De la violencia… Por: Rodrigo Juárez Ortiz

 

Al margen de otras connotaciones, la violencia todos la entendemos como manera de actuar haciendo uso excesivo de la fuerza es decir, también se entiende como una acción injusta con que se ofende o perjudica a alguien, nos lo recuerda el tumbaburros.

Así mismo, es este un término que deviene en las antípodas del término paz, que a su vez no solo no debe entenderse como la ausencia de guerra, pues nos dice lo que no es y no nos dice lo que es, sino que debemos entenderla   como estado de concordia, de acuerdo entre los miembros de un grupo, así mismo como sinónimo de calma, silencio, reposo. Es la paz, pues, el anhelo y la esperanza de la humanidad entera para lograrla.

Lamentablemente, una vez mas, es el propio ser humano quien con sus pretensiones mezquinas y egoístas, abusivas y avasallantes, de dominio y de exceso de fuerza, entre otras, subsiste en su permanente intención de apoderarse de todo lo que le conviene y le interesa, arrebatándolo y quitándoselo a quien legítimamente le corresponde, y se inventa pseudo argumentos para justificar sus actitudes agresivas, oprobiosas y dominantes.

La consecuencia de ello es la respuesta de quien o quienes se sienten agraviados y responden con la misma violencia con que fueron atacados ( cuando se puede) lo cual lleva a una permanente tensión, agresiones y defensas, vamos, a un estado belicoso que impide el desarrollo de cualquier comunidad o persona, al no contar con los elementos menester para su logro elemental, cuando menos, ni sus logros plenos.

Una situación como esta la estamos viviendo en México y en muchas partes del mundo. En nuestro país, con la “guerra” ordenada por Bush a Calderón, vía el Plan Mérida en contra del crimen organizado  lo único que se ha logrado es la muerte de mas de 100 mil personas y veintitantos mil desaparecidos, mas los que se acumulen esta semana.

Al respecto es innegable el esfuerzo que nuestros “próceres” han intentado hacer para lograr la paz, solo que lamentablemente los resultados son muy magros, habida cuenta de que cotidianamente los medios nos dan cuenta de los asesinatos, cada vez con mas saña, secuestros, cobros de piso, robos de vehículos con violencia y demás salvajadas (evidenciando una falta total y absoluta de respeto y/o miedo a todo el personal uniformado o sin él, que los enfrenta), y como cerecita del pastel el robo de combustible convertido también en un gran negocio  ( con participación de comunidades enteras), aun cuando no tanto como el deleznable, execrable y siniestro delito de la trata de personas, llamado también “la esclavitud del s.XXI”

Y en el plano internacional las guerras permanentes que el “bravucón del barrio” ( EUA) sostiene en contra de diferentes países, de ideología musulmana directa o indirectamente, echando leña a la hoguera ahora con la salvajada del “pelos de elote” al cambiar su embajada a Jerusalén, considerándola entonces como capital de Israel( que los israelitas consideran suya) a sabiendas de los derechos que tienen los palestinos sobre la ciudad, por su lucha permanente para  que sea su capital, que por cierto alberga los símbolos trascendentales del cristianismo, del judaísmo y del mahometanismo.

Ahora los palestinos, una vez mas, están sometidos a la violencia ejercida en su contra, toda vez que al protestar por la arbitrariedad de tal reconocimiento, ya están siendo balaceados por las tropas israelíes cuya desigual situación está reflejada magistralmente por una foto reciente en donde aparecen no menos de 16 soldados israelíes, completamente equipados y armados, en grupo compacto, llevando prisionero, con las manos atadas y vendado de los ojos a un niño palestino. De ese tamaño es el miedo o el abuso.

No es así como se puede lograr la paz tan anhelada por la humanidad entera. Así lo entiende la Unión Europea al no pasar sus embajadas a Jerusalén. Ni en México dilatando la certificación de las policías. O usted, pacifista lector, ¿Qué opina?

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