Bajo Fuego: La contienda por Acapulco

 

La contienda por Acapulco

 

 

   José Antonio Rivera Rosales

 

   Aunque ante la ciudadanía se muestran desinteresados, en los hechos los partidos políticos mayoritarios velan armas para lanzar sus prospectos en apariencia mejor posicionados ante el mercado electoral.

Sin embargo, las dirigencias partidarias se habrán de topar con algunas sorpresas durante el proceso de selección de candidatos para contender por la joya de la corona, que es el municipio de Acapulco, por ahora en manos del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en la persona de Evodio Velázquez Aguirre.

En principio, la correlación de fuerzas varió considerablemente desde el arribo de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, lo que modificó brutalmente el panorama económico y electoral de México.

Antes de eso, empero, la pésima gestión del presidente Enrique Peña Nieto con sus reformas estructurales -especialmente por el derrotero que sufrió la Reforma Energética- fue a dar al traste con el escaso capital político que aún la quedaba al partido en el poder.

A estas alturas, la gran mayoría de los mexicanos perciben que el PRI, el PAN y el PRD en realidad son parte del mismo proyecto neoliberal que ha hundido en la pobreza a una gran masa de mexicanos.

Así las cosas, la posibilidad de reconquistar un mercado electoral mexicano caracterizado por emociones que van del desencanto a la frustración, pasando por la ira, la indignación y el hartazgo de un amplio segmento de los sectores populares, se antoja una tarea formidable. De todos modos, los partidos velan armas.

En Guerrero, los partidos puntero han exhibido a sus pretensos con el fin de sondear su presencia entre la población, lo que en mayor o menor medida les ha dado resultados, pero no en la forma que las dirigencias partidarias esperaban.

En el Revolucionario Institucional, cuyo dirigente Heriberto Huicochea Vázquez forma parte del grupo político del ahora poderoso subsecretario de Gobernación, René Juárez Cisneros, se percibe una abierta confrontación interna en la que los aspirantes, como en un tianguis, buscan afanosamente obtener la bendición de los hombres del poder. Claro que  sólo uno será el favorecido.

Julieta Fernández, Ricardo Taja y Fermín Alvarado hacen los movimientos necesarios para resultar investidos con la candidatura, pero al menos los dos primeros están lejos de la bendición que los pudiera beneficiar como candidatos formales dada su pertenencia al grupo añorvista, repudiado por el presidente Peña Nieto.

 

Para sorpresa de todos, desde el anonimato de la operación política gubernamental surgirá César Flores Maldonado, como carta fuerte del gobernador Héctor Astudillo, para representar a su partido en la justa por la alcaldía de Acapulco, propuesta que con seguridad será bien vista por el grupo juarista que tiene el control de la dirigencia estatal en el PRI de Guerrero.

Flores Maldonado es un político astuto, con un amplio bagaje de trucos y sorpresas en la bolsa que, de resultar investido como candidato, con seguridad ofrecerá una fuerte pelea por la alcaldía en las estratégicas elecciones de 2018.

En el PRD la puja interna será de pronóstico dado el interés manifiesto del joven alcalde Evodio Velázquez de repetir en el cargo, proyecto para el cual tiene el tiempo en su contra. En caso de postularse, Evodio cuenta sólo con ocho meses efectivos para construir la obra pública necesaria que le permita proyectarse como un alcalde exitoso ante la ciudadanía acapulqueña. El joven político de izquierda deberá presentar su renuncia al cargo en marzo de 2018.

Otro aspecto importante es que, con seguridad, habrá otros pretensos que dentro del PRD buscarán la candidatura a la presidencia municipal, lo que le podría restar activos políticos aún en caso de lograr la postulación.

En Movimiento Ciudadano el candidato natural para la alcaldía es el actual diputado Ricardo Mejía Berdeja, un legislador que ha marcado la agenda del Congreso al impulsar una toma de postura en temas como el combate a la violencia, combate a la impunidad y la eliminación del fuero de los cargos de elección popular que cobija -dice con toda razón- la comisión de ilícitos. Ese poderoso discurso, que se hermana con las aspiraciones de los sectores populares, podría abrirle el espacio para competir con éxito por la alcaldía.

El Movimiento Regeneración Nacional del presidenciable López Obrador tiene muy bien guardadas sus cartas, pero se ha filtrado que, por la vía de los consensos internos, postulará a un candidato ciudadano con una trayectoria irreprochable que, además, se beneficiaría de la diáspora que se está produciendo en el PRD, como en otros institutos menores, para consolidar un verdadero proyecto político de izquierda.

Otros aspirantes se presentan como independientes ante la ciudadanía, pero distan mucho de contar con proyecto político, infraestructura electoral, discurso, empatía y seriedad. Es el caso del joven empresario Joaquín Badillo, un aspirante imberbe que busca el aplauso fácil y la pose mediática. Este tipo de aspirantes sólo meten ruido y roban votos  a un proceso político electoral que se aprecia crucial para el futuro tanto de Acapulco como del estado de Guerrero.

El caballo negro de este juego de ajedrez probablemente será Rubén Figueroa Smutny, un joven político que desde hace tiempo construyó su propia estructura político-electoral, cuenta con consensos entre los sectores populares, así como cuenta con un proyecto político para Acapulco. Si Figueroa decide participar, como parece que lo hará, pudiera ser el fiel de la balanza entre los candidatos formales a la presidencia municipal de Acapulco.

Con todo, lo único cierto aquí es que la población -que se ha visto sometida a múltiples sufrimientos derivados de la violencia y el colapso económico- se jugará su futuro en la justa electoral de 2018, tal como se decidirá por un proyecto de nación en los comicios presidenciales de ese año. Hagan sus apuestas, señores.

 

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