De Frente. El hoyo del paso exprés de la Autopista del Sol

 

 

Por: Miguel Ángel Mata Mata

 

Ernesto Rodríguez Escalona, secretario de turismo de Guerrero, dice que no pasa nada. Que el hoyo en el paso exprés no afectará el periodo vacacional de verano en Acapulco. Que hay un 80% de reservaciones en cuartos de hotel. Que es un hoyo. Que no pasa nada.

El secretario de comunicaciones y transportes, Gerardo Ruiz Esparza, dice que fue Tláloc, Dios de la lluvia para los mexicas. Que fue mucha lluvia. Que mucha basura. Que un terreno blando. Que se trata de un hoyo, abierto a la mitad del paso exprés, inaugurado en abril de este año, en la Autopista del Sol. Que no pasa nada, dice.

Juan Mena López y Juan Mena Romero no dicen nada. Aunque pudiesen, ya no pueden. Por ahí de las seis de la mañana cayeron a un hoyo abierto en la carretera. Aún vivos enviaron mensajes de auxilio a sus patrones. Los rescataron a las cuatro de la tarde, ya muertos. No pasó nada en ocho horas de trágica sorpresa para ellos. ¿No pasó nada?

No pasará nada, podría deducirse al volver a mirar la foto de Enrique Peña Nieto y Graco Ramírez, gobernador de Morelos, en abril del año pasado. Bromeaban, jocosos, cuando inauguraron el paso que acercó al puerto de Acapulco, a poco más de tres horas y media al valle de Anáhuac, llamado luego “deefe” y que no es sino el lugar donde viven los chilangos: chilangolandia, poderoso mercado de turistas para el puerto de Acapulco. ¿No pasará nada?

Sí pasó algo. Murieron dos personas. Padre e hijo. ¿Quién se responsabiliza de las muertes de Juan y su hijo? En este país, donde los fallecidos siempre son culpa de la inseguridad, el narcotráfico, la reforma judicial, la pobreza, ahora apareció otro culpable: un hoyo en la carretera mandado por el Dios Tláloc y los cochinos ciudadanos que tiran basura a las alcantarillas, según Ruiz Esparza.

El secretario de Comunicaciones y Transportes (SCT), culpó a las lluvias y a la basura. Dijo que el agua había reblandecido el subsuelo causando la tragedia. Dice que no pasó nada y encubre a multimillonario consorcio español, que llevó a cabo la obra, incluido el hoyo exprés, por un valor de más de dos mil cuatrocientos millones de pesos, cuando el presupuesto autorizado fue de mil millones menos. ¿No pasó nada?

La desgracia retrató a las autoridades mexicanas: Graco Ramírez, el gobernador de Morelos, estaba haciendo política en Monterrey, a 900 kilómetros de su ciudad. Para él no pasó nada.

Los vecinos y empleados municipales denunciaron, en oficio recibido por el delegado de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes en Morelos, un mes antes, del riesgo en el lugar de la tragedia. “No pasa nada”, al parecer creyeron quienes recibieron el documento y jamás hicieron algo para prevenir la tragedia.

Quién sabe por qué, pero, en México, cuando las víctimas son ciudadanos, no pasa nada. ¿Se acuerdan de los niños quemados en la guardería ABC? ¿Qué pasó? Nada. ¿Qué pasó con los 43 normalistas desaparecidos? ¿Qué pasa con los miles de desaparecidos? ¿Con los asesinados? ¿Con los desplazados por la violencia? ¿Por los que han quedado huérfanos por la estúpida supuesta guerra contra el narco? ¿Qué pasa con los gobernadores ladrones? Nada.

En otros países la vergüenza no está inscrita en ninguna ley, como aquí, pero allá renuncian de inmediato los insensatos. Hay casos de suicidio. Hasta Lula da Silva tiene vergüenza por ser corrupto. La vergüenza les acompaña. Pero, aquí, estamos en México. No hay vergüenza. No pasa nada.

Por cierto. El maxi túnel que conecta al puerto de Acapulco con el Acapulco Diamante es un hoyo. No como el de Cuernavaca, pero, a final de cuentas, es un hoyo.  ¿Nada pasará?

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