De Frente. Acapulco como botín

Por: Miguel Ángel Mata Mata

1.

— ¿Es broma? Preguntó el reportero al enterarse de la convocatoria a una rueda de prensa.

Un señor, que ha sido funcionario en Tlapa de Comonfort, y expulsado socialmente de su lugar de origen por su adicción a la fiesta y la velocidad, anunció que lo que necesita el puerto de Acapulco es planeación y mas planeación.

— ¡Vaya! ¡Ha llegado el Mesías tlapaneco!

2.

En Acapulco existen uniones y agrupaciones que nos permiten descubrir la impresionante riqueza cultura, étnica o gastronómica que se ha establecido en la ciudad.

Existen uniones de calentanos, que hacen su fiesta vestidos de rojo en el Día de San Juan. Hay de Costa Chica que le hacen toros de petate al Señor Santiago. Hay del centro del estado, cuyo culto al mezcal y al pozole les ha hecho muy queridos. Hay de Costa Grande, de la sierra y de La Montaña.

Festejan aquí, aunque pocos lo crean, los oaxaqueños radicados en Acapulco, que muy a su estilo se reúnen cada año para trazar lazos de fraternidad y paisanaje.

Faltarían dos asociaciones con mucha presencia en el puerto: la innegable de los chilangos y, sorprendente, la de los acapulqueños.

3.

Julián López, ex funcionario de los gobiernos de Zeferino Torreblanca Galindo y Ángel Aguirre Rivero, ha sido el primero en postear: “Crece el consenso a favor de que Laura del Rocío Herrera, (esposa Aguirre Rivero) se convierta en la candidata a la presidencia municipal de Acapulco”.

Compartieron, y dijeron les gustaba el comentario, algunos adictos al clan de Ometepec. De inmediato surgió la duda:

¿Respaldan ésta propuesta quienes estuvieron encarcelados por quedarse con el dinero que sería destinado a los pobres, y fue usado por ellos en fiestas, discotecas y caros lugares, cuando el esposo de la aspirante fue gobernador?

4.

En la década de los 80, el Comité Nacional del Partido Revolucionario Institucional ordenó un estudio sociodemográfico. El interés fue conocer la cantidad real de nativos de Acapulco asentados en el puerto. La cifra sorprendió: tan solo el diez por ciento de la población tenía su ombligo enterrado en las playas.

El censo, de hace 37 años, reflejaba la realidad de una ciudad cuyo crecimiento acelerado se convirtió en una de migrantes que se establecieron aquí con sus familias.

Es por ello que, por ejemplo, en la colonia Progreso vive mucha gente de Costa Chica; en la Hogar Moderno muchos de Chilapa; en la Juan R. Escudero y Bella Vista muchos de Tierra Caliente.

De aplicarse el mismo estudio hoy en día el resultado sería el mismo, pero en sentido inverso. La causa: todos esos migrantes ya han tenido hijos e, incluso, nietos que ya son considerados nativos de Acapulco.

5.

— “Ser acapulqueño no es haber nacido aquí”, ha comentado uno de los reconocidos viejos del barrio de la Playa. Para Gil Martínez muchos sienten al puerto como suyo y han hecho grandes cosas por su economía.  Ser acapulqueño es sentirse acapulqueño”, sentencia.

Hay casos emblemáticos de migrantes que han hecho fortuna. Algunos, como el discotequero Tony Rullán, se han asentado y sus hijos han nacido en Acapulco. Otros acapulqueños que han aportado crecieron en el barrio de La Playa, como Jesús (Chuy) Rodríguez, cuyos hijos han fomentado el empleo en la zona de La Condesa. O el famoso Long Dog (Perro Largo), maestro de buceo, cuyos hijos son un prominente empresario de Acapulco y un cineasta.

Los anteriores son tan solo unos cuantos casos de acapulqueños nativos y migrantes que han aportado a la economía, al prestigio y la buena fama de Acapulco.

6.

Algunos presidentes municipales han sido traídos de otros lugares para gobernar. La anécdota es que uno de ellos, de Chilapa, llegó a la Plaza Álvarez tan solo para preguntar:

— ¿Dónde queda el palacio municipal? Cuyo edificio parecía gritarle: ¡Aquí estoy!

Como éste caso hay otros. Algunos presidentes municipales no lograron integrarse a la rica y multicultural población que ya es nativa de Acapulco, aunque el origen de sus padres esté en otro lado.

Gobiernan Acapulco, pero son mayordomos de las fiestas patronales de sus pueblos de origen a donde llevan a sus mujeres parturientas para que sus hijos nazcan allá. Cobran aquí, pero financian la fiesta del señor Santiago, al Papa Chuy o danzan en la iglesia de Quechultenango.

Han gobernado Acapulco al sabor de los pilinques, el pozole, el Bazo pero critican acremente a los ciudadanos que generosamente les abrieron sus puertas. Inclusive hay algunos por ahí que llaman a los acapulqueños los aristócratas del ceviche. ¡Vaya ingratos!

A sus pueblos de origen han llevado calles, fiestas y apoyos económicos que salen del erario de Acapulco. ¿Por qué no hacen a la inversa? Que busquen ser alcaldes por sus lugares de origen y traigan beneficios al puerto. ¿Es mucho pedir?

7.

Es el caso del señor que vino al puerto a decirnos, desde Tlapa, que ha descubierto el origen de todos los males de la ciudad. O el caso de quienes promueven la imagen de la respetable señora esposa del ex gobernador de Guerrero. ¿Doña Laura quiere, en serio, gobernar Acapulco?

A diferencia de la década de los ochenta cuando los nativos del puerto eran de un diez por ciento, hoy los nativos rebasan el 80, a pesar de que sus padres tengan el ombligo enterrado en otro lado.

¿Es broma la propuesta del señor Víctor Aguirre? ¿Es Broma lo de Doña Laura? De ninguna manera.

Es la confirmación de que Acapulco aun es visto como botín por políticos rapaces y ladrones que ejercen plenamente la sentencia de que la política es el arte de administrar bienes… en beneficio propio.

 

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