De Frente. El activismo de los ex gobernadores de Guerrero

 

 

Por Miguel Ángel Mata Mata.

 

A Rubén Figueroa Alcocer, jefe de la dinastía de la Revolución Mexicana,  nieto de quienes hicieron la Revolución del Sur y apoyaron lo mismo a Francisco I. Madero como a Álvaro Obregón, pero pelearon contra Emiliano Zapata,  le han dado por arrinconado en la coyuntura política doméstica de Guerrero. Puede que sí. Aunque puede que no.

La historia de asonadas, defecciones o caída de gobernadores  no es nueva en Guerrero. Por lo contrario. Hubo un periodo que rompió con esa “jettatura” guerrerense: el periodo de dieciocho años en que los gobernadores Rubén Figueroa Figueroa, Alejandro Cervantes Delgado y José Francisco Ruiz Massieu gobernaron con sobresaltos, pero culminaron su respectivo periodo.

Esa relativa calma política culminó luego de la matanza de Aguas Blancas, cuyo perverso origen se pierde entre las intrigas y los escritorios de Bucareli y la presidencia municipal de Atoyac de Álvarez. Esa trama redactada con rencor convertiría en gobernador al hijo político de Cervantes Delgado,  Ángel Heladio Aguirre Rivero.

Luego de la defección de Rubén Figueroa Alcocer el PRI se enteró que no habría ya hegemonía de la mano de los cachorros de la Revolución del Sur. René Juárez Cisneros habría llegado tan solo para perder las elecciones en Acapulco, en Guerrero y la mayoría en el Congreso Local. No sería lo mismo.

Sin embargo, la llegada de Carlos (Zeferino Torreblanca) Galindo al poder ejecutivo de Guerrero pronto acabó con las expectativas de quienes creyeron que el PRI sería expulsado del poder. Su ignorancia histórica y política, acerca del estado de Guerrero cuyas sacudidas violentas dejaron una historia de sangre y defecciones de gobernadores, le impidió hacer un buen gobierno.

Por ejemplo, Torreblanca desconocía que Pantaleón Añorve, abuelo de Manuel Añorve Baños, fue jefe zapatista en la región de Costa Chica y por tanto enemigo del clan Figueroa. Tampoco supo que en Costa Grande las tropas de Silvestre G. Mariscal también perseguían a Zapata y a sus seguidores.

Don Carlos Galindo, como le llama actualmente su padre luego que le acusó de haberle despojado de su fortuna, veía el mundo a través de la relación que tuvo su progenitor como recaudador de rentas durante el gobierno de Israel Nogueda Otero,  defeccionado por una acusación de fraude por los terrenos donde actualmente existe la Unidad Habitacional El Coloso.

La administración del señor Carlos (Zeferino Torreblanca) Galindo fue de homicidios de periodistas, activistas civiles, diputados locales y del narcotráfico del norte del país, quienes se apropiaron del estado de Guerrero. Una frase describe a la perfección lo que fue ese gobierno: “Ni quiero, ni puedo ni debo”, decía cuando se le preguntaba por qué no movía un dedo ante el baño de sangre que vivió la entidad a manos el crimen organizado.

La llega de Ángel Heladio Aguirre Rivero, via electoral, al gobierno, fue la continuación de lo que hizo el señor Galindo: dejar hacer y dejar pasar a los del crimen organizado mientras sus allegados, los empresarios apellidados Hugues, de la mano de un hermano del gobernador, se hincharon los bolsillos con dinero destinado a los pobres de Guerrero.

No fue la corrupción la causa de la defección de “papalayo”, como le dicen los adictos a sus favores económicos. Fue culpa de los naipes, el alcohol y se dice que algunas otras cosas, las que le impidieron tomar decisiones inmediatas por la matanza y desaparición de los 43 normalistas en Iguala, donde gobernaba una pareja encerrada por ser culpables de ese hecho deleznable.

