista lector, ¿Qué opina?

 

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