Huir o morir; desplazados de Apaxtla

 
*** Sólo piden ayuda para recoger sus cosechas y pertenecías, e irse para siempre
 
*** Llevaban años, en medio de la confrontación GU-FM
 
 
 
Apaxtla de Castrejón, Gro. 08 de Enero de 2018.- Huir o morir, fueron las dos opciones que miembros del grupo criminal “La Familia Michoacana” puso en la mesa a pobladores de San Felipe del Ocote, municipio de Apaxtla de Castrejón, en el Norte del Estado de Guerrero, pero decidieron hacerle frente y salvar a sus familias.
Desde hace poco más de 10 años, esta comunidad, ubicada en la sierra el municipio, en los límites con el municipio de Arcelia y bastión de la FM, se habían mantenido de manera neutral, y eran obligados a proveerles de alimento, agua y hospedaje a los dos grupos que se disputaban la zona.
Esta era su única manera de protegerse, en un sitio lejos de la mirada de los tres niveles de gobierno, sometidos por la delincuencia organizada, y donde las opciones no eran muchas, sólo sobrevivir.
La bomba de tiempo estalló. La más ligera rebelión de ciudadanos de San Felipe, detonó en una fuerte irrupción armada, donde cuatro personas, entre ellas una mujer resultaron gravemente heridos.
El conflicto  
Hasta hace unas semanas la carretera de terracería estaba destrozada, lo que implicaba hacer por lo menos tres horas de camino hasta la cabecera municipal, Apaxtla, para abastecerse de víveres o acudir al médico.
Después de varias solicitudes al gobierno municipal, finalmente les fue enviada una motoconformadora para rastrear la terracería, lo que incomodó a la célula criminal que mantenía a raya a las poblaciones de la zona. En respuesta, secuestraron al operador de la máquina, de nombre Moisés.
La población lo había protegido durante los trabajos, pero poco pudieron hacer contra las armas de grueso calibre y, con todo y maquinaria, la tarde el pasado jueves se lo llevaron con rumbo a Arcelia; ahora los criminales regresarían para matar a todo el pueblo, advirtieron.
Incomunicados, desarmados y sin vehículos para huir, el mismo jueves por la noche decidieron tomar las armas y proteger incluso con sus vidas a sus hijos, mujeres y ancianos.
Se desplegaron en puntos estratégicos alrededor del pueblo con armas austeras, en espera de alguna señal de ataque; a las 06:00 de la mañana llegaron, disparando desde los cerros y sembrando el terror en la comunidad. Fueron cinco horas de enfrentamiento.
La huída
Con la capacidad de respuesta mermada, con un saldo de cuatro personas heridas, contuvieron al grupo criminal, mientras se organizaba la huida.
Los pobladores relatan que en una camioneta tipo pick-up, la única que había en el pueblo, subieron a unos 30 niños, desde recién nacidos hasta de 10 años y los enviaron a Liberaltepec, la localidad más cercana. De esta forma también pudieron solicitar ayuda.
Un segundo grupo conformado por aproximadamente 40 mujeres, fue el siguiente en emprender la huida, pero esta vez caminando.
A mitad de su trayecto, fueron halladas por miembros de la policía comunitaria del Movimiento Apaxtlense Adrián Castrejón (MAAC), que iban en su auxilio ya cerca del mediodía. Relata un testigo: “cuando las encontramos, se amontonaron como borreguitos, pensando que podríamos ser de los malos y que las íbamos a matar”.
Con intervención del MAAC, los criminales se replegaron y la totalidad de la población se pudo trasladar a la cabecera municipal, donde permanecen en espera de determinar su futuro.
Futuro incierto 
A cuatro días de su desplazamiento forzado, y ya con la presencia del Ejército Mexicano, Policía Estatal y el resguardo de la Policía Comunitaria, sólo han acudido en grupos a su comunidad para sacar sus cosechas y algunas pertenencias… esta vez, para nunca regresar.
“Sólo le echamos la bendición a nuestro pueblo”, dice una mujer durante una reunión con el presidente municipal, Salvador Martínez Villalobos.
“Ya nos salvamos esta vez, ya mejor nos quedaremos por acá”, señala otra de las asistentes, quien incluso propone que el gobierno municipal destine un predio cercano a Apaxtla, donde puedan ser reubicados.
Otros, que conocen la situación en la que vive la zona, se irán a los estados vecinos de Morelos, Estado de México, a otras ciudades y hasta quienes se irán a seguir s sus hijos a los Estados Unidos, pero regresar a San Felipe del Ocote ya no es una opción.