EL ACTIVISMO

Éstos políticos creen que el pueblo no tiene memoria. Imaginan que gobernaron a ciudadanos estúpidos y corruptos. Tienen la certeza de que una sonrisa, una palmada y una promesa servirán para olvidar agravios.

Durante las dos primeras semanas de octubre han vuelto al activismo político los ex gobernadores. Salvo René Juárez Cisneros, a quien han encomendado una actividad institucional, los ex gobernadores han dado el balazo de inicio a su carrera por el poder político de una entidad cuyos ingresos al erario corresponden en un 98% a donativos que nos hace el gobierno federal y dos por ciento a recaudaciones propias

Habrá que anotarlo: la actividad económica paralela y clandestina de Guerrero, constituida por la amapola y el secuestro, deja miles de millones de dólares.

  • Rubén Figueroa Smutny, de la dinastía política de la Revolución del Sur, se ha ubicado en el grupo que respalda la reelección del actual presidente municipal de Acapulco, Evodio Velázquez Aguirre, quien ya hace campaña en la zona rural.
  • Ángel Aguirre Herrera, no pertenece a dinastía alguna. El poder de la familia Aguirre nació en el sexenio de Alejandro Cervantes Delgado, cuando Layo fue convertido en Secretario de Gobierno, a pesar de su corta edad. Su gris presencia y mala fama como diputado holgazán evitaron su crecimiento a pesar de presentaciones públicas. Fue necesaria la presencia de su padre, el ex gobernador Aguirre Rivero, para dar a conocer que los aguirristas, incluido el senador Sofío Ramírez, se van, igual que los Figueroa, por el lado del Partido de la Revolución Democrática.
  • Carlos (Zeferino Torreblanca) Galindo, sin prosapia histórica y a quien su padre a quitado el nombre del abuelo, Zeferino, para dejarlo en un seco Carlos Galindo, ha faltado a su palabra. Cuando gobernaba decía que jamás volvería a hacer política. Compitió en la pasada elección por la presidencia municipal de Acapulco y perdió. Pero, necio como él es, ha comenzado con reuniones informativas en el mismo lugar de la Plaza Álvarez donde sus adictos le prenden incienso y mirra pues le consideran un Dios de la política. Ya quiere volver al maneo del erario.
  • Al general Raúl Caballero Aburto se le atribuyen dos hechos trágicos en Guerrero. Parecidos al de aguas Blancas y al de Iguala. Cuando Lucio Cabañas protestaba en la plaza de Atoyac de Álvarez porque estaba en desacuerdo con el pago de cuotas escolares fue el general quien ordenó la represión. También se le culpa de la matanza de estudiantes en Chilpancingo, cuando se exigía la autonomía de lo que hoy conocemos como la Universidad Autónoma de Guerrero. ¿Por qué lo invocamos? Sencillamente porque otro actor político, sobrino del general, anda en campaña. Luis Walton Aburto va en caballo de hacienda en su partido, el del Movimiento Ciudadano.

EL MINISTRO DEL ODIO

A Donato Miranda Fonseca, quien fue secretario de la Presidencia, le impusieron el mote de El Ministro del Odio. Oriundo de Chilapa escaló peldaños e influencia en el nivel  central. Jamás fue gobernador pero, desde allá, influía en la caída de ellos. Por eso el mote. Porque desde el centro del país se tejen, muchas veces, los destinos de los políticos de un estado rico en amapola y secuestros pero empobrecido en le recaudación de impuestos.

René Juárez Cisneros, del grupo político de José Francisco Ruiz Massieu y por tanto de Carlos Salinas de Gortari, ya es el subsecretario de gobernación, cargo considerado el segundo de la poderosa Secretaría de Gobernación y cuyo titular, Miguel Ángel Osorio Chong, podría dejarle su lugar al buscar la candidatura a la Presidencia de México.

René Juárez tiene en sus manos la gran oportunidad de darle un giro histórico a  la política en Guerrero y evitar que sean las luchas entre clanes las que mantengan a nuestra entidad como lo que alguna vez definió José Francisco Ruiz, en el cabús del desarrollo.

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