Del respeto a la ley… Por: Rodrigo Juárez Ortiz

 

 

La actividad política en nuestro país ya está echada a andar a toda vela en su parte real ( desde hace tiempo) y en lo correspondiente, en su parte formal.

Todos los partidos políticos, así como quienes pretenden ser candidatos independientes están “velando las armas” para la contienda final que los llevará, según sus pretensiones, al triunfo electoral.

La lucha por el poder. Ni mas ni menos. Con la diferencia de que habrá algunos que lo hagan para utilizar todos los recursos a su alcance para resolver o cuando menos tratar los problemas que atañen a la gran mayoría de la población, en cambio otros lo harán únicamente para satisfacer sus necesidades personales (de todo tipo, en especial económicas), así como gozar de privilegios para sus familiares y amigos que de otra manera nunca conseguirían.

Para esto, ya se preparan los planes de trabajo que van a propalar los candidatos para ofertar a la ciudadanía y así poder obtener sus votos para allegarse al poder. Nos va a inundar la demagogia, las falsas promesas de lograr lo imposible, a cambio de tales sufragios, las cantidades estratosféricas de pecunia que algunos erogarán para la “compra” de votos, las propuestas de soluciones mágicas, que solo en sus alucinadas mentes existen para resolver problemas ancestrales y que un sexenio no bastaría ni mucho menos un trienio para su logro.

Es entonces que debemos poner la mente fría ( la política es pasión) y estar conscientes de que vivimos en un estado de derecho, entendiendo a éste como el orden coactivo de la conducta y al estado como la personificación del orden jurídico con lo cual actualizamos la ecuación estado igual derecho y admitimos la reversibilidad de la misma en el sentido de entender que derecho es igual a estado, pero no en una identidad tautológica como dice el pensamiento ingenuo (ius naturalistas) sino en una identificación progresiva, como dice la filosofía crítica, el neokantismo de la Escuela de Marburgo.

De esta guisa si entendemos, comprendemos, explicamos y, en su caso, justificamos al derecho, si entendemos que el aspecto volitivo del ser humano cuando lo exteriorizamos lo volvemos conducta y ésta se regula por normas de todo tipo, sólo el derecho, por ser coercible es el único que se cumple, no así otro tipo de normas las cuales son subjetivas y por su incumplimiento no pasa nada.

Solo que ahora resulta que la única norma susceptible de ser obedecida por la función coactiva del estado, en nuestro país no se respeta. No se aplica. No se cumple . Se hace caso omiso de que tanto gobernantes como gobernados tenemos el deber, la obligación de cumplir con la ley, ya que el derecho no es un ser, sino es un deber, atento al principio de la llamada norma fundamental hipotética, la cual es la convención de un pueblo por acatar las leyes que emanan de la ley fundamental del país que es la Constitución.

La percepción muy generalizada en nuestro pueblo, como consecuencia de las experiencias vividas y que los medios propalan, es que tanto las autoridades (con las excepciones de siempre) no cumplen con la ley y las víctimas de los delitos son re-victimizadas por las propias autoridades con actos de corrupción o de una total incapacidad para ello, cuyos causantes principales son la delincuencia organizada o no..

Es pues, de trascendental importancia que los activistas que están haciendo todo lo posible por llevar al triunfo a sus candidatas y candidatos, además de crear un programa de trabajo real, de fondo, de propuestas de verdaderas soluciones a nuestros problemas o cuando menos de dejarnos encaminados para lograrlo ( sin los retrocesos históricos lamentables que estamos padeciendo ), se aboquen  a crear conciencia entre sus miembros y simpatizantes en el respeto irrestricto a la ley, en el imperio absoluto de la ley, por parte de gobernados y gobernantes, con la obligación ineludible de estos últimos de predicar con el ejemplo. Es su deber. O usted, legalista lector, ¿Qué opina?

 

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