El efecto electoral de la captura de Duarte

 

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El efecto electoral de la captura

La captura del exgobernador de Veracruz Javier Duarte ha tenido múltiples lecturas. Una de estas interpretaciones sugiere que el evento no es más que una estrategia electoral. Así lo ha indicado un importante número de analistas. Argumentan que, ante el temor de perder alguna de las tres gubernaturas (Nayarit, Coahuila o el Estado de México) o algún municipio importante de Veracruz, el gobierno federal hoy encabezado por el PRI está haciendo control de daños

Sugieren que la captura de Duarte será utilizada como una estrategia electoral para el gobierno, específicamente en su desempeño en el combate a la corrupción: “Es por tanto lógica la hipótesis de que la detención de Duarte fue negociada y pensada para favorecer electoralmente al PRI”, (Reforma, 19/04). Dos de cada 10 columnas desarrollan la hipótesis de la estrategia ante las elecciones de junio (22.5 por ciento). Es decir, el arresto de Duarte provocó escepticismo en algunos círculos de opinión.

La corrupción no se puede excluir de la agenda electoral. Con una acción de esta naturaleza lo que se mejora es el tema de impunidad, pero no el de corrupción. Ambos temas son un agravio para el elector, pero juntos se magnifican. De hecho el tema de la corrupción ya es parte cotidiana de las campañas. Un buen ejemplo de ello es el papel que juegan hoy a nivel argumentativo en el Estado de México.

Parametría cuantifica y analiza diariamente las columnas publicadas en siete periódicos nacionales (MILENIO, Excélsior, La Jornada, Reforma, El Universal, El Financiero y La Razón). Se observa que la detención del exgobernador de Veracruz, ocurrida el sábado 15 durante la tarde, comenzó a ser comentado desde el lunes 17 con 37.2 por ciento de cobertura. El martes 18 este tema alcanzó su impacto más alto hasta ahora: cuatro de cada 10 columnas publicadas hablaron sobre Javier Duarte (40 por ciento). El miércoles 19 la relevancia del tema disminuyó 1.6 puntos (38.4 por ciento) y el jueves 20 obtuvo 26 por ciento.

El enfoque mayoritario que los artículos le otorgan al tema es que este es el mayor caso de corrupción que ha habido en México, donde no solo involucra al exgobernador de Veracruz, sino también a muchos funcionarios y políticos (35.6 por ciento): “No es un caso aislado de la vida pública mexicana. Es solo el exceso personificado de la impunidad que desborda un todo, un sistema institucional de repartir dinero público sin vigilarlo”, (MILENIO, 18/04).

Por otra parte, algunos columnistas opinan que Javier Duarte es parte de una generación de políticos, en especial exgobernadores del PRI, acusados o involucrados en casos de corrupción (16.9 por ciento): “El ocaso de la generación de jóvenes gobernadores”, (La Jornada, 18/04). Otro porcentaje de columnas analizadas sugieren que el arresto del ex gobernador es un gran logro para el gobierno de Enrique Peña Nieto y que de ninguna manera este hecho tiene fines electorales (14.6 por ciento).

Con menos frecuencia en los artículos de opinión se observa la descripción del modus operandi de la detención en Guatemala (9 por ciento). Algunas columnas desarrollan la hipótesis de que la captura fue pactada y que Duarte se entregó a las autoridades (3.4 por ciento): “¿Fue negociada la entrega del personaje que durante años aseguraba contar con la mayor benevolencia de Los Pinos, con una amistad a prueba de todo?”, (La Jornada, 18/04). Y por último se ha hablado de la gran labor que desarrolló la PGR, específicamente Raúl Cervantes y su posible llegada al cargo de fiscal general (1 por ciento).

Si bien no es el tratamiento más importante, la captura como estrategia electoral está en casi una cuarta parte de las columnas dedicadas al tema Duarte. El problema es que en el fondo es un argumento especulativo carente de evidencias. No hay prueba clara o contundente de que este hecho vaya a favorecer al PRI, ya sea en lo nacional o en lo local.

Hechos similares no muestran que haya habido un efecto electoral. Ejemplos de ello es la captura de “El Chapo” o el procesamiento del exgobernador de Sonora Guillermo Padrés. Si observamos el efecto sobre la preferencia electoral es nulo. Es cierto que este es un caso de un priista prófugo por más de 185 días, por ello se esperaría un mayor impacto, pero no parece haber referente que lo sustente.

En todo caso se puede generar un “efecto burbuja”. Es decir que haya un impacto temporal en las preferencias. Pero este, por definición, al igual que sube está destinado a bajar. A casi mes y medio de la elección no parece el momento más oportuno.

Una razón adicional es la máxima de Tipp O’Neil: “Toda la política es local”. Los ciudadanos de Nayarit, Coahuila o el Estado de México están más preocupados por la inseguridad, el transporte o cualquier otro servicio público como el agua, o incluso la situación económica local.

En todo caso se puede argumentar que algunas campañas harán de este evento un tema, pero eso dependerá de la estrategia y del desarrollo de las propias campañas. No del hecho en sí mismo. Queda un mes y medio para el desarrollo de los comicios locales en cuatro estados del país: la corrupción para muchas será un tema fundamental. La captura del ex gobernador Duarte puede jugar un papel importante, pero son las campañas las que lo tienen que convertir en eso. Por ello se puede argumentar que el “efecto electoral Duarte” en sí mismo no existe o por lo menos no para favorecer al PRI.

Fuentes:

Parametría: Análisis de columnas de opinión, desde sábado 15 a jueves 20 de abril de 2017 en siete periódicos nacionales: Milenio, La Jornada, Reforma, Excélsior, El Universal, El Financiero y La Razón. Total: 382 columnas.

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