De Frente. Ya hay orden en Guerrero… falta paz

Por: Miguel Ángel Mata Mata.

 

1.

Convirtieron su cuerpo en pedacitos. Regaron su carne en el piso, encima de una playera. Parecía como la vendimia de carne de cerdo. ¿O res? Según el periódico El Sur, en su trágica numeraria diaria, se trata del ejecutado número 825 en lo que va del año. Un número, una estadística, otro que ha mordido el polvo.

La mañana del sábado, en Paso Limonero, una colonia ubicada entre el límite de la miseria y la opulencia del puerto, amaneció como hace muchos años: con un muerto tirado en la calle.

Lo mismo pasó el viernes en el centro del puerto, cerca de la vieja zona roja. O en Caletilla. O en Chilapa y Zitlala. En Chilpancingo matan al mediodía y frente al palacio municipal, lo mismo que seis desconocidos asaltan y dejan con el pánico en el corazón al periodista Zacarías Cervantes.

La cifra de 825 recogida por el cotidiano El Sur contrasta con la cantidad de criminales sujetos a proceso y condenados. La Fiscalía General de Guerrero, opaca, no informa. Los homicidios se han vuelto parte de nuestro paisaje y la percepción es que la impunidad, campeona, fomenta los homicidios.

2.

El tiempo ha consumido algo más que dos lustros. La alternancia de PRI a PRD fue tersa en el ámbito electoral. En la manera de gobernar y los estilos de los mandatarios perredistas, algo se descompuso. Las instituciones se debilitaron.  La sociedad se polarizó. Maniqueos y fanáticos comenzaron con el desorden.

Una frase describió la cobardía de un gobernador que renunció a su potestad del monopolio de la violencia en la entidad. A la pregunta de los reporteros: ¿por qué no combate los homicidios, ejecuciones y decapitaciones que han llegado a Guerrero?, Zeferino Torreblanca fue contundente de su condición: “Ni quiero, ni puedo, ni debo”, respondió. Y el desorden violento se alentó.

Zeferino logró orden administrativo que contrastó con el desorden y violencia en que se vio envuelta la sociedad de Guerrero y, desde entonces, aquí vivimos con el Jesús en la boca.

3.

Quemaron el Palacio Legislativo, el de gobierno y las sedes de los partidos Acción Nacional, dela Revolución Democrática y Revolucionario Institucional. A la par crecieron las nóminas confidenciales de los apellidos Aguirre y Salgado. Los bloqueos a las carreteras y la toma de empresas privadas, pusieron en riesgo la actividad turística.

¿Qué importaba? El clan gobernante, puso en manos de inexperto sobrino, Entesto Aguirre, la delicada conducción del poder ejecutivo en Guerrero, mientras el titular libó, mientras ganaba con una quintilla de ases, y bebía y bebía, mientras Ingrid y Manuel, dos huracanes juntos, hicieron ver su suerte a miles de guerrerenses.

No podía terminar de otra manera. La desaparición de 43 normalistas en Iguala, a manos de los policías de Iguala y Huitzuco, asociados con el crimen organizado, y la participación directa de quien fue alcalde de Iguala, José Luis Abarca, fue el epílogo del gobierno del desorden.

4.

Rogelio Ortega llegó para componer las cosas. Poca cosa pudo hacer. Su esposa, que se negó a ser llamada primera dama, abrió las puertas de la Casa Guerrero, residencia de los gobernadores en Chilpancingo, a un puñado de violentos militantes del Movimiento Popular Guerrerense. “Pasen. Ésta es su casa”, les dijo. Ellos entraron y saquearon. Se llevaron hasta las cajitas de Olinalá.

Tal vez, la señora ignoraba que esa agrupación se nutre de secuestradores y supuestos policías comunitarios al servicio del crimen organizado.

La escena podría ilustrar lo que fue el breve gobierno del doctor Ortega: administrar el desorden y vivir con el miedo de la violencia, que le heredaron sus correligionarios. El universitario salió con escándalos de corrupción en las secretarías de Salud y Educación.

