El mezcal de este guerrerense desaparecerá por culpa del crimen

 

El mesero se para a un costado de la mesa y abre la botella de mezcal con un solemne silencio. El bar La Capitana, en Ciudad Satélite, Estado de México, está de celebración por la visita de dos maestros mezcaleros originarios de Guerrero, pero también de luto por el trabajo de un tercero, ausente, que dejó de producir por las amenazas del crimen organizado.

 El legado de este maestro mezcalero yace en un par de botellas que los comensales tendrán la oportunidad de probar. “Son las últimas”, advierten los organizadores de la cata. La ola de violencia en ese estado lo orilló a tomar esa decisión, pues se negó a pagar derecho de piso y el riesgo de seguir produciendo sin el permiso de los criminales era alto.

Los dos gurús de esta bebida guerrerense lamentan que el mezcal de uno de los miembros de su comunidad -formada por 60 maestros- desaparecerá, pero prefieren hablar desde el anonimato por temor a represalias.

 Guerrero, uno de los estados más violentos en México, es la segunda entidad que más produce mezcal en el país. Está sólo detrás de Oaxaca, que acapara 83.5% del mercado.

El mezcal no solo es un negocio, aseguran los productores guerrerenses; es el patrimonio de una comunidad que ha heredado la tradición de esta bebida por generaciones.

“Me enseñaron mis papás y mis tíos, ya tiene tiempo. Llevo como 45 años (en el negocio)”, dijo.

“(Aprendimos) a través de los antiguos. Me enseñaron mis papás y mis tíos, ya tiene tiempo. Llevo como 45 años (en el negocio)”, dice uno de ellos a unos minutos de que presente su propio mezcal. La bebida que produce el maestro mezcalero genera 17 mil empleos directos y más de 70 mil indirectos en México, según el Consejo Regulador del Mezcal A.C.

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Mezcal.

La dinámica que rige a esta comunidad de mezcaleros es sencilla. Cada maestro produce su propio mezcal, con el que busca preservar la tradición en la elaboración y la calidad del producto. Luego, un consejo selecciona los mejores mezcales para que sean embotellados y comercializados. Todo con una dinámica autosustentable; ellos mismos se encargan de hacer una reforestación dependiendo de los materiales que utilizaron, como el maguey espadín, u otras especies de la planta, como el azul, ensambles, chino, cuishe, cenizo, tobalá o tepeztate.

La presencia del crimen organizado afecta a los productores por dos vías. Por un lado están las amenazas y las extorsiones de las que son víctimas; por el otro, el daño al turismo local.

“Lo que baja un poco son las ventas. Cuando nosotros exhibimos nuestro producto, lo que queremos es que nos visiten, que vean realmente lo que estamos haciendo y conozcan la producción”, dijo.

“Lo que baja un poco son las ventas. Cuando nosotros exhibimos nuestro producto, lo que queremos es que nos visiten, que vean realmente lo que estamos haciendo y conozcan la producción, la reforestación y todas las partes de la cadena; (con la violencia) bajó la visita de la gente”, explicó uno de los productores, con un vaso de su producto en mano.

La burocracia que juega en contra

Para los maestros mezcaleros, la esperanza está en la exportación. “Hemos ganado más mercados; (procuramos) no meternos con el crimen, sólo hacer mezcal e ir recuperando la tradición”, dice uno de los productores.

Sin embargo, las dificultades logísticas y burocráticas para la correcta certificación del líquido, así como los impuestos, juegan en contra de los mezcaleros.

El mercado de mezcal en México, de aproximadamente 1.9 millones de litros envasados en el 2016, tiene un valor de 908 millones de pesos. Pero los 2 millones de litros envasados que se exportan equivalen a 2,005 millones de pesos, de acuerdo con Información Sistematizada de Canales y Mercados (ISCAM).

El cruce de fronteras representa más de la mitad de las ganancias que produce la bebida, que se exporta a 52 países, entre los cuales destaca Estados Unidos (que acapara 63% de lo que se exporta), España (6%), Francia (5%), Reino Unido (5%) y Canadá (2%), de acuerdo con datos del Consejo Regulador del Mezcal A.C.

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Guerrero es la segunda entidad que más produce mezcal en México.

No obstante el tamaño de este mercado, la certificación del mezcal sólo se puede realizar en Oaxaca, por lo que para los pequeños productores representa un gran reto costear el viaje hasta esta entidad. Esta es la razón por la que los maestros mezcaleros guerrerenses piden que este tipo de trámites también se puedan realizar en su estado.

A la par está el tema de los impuestos. De acuerdo con el Consejo Regulador del Mezcal A.C., de los 367 pesos que cuesta en promedio una botella de mezcal de 750 mililitros, 120 pesos son costos de producción (sin considerar gastos por envasado, etiquetaje, embalaje y distribución), y 175 pesos son por impuestos (34 pesos por concepto de IVA; 128 por IEPS, y 13 por ISR). Tomando en cuenta esto, la ganancia son de aproximadamente 72 pesos por botella.

Hay dos maneras en las que se puede reducir esta carga tributaria, señala el Consejo Regulador del Mezcal.

La primera es buscar una “tributación justa, acorde a los procesos y la inversión en mano de obra”, algo que se encuentra entre sus planes para el 2018, y con lo cual ven más factible conservar la calidad y tradición del mezcal. La segunda es mediante la introducción de prácticas modernas y nuevas tecnologías. Sin embargo, cuando se trata del mezcal esto no es factible por una razón fundamental: “no necesariamente generan productos de calidad”, advierte la asociación civil.

“No sé qué pasa; todos (en la comunidad) hacemos el mezcal de la misma manera, pero hay algo que hace que el sabor al final sea diferente”, dijo.

La calidad y el sabor es de gran importancia para los productores. “No sé qué pasa; todos (en la comunidad) hacemos el mezcal de la misma manera, pero hay algo que hace que el sabor al final sea diferente”, expresó uno de los productores al hablar sobre su mezcal frente a los comensales.

El mesero finalmente abre una de las últimas dos botellas, con las que el maestro mezcalero anónimo se despide esa noche. La artesanía se percibe en el aroma que, de sólo respirar, va a parar de algún modo a la garganta, y en el sabor, que sorpresivamente da lugar a un halo mentolado en el paladar. Es ése algo.

 

Fuente: The Huffington Post

 

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