Avanza la desolación
San Felipe del Ocote, se suma a una decena de pueblos fantasma de esa zona, entre los que destacan, Tlanipatlán de las Limas, Laguna Seca y Rincón del Vigilante, en la frontera de la Zona Norte y la Tierra Caliente de Guerrero.
Años de ausencia gubernamental, abandono institucional, marginación y pobreza, han dejado una zona desolada, tan sólo en el municipio de Apaxtla de Castrejón, 25 comunidades aproximadamente están al borde de su extinción, sólo quedan algunas parejas de ancianos, quienes se aferran a morir en sus tierras.
San Felipe se encuentra a unos 50 kilómetros de distancia de Apaxtla, la mayor parte es terracería, el primer pueblo en la Ruta, es Tlanipatlán de las Limas, donde sus habitantes corrieron con la misma suerte, y hace seis meses que las últimas familias que vivían ahí, abandonaron sus hogares.
A 40 minutos, está Liberaltepec, donde al paso del convoy de tres camionetas con policías comunitarios y una patrulla de la Policía Estatal, cierran puertas y ventanas. Nadie se asoma, ni siquiera para saber de quién se trata; en unos días esta será la última frontera entre las bandas rivales.
Al llegar a la comunidad, sobre la calle principal sólo hay costales y cajas de cartón, donde han empacado sus pocas pertenencias, recuerdos, y con toda su vida acomodada en camionetas tipo Nissan de estaquitas, se van para siempre.
Otra vez se repite la historia, como ha ocurrido en los municipios de Teloloapan, San Miguel Totolapan, Zitlala y Chilapa, el crimen organizado sigue ganando esta guerra.
Ahí se quedan sus casas, las pertenencias que nos los pueden acompañar en este viaje; los animales que fueron compañía y fuente de trabajo también se quedan a su suerte. Los perros les miran irse, tal vez sepan la razón, tal vez no, pero los despiden con ladridos.
Ahí se quedan las casas, con sus azoteas llenas de maíz, con la mazorca a medio desgranar, como si se hubiese tratado de una desaparición espontánea; queda el tecorral a medio construir, una siembra a medio cosechar.
En cuanto se retire el Ejército, la Policía Estatal y la comunitaria, la tierra ya es de la Familia Michoacana, sembrando el terror ganaron esta batalla, y ponen sus ojos en la siguiente comunidad, “y no dudo que pronto los tengamos en la cabecera municipal”, dice un policía comunitario con una voz entre cortada, oculta detrás de una máscara.
Con miles de carencias, contiene MAAC el avance de la FM
El Movimiento Apaxtlense “Adrián Castrejón”, conformado en el año 2013 como una policía comunitaria, contiene con sus múltiples carencias el avance del grupo delictivo “La Familia Michoacana.
Desafortunadamente, coinciden dos comunitarios que acompañaron a un grupo de reporteros a San Felipe del Ocote, “no podemos brindar seguridad a todas las comunidades como quisiéramos”.
Para proteger a las comunidades, como hubiese sido en este caso, enumeran; se requiere de por lo menos 600 pesos de gasolina diaria por cada vehículo, alimentación, el agua escasea, refacciones para las unidades, atención médica por cualquier lesión que les pueda ocurrir, armamento y municiones.
“No lo tenemos y nadie no los da”, señalan, por lo que esta vez sólo pudieron frenar el ataque por algunos días y una vez que ya no haya nadie a quien proteger en este pueblo, regresan a sus bases en Apaxtla.
Esta policía comunitaria, como el resto en el estado, surgió por la incapacidad gubernamental para garantizar la seguridad, cuando una ola de secuestros y asesinatos se desató en la región.
Los miembros de la comunitaria, comentan que no quisieron meterse a “la maña”, lo que también les ha costado ser víctimas.
Uno relata que en tres ocasiones ha sido “levantado”, en una de estas, tuvieron que pagar una fuerte suma de dinero para lograr su libertad, fue golpeado y torturado.
Aun así, sin el apoyo, ni el reconocimiento como policía comunitaria por parte de ninguna instancia de gobierno, han sobrevivido y esperan proteger al menos la cabecera municipal, donde también viven sus familias. (Agencia Periodística de Investigación) 
Fuente: Bernardo Torres/API

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