5.

El viernes concluyeron las comparecencias de los secretarios de despacho del gobierno de Guerrero, ante los diputados locales. Dieron explicaciones detalladas del segundo informe de labores, que rindió el gobernador Héctor Astudillo, hace un par de semanas.

Allí, el secretario general de gobierno, Florencio Salazar Adame, comentó que en Guerrero se ha restablecido el orden… pero falta la paz.

No es como antes. Ya no hay bloqueos en carreteras. No hay ataques a edificios públicos. La Casa Guerrero se recuperó y el gobernador ha regresado a vivir allí. Las manifestaciones y protestas son atendidas. El aparato de gobierno funciona con los equilibrios y sin la frivolidad de otros tiempos.

El orden institucional ha vuelto. Tiene razón Don Florencio. Pero…

6.

Sacaron sus tapabocas. Salieron de sus oficinas. Se negaron a seguir trabajando. Es insoportable el olor a muerto. Los trabajadores de la Fiscalía General de Guerrero, se levantaron, entre los muertos, para negarse a trabajar por el olor penetrante.

Según la información en periódicos, se trata de más de 650 cadáveres hacinados en el Servicio Médico Forense de Chilpancingo. Las cámaras de refrigeración no sirven. Los médicos forenses trabajan con los cuerpos en los pasillos y al aire libre.

¿Es posible medir la tragedia provocada por una guerra que nació en el tiempo de la irresponsabilidad y cobardía de un gobernador? Tal vez allí, en las mesas de los médicos forenses, sea posible medirle. Los muertos, nuestros muertos, ya no caben.

El secretario de salud, Carlos de la Peña, justificó el hacinamiento con el argumento: “son cuerpos que nadie reclama y se trabaja en su identificación”.

7.

El gobernador se ha reunido con los líderes de los partidos Verde, Revolucionario Institucional y Movimiento Ciudadano. Han acordado un pacto para buscar la paz en Guerrero. Les han secundado los líderes de las distintas religiones que profesan en la entidad.

Es un aliento de esperanza y un buen mensaje. Sería contundente si fuese acompañado por el anuncio de que la Fiscalía ha comenzado a investigar y a detener a los asesinos que han convertido a Guerrero en una tierra donde hay orden en el gobierno, pero no hay paz en las calles.

¿Y los otros partidos? ¿No quieren un acuerdo por la paz? Hasta el momento ni PRD ni PAN han acudido al llamado. ¿Por qué?

 

DE LA PLAZA ÁLVAREZ,

POR LA N DE DON JUAN

 

Ha trascendido que Ernesto Rodríguez Escalona ha reunido en su favor las opiniones de todas las corrientes que confluyen en el Partido Revolucionario Institucional para ser el candidato a presidente municipal en Acapulco.

QUE hace casi tres años, cuando Julieta Fernández trabajó y tejió redes para ganar la elección como diputada federal en el distrito nueve de Acapulco, alguien se movió en la ciudad de México para quitarle candidatura y estructura electoral.

QUE a Julieta la enviaron a pelear el distrito cuatro, en donde Abelina López, del PRD, era invencible. La zona urbana del puerto era zona vedada a los priístas. Sin embargo, la señora ganó la elección contra todos los pronósticos y alguien le dijo a ese otro alguien: “Julieta te ha crecido”, cuando ese lejano alguien pretendía burlarse por la derrota que fue triunfo.

Que esa es la causa por la que ese alguien no será candidato a presidente municipal de Acapulco por el PRI. ¿Alguien identifica a ese alguien que dejará de ser alguien?

QUE el diputado Ricardo Mejía rindió su segundo informe como diputado local en el hotel Crown Plaza, éste sábado. Su partido, el Movimiento Ciudadano, insiste en buscar para él la candidatura a alcalde por el Frente Ciudadano, pero…  los perredistas insisten en que será Víctor Aguirre Alcaide.

QUE el líder nacional del PANAL ha ratificado: “Postularemos a Rubén Figueroa Smutny en Acapulco”. Plop.